Túnez protagonizó otra de las grandes sorpresas de este Mundial, al someter a la campeona del mundo, Francia que, si bien alineó con una formación secundaria, era en talento, futbol y linaje en las principales ligas europeas muy superior a los norafricanos.
Por supuesto que no hubo subestimación gala de su adversario, solo que su ya segura clasificación le permitía refrescar a su división élite, la cual había mostrado un balompié total y arrollador.
En cambio, los tunecinos sí asumieron el duelo con la exigencia requerida el partido, en el que únicamente les servía la victoria. A eso fueron, con un juego incisivos de mucho sacrificio para tener la pelota y con una clara vocación ofensiva que cristalizó en el gol de Wahbi Khazri, su hombre leyenda.
Francia quiso salvar su pedigrí, y entre el minuto 64 y el 78, ingresó al césped a sus rangers: Mbabe, Rabiot, Griezmann y Dembele.
Los franceses quisieron apretar, pero Túnez, que lo había hecho bien ante los suplentes, lo hizo todavía con más clase ante los titulares galos: continuaron aplicados en defensa y con seguridad en el medio campo, y sostuvieron la ventaja, aunque ya no tuvieron tanta presencia en el área de ataque.
Es la primera vez que la reina de la pasada edición deja duda en el campo, pues se vio superada, lo mismo con sus hombres de segunda que con los de vanguardia.
A Túnez, sin embargo, el triunfo no le propició el avance a octavos de final, porque Australia venció a Dinamarca, en lo que es la mayor sorpresa del mundial. Primero, porque ganan los de la isla continente, y segundo, porque nadie vio a los canguros dando un salto tan alto hasta la siguiente fase.
Túnez deja el Mundial y lo hace con una imagen que la principal competición de este deporte agradece, porque no hay un once invencible si un equipo está convencido de que el gol no es privilegio de los grandes.








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