ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Si a la gente aquí le diera igual una u otra cosa, si los espirituanos fuesen indiferentes, impasibles ante la cosecha de lo mismo que con sus manos, consagración e inteligencia han sembrado, el céntrico parque Serafín Sánchez Valdivia no hubiera retumbado de júbilo, a ritmo de cencerro y tumbadora, la misma noche en que, mediante el noticiero de la televisión, toda Cuba y buena parte del mundo supieron que la celebración del Día de la Rebeldía Nacional sería en la tierra del Yayabo.

Siguiendo hilos de la anterior afirmación, tampoco hubiera comenzado a respirarse en distintos puntos, espacios públicos, entornos laborales y hasta hogareños ese despunte «medio ambiental» de 26 que tampoco faltó aquí mismo en 1986 y en 2016, cuando en el Buró Político del Partido hubo igual consenso a la hora de decidir.

Si empresas, entidades, organizaciones e instituciones llenaron hace poco el teatro universitario de Ciencias Médicas para adelantar parte de lo que harán desde ahora hasta el 26 de este mes que inicia, es porque más allá de la convocatoria, o a la par de ella, hay motivación.

Con el perdón de apáticos, pálidos o escépticos, tengo que decirlo: nunca fue indiferente, a nada, una tierra cuya noble gente de algún divino lugar siempre ha sabido sacar el extra anímico para saltar lo que el componente material pudiera dejar corto.

Por eso algunos empiezan a pintar muros y paredes, a colgar por aquí y por allá su banderita tri (la nacional) y bicolor (del 26).

Y a pesar de agónicos problemas con el agua el hospital está limpio, y no abundan por doquier montañas de desechos sólidos, y la ruta local número 6 dobla allá abajo, en la mismísima punta del dedo gordo del pie del barrio Jesús María, y uno se sigue recondenando el hígado por culpa de precios a prueba coronaria, pero cada quien busca el modo de resolver o atenuar el problema y de seguir echando pa´lante o como convocó Serafín: continuar la marcha.

Sin duda, por eso a tanta gente le gusta «venir a Santilé».  Y también por eso debe ser que este 20 de junio, en dos ocasiones (áreas para el autoabastecimiento de la Fábrica de cemento Siguaney y resumen de la visita gubernamental a Sancti Spíritus) Manuel Marrero Cruz expresó alegría por la posibilidad de «compartir aquí esta merecida celebración».

Puedo parecer romántico, muy teórico, excesivamente optimista, pero si los espirituanos fuesen indiferentes ante su propio entorno, ante lo que acontece, el recién festejado aniversario 510 de sus dos villas coloniales (la Santísima Trinidad y el Espíritu Santo) no habría pasado de ser una celebración «local», y, con toda seguridad, la máxima dirección del país hubiera decidido poner el tren de aterrizaje de este 26 en otra pista provincial.

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