ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
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Foto: FIFA

Arabia Saudita es la noticia, es la gran sorpresa de la Copa Mundial de Catar-2022, la que hizo trizas las bolas de cristal y las profecías precontienda. El once saudí hizo pequeño a un grande del fútbol, a una doble campeona del orbe. Argentina y América toda, que se levantó temprano para ver al astro Lionel Messi en su último torneo mundialista, no lo creen. Incrédulo ha quedado el mundo, ante la verdad de una marea verde llena de convicciones que puso marcador definitivo de 2-1

Dos goles en cinco minutos, al 48´ y al 53´, dejaron a Argentina sin aliento y sin futbol. Saleh Al-Shehri, primero, ganándole el duelo a Ricardo Romero, para concretar con certera definición, y luego lo que hasta ahora es el mejor gol del Mundial, una joya al ángulo de los 90, de Salem Al-Dawsari, fueron el combustible que hizo explotar la primera gran sorpresa de la lid. Como so fuera apoco es tambi´ñen la primera remontada del certamen, pues el primer tiempo concluyó por 1-0, con gol de Lionel Messi desde el punto de penal, cuando ya nadie se acordaba de una falta sin balón, que ocurrió dos jugadas ante a la que se producía.

A partir de ese momento comenzó a sufrir la selección albiceleste, los pronósticos y hasta el futbol, que esperaba de la plantilla sudamericana, plagada de jugadores de las mejores ligas europeas,  un vuelco total sobre la cancha. Incluso, aunque atónito, el planeta del balompié, esperaba esa reacción ante un elenco cuyos jugadores no habitan en ninguno de los circuitos mediáticos del balón.

Pero los que si tenían bien claro el objetivo eran, precisamente, los futbolistas saudí, quienes sellaron la mayor sorpresa en lo que va de mundial, y difícilmente se dé una más grande que esta, por la entrega sin límite en la cancha. Es cierto que los goles se gritan, van a los titulares, máxime si son dos obras como las que bordaron Al-Shehri y Al-Dawsari, sin embargo, este es un juego de once, y la marea verde lo cumplió al pie de la letra.

Tan heroes como los goleadores lo son el número 12, Saud Abdulhamid; el 17, Hassan Al-Tambaki; y el 9, Firas Albrikan. Los dos primeros, emplantillados en el planteo táctico como defensores, uno por la derecha, y el otro por el centro; y el tercero, un lateral diestro. Pero lo significativo no son sus posiciones, sino que este trío aparecía en cualquier segmento de la cancha, le sacaba pelotas de los pies, lo mismo al genio de Messi, que al abolengo de Ángel Di Maria. Ellos frustraron todas las posibles posibilidades de goles de sus rivales.

Párrafo aparte para el portero Mohammed Al Owais, quien voló, se estiró, paró y le puso cara a un conjunto de piernas contratadas por millones en los principales escenarios del balompié.

Mucho coraje, garra, rigor físico, decisión se impusieron. Así ganó Arabia Saudita a la selección más pronosticada como campeona para esta Copa del Mundo, la misma que hasta hoy eslabonó una cadena de 36 partidos sin perder, en los cuales, además, nunca estuvo debajo en el marcador. Los sauditas no le permitieron a Argentina igualar la racha ganadora más larga de un conjunto nacional, que sigue en poder de Italia, con 37, pero, además, podrían haberle aguado la fiesta del partido mil del legendario Lio Messi, si este resultado compromete la presencia de ese plantel en la final, en el cual el rosarino llegaría a la milenaria cifra.

¿Pudo Argentina revertir el 2-1?. Claro que sí, pero si no lo hizo fue porque esos nombres, que desde el anonimato hoy se vuelven virales, fueron los protagonistas de la hazaña, y porque no pudieron con su historia ante el golpe de las dos dianas abriendo el segundo parcial del encuentro, pues tal parecía que la albiceleste se quedó en el vestuario después del descanso, y salió otro grupo al terreno para el complementario

En otras palabras, se vio un elenco huérfano de ideas, con un ataque desordenado, sin que su director técnico, utilizara, ya al final del duelo, cuando vienen —como ha pasado hasta ahora casi un cuarto de un tiempo de 45 minutos— lo largos descuentos, a un revulsivo como Paolo Dibala o Ángel Correa, que podían sustituir a Di María, de gran desgaste físico y, como siempre, de un altruismo a toda prueba sobre la cancha, pero ya sin físico para ir llegar los balones en profundidad, que en más de una ocasión se fueron al vacio.

Otra no puede ser la explicación, pues si alguien ve el compendio del partido sin que le muestren el marcador final, diría que ganó el equipo que hizo 15 disparos y no el que realizó tres; el que tuvo seis tiros entre los tres palos y no el de tres; el de la posesión de un 70 & de la pelota y no el de 30 %; el de 595 pases y no el de 265; el que tuvo una precisión de esos toques de 85 % y no el de 67 %, o el que le pitaron diez fuera de juegos y no el que le silbaron solo uno. Pero esto es futbol no estadística. Es convertir en realidad lo que se hace en la cancha, no vestir las hojas de cálculos y, sobre todo, es más convicción que apariencia.

¿Fue el derrumbe de un símbolo? No lo creo, queda Mundial y solo los grandes se levantan, y los argentinos son futbolistas gigantes, lo que sí puede afirmarse que Arabia Saudita madrugó, literalmente, desde la cinco de la mañana en el continente americano a Messi y a su nobiliaria corte del futbol.

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