La seriedad, la dignidad y la vergüenza vuelven a destrozar el oportunismo, la desfachatez y la vileza del andamiaje del negocio de la guerra contra Cuba, que sin escrúpulos ni límites en medio de los peligros y desafíos del huracán Melissa, trató de fabricar un show con las carencias, dificultades y necesidades que provocan a los cubanos el bloqueo que es condenado mundialmente en el día de hoy en la ONU.
Ciberterroristas que desde Miami exhortan habitualmente a la invasión militar y al estrangulamiento económico de los cubanos, fueron convertidos por Melissa y Marco Rubio en falsos meteorólogos para captar la atención, pescar seguidores y envenenar.
Mercenarios del humorismo miamense fueron utilizados para desde el irrespeto y la burla, reirse de los sufrimientos del pueblo, dar noticias falsas de muertos, desaparecidos y de los medios de transporte utilizados para la evacuación.
Apatridas, adinerados de la canción y otros payasos que cobran en las nóminas de la mafia batistiana, acudieron a métodos terroristas para incitar a tomar hoteles por la fuerza o a secuestrar turistas o a sembrar pánico en la población.
Los vientos huracanados de la subversión y del fascismo imperante en Estados Unidos volvieron a soplar con fuerza junto con las ráfagas de Melissa y una vez más se estrellaron contra la verdad, los valores multiplicados y los hechos tangibles de la solidaridad, el altruismo cubano y el amparo masivo del pueblo.
Es una realidad de 66 años de resistencia, de protección consciente de la vida humana como lo más sagrado y de no se sabe cuántos huracanes o tornados derrotados a lo largo de este tiempo.
Hoy el mundo vuelve a denunciar en la ONU al verdadero causante de las calamidades y del genocidio silencioso contra los cubanos. Y ese coro que Washington trató de silenciar y engañar sumará otra derrota a los verdaderos autores del montaje fallido, bajo las faldas de Melissa.





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