ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
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Foto: FIFA

Por lo general, en una competencia deportiva gana el mejor o el que presenta un equipo superior. Pero no siempre sucede así, porque se puede ser el más capaz, el de plantilla de más resultados, mas el esfuerzo del más modesto oponente, pasando por una buena preparación, quizá haga revertir los más avezados pronósticos.

El fútbol, además, tiene una espada de Damocles sobre el desenlace del partido, Una escuadra pudiera estar dominando en 89 de los 90 minutos, haber lanzado más de 30 disparos a puerta, de ellos más de la mitad entre los tres palos de la portería, y en un minuto cometer un error, o que en ese breve espacio a un adversario le brote una genialidad, y perder el juego.

Entonces, hasta los más encumbrados futbolistas o técnicos buscan en otras dimensiones, más allá de sus cualidades y conocimientos, asirse al resultado positivo. A eso llaman cábalas, manías o simplemente supersticiones. Este deporte vive preñado de ellas, algunas excéntricas y otras paranormales.

Uno de esos rituales, en la selección francesa de 1998, tuvo de protagonistas a dos de sus jugadores, Laurent Blanc y el portero Fabien Barthez. Antes del inicio de cada duelo, Blanc besaba la cabeza del guardameta, lo cual llamó mucho la atención, por el gesto, y porque el cancerbero no tenía un solo pelo. Francia ganó la Copa del Mundo de ese año, presenciando la escena, y el propio presidente galo, entonces Jacques Chirac, en la celebración del título, le plantó un beso a Barthez en su despoblada cabeza.

El italiano Roberto Mancini tenía una verdadera fobia a la sal, ni comiendo se le podía alcanzar el pote, había que empujarlo como pieza de ajedrez para que él lo tomara. Sin embargo, un coterráneo suyo, expresidente del club ac Pisa, Romeo Anconetani, lanzaba sal al campo antes de cada encuentro. Si era un partido difícil, necesitaba más de lo normal.

A otros, las cábalas o manías les han jugado malas pasadas. Winfried Schafer, entrenador de Camerún en la Copa África de 2002, fue arrestado junto a su asistente, Thomas N’Kono, por intentar un encantamiento vudú en el terreno, antes del choque. En el propio torneo, el portero senegalés, Tony Sylva, fue acusado de contratar a un brujo que le dio un ungüento especial para frotar los postes de su portería. Sylva estuvo 448 minutos sin que le anotaran gol.

En Colombia, el portero de Atlético Nacional, René Higuita, quería mejor suerte para su once, y se fue a ver a una adivina. Ella le aconsejó que el equipo debía usar cinturones y calzoncillos azules. Así lo hizo y ganaron la Copa Libertadores.

Uno de los mejores jugadores del mundo, el portugués Cristiano Ronaldo, es estricto con los hábitos que realiza antes de cada partido. Pero el más sugerente es el que hace después de los primeros 45 minutos. En el descanso se cambia el peinado.

Hay muchísima otras, pero cerremos con el argentino Sergio Goycochea. Llegó al Mundial de Italia-90 de suplente, pero Nery Pumpido se lesionó, y asumió la portería. En cuartos de final, frente a Yugoslavia, que exigió hasta la tanda de los penales, justo antes de empezar la serie de disparos, le dieron ganas de orinar, y sus compañeros lo rodearon. En el propio terreno resolvió el problema. Después detuvo dos penales y su equipo avanzó.

En semifinales, Italia obligó al alargue y volver a los penaltis para decidir, pero Goycochea no tenía necesidad de orinar. Sin embargo, el dt Carlos Bilardo, un creyente de cábalas, dentro y fuera del campo, le dijo que lo hiciera. Sus coequiperos lo cubrieron, y hasta ahí llegó Italia, pues el gaucho paró otros dos penales.

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