Como se conoce, la batalla de Yorktow fue decisiva para que Estados Unidos lograra su independencia; pero lo que muchos no saben es la importante contribución del pueblo cubano para que el ejército al mando de George Washington venciera a las casacas rojas inglesas en ese histórico combate.
Este hecho es poco conocido, al igual que la participación del Batallón de Pardos y Morenos cubanos en la conquista de la Florida y en el ataque a la ciudad de Pensacola, dirigidos por el Mariscal de Campo Juan Manuel Cajigal y Monserrate, militar español nacido en Santiago de Cuba.
Cuando se habla de la ayuda prestada a los rebeldes de las Trece Colonias, solamente se menciona a Francia y a España. Sin lugar a dudas el aporte de la Corona española fue cuantioso, amplio… Pero por la posición estratégica de Cuba, todo salía de La Habana.
Hay dos personajes que es imprescindible mencionar porque cumplieron importantes misiones con los rebeldes en el aprovisionamiento, con recursos monetarios y en el espionaje, entre otras acciones: Juan de Miralles, un comerciante de origen español, afincado en La Habana desde 1740 y gran partidario de la causa norteamericana, y el irlandés Oliver Pollock, amigo personal del financiero de la guerra, Robert Morris.
Miralles fue el primer representante de la Corona española ante los rebeldes y el artífice de que España atenuase o suprimiese algunas de las severas restricciones en cuanto al comercio, con especial beneficio para los rebeldes.
España le declara oficialmente la guerra a Inglaterra en mayo de 1779. Inmediatamente asalta y captura los fuertes ingleses en Mississippi, conquista la Florida y toma Mobila y Pensacola.
El 22 de mayo de 1781, el general George Washington y su aliado francés, el también general Jean-Baptiste de Vimeur de Rochambeau, se reúnen en Wethersfield, Connecticut, para planificar las futuras operaciones militares contra las tropas inglesas.

Prevalece el criterio de avanzar hacia el Norte, a Nueva York, que permanece ocupada por unas 10 000 casacas rojas bajo el mando de Henry Clinton, el comandante británico de mayor graduación. Sin embargo, el general Lafayette confirmó que un contingente inglés se encontraba acampado en la aldea de Yorktown, Virginia.
Cuando el general Washington reconoce en el mapa la posición de las tropas británicas, decide atacarlas conjuntamente con sus aliados franceses. Esa era su lógica, estratégica y acertada maniobra militar. Pero la realidad era otra.
El ejército rebelde que comandaba se encontraba en condiciones deplorables: famélicos, harapientos, la mayoría descalzos… No había dinero para pagarles a los agricultores las provisiones, y lo que era peor, ni a ellos su paga, por lo que se negaban, casi amotinados, a marchar a combatir al Sur.
El 16 de julio de 1781 arriba a la colonia francesa de Cabo Haitiano una flota procedente de Brest, integrada por 23 fragatas bajo el mando del Almirante Francois Joseph Paul de Grasse.
Entre la correspondencia que le entregaron –todas fechadas en junio de 1781– encontró tres cartas con el sello «Important»:
1. El general Rochambeau le pedía que reclutara tropas y las trajera consigo para reforzar al Ejército Continental de Washington. Y que el desembarco se efectuara por donde él estimase más conveniente.
2. Urgía al Almirante De Grasse a recaudar la enorme suma de 1 millón 200 mil libras, para cubrir los gastos del combate de la aldea de Yorktow, como única forma de obtener la victoria sobre el enemigo.
3. Ponía al corriente al Almirante de aspectos generales de la estrategia militar que se había planificado. Expresaba, además, su preocupación por la cuestión financiera.
Por su parte, el General Washington le escribió esta dramática carta al financiero Robert Morris:
«Debo solicitarle con urgencia, si es posible, que me procure en especie la paga de un mes para el destacamento bajo mi mando. Parte de las tropas no han recibido paga alguna desde hace un largo tiempo, y en varias ocasiones han mostrado señales de gran descontento (...)».
Pero el financiero Morris fue tajante en su respuesta:
«Yo le he informado, Su Excelencia, de la triste situación en materia de dinero, y dudo mucho que sea posible pagar, como usted desea, un mes de salario a su destacamento. Por lo tanto, pienso que siempre será mejor no levantar falsas expectativas en ese sentido».

El historiador estadounidense Stephen Bonsal resumió así aquella dolorosa situación:
«Cuando llegó la hora cero de la Revolución, Washington se halló a sí mismo en una gran encrucijada. El espíritu de combate de las tropas estaba cercano al amotinamiento, y ninguno de los hombres de los estados norteños quería ser enviado al sur.
El Almirante De Grasse logró reclutar unos 3 000 hombres entre Puerto Príncipe y Cabo Haitiano. Pero nada de dinero. Lo más que pudo obtener en Santo Domingo fue un contacto en La Habana: Francisco de Miranda, joven venezolano –quien llegaría a ser prócer de la independencia de su país–, a la sazón ayudante personal del Gobernador español en Cuba, Juan Manuel de Cajigal.
Fue así como a finales de julio de 1781, el Almirante De Grasse le ordenó al joven oficial Henri de Saint-Simon, –años más tarde fundador de una doctrina precursora del pensamiento socialista–, que zarpara rumbo a La Habana en la fragata Aigrette, escoltada por dos de las mejores de la flota, y contactara allí con Francisco de Miranda.
En efecto, resultaron decisivas, fundamentales, las gestiones del joven Miranda en la recaudación del dinero. Por su parte, el Gobernador ofreció una discreta suma y autorizó a Miranda en esa misión.
De acuerdo con el historiador estadounidense Charles Lee Lewis: «El tesoro público fue ayudado por personas individuales, damas, que incluso donaron sus diamantes. Cinco horas después del arribo de la fragata Aigrette (...) la suma de 1 200 000 libras fue llevada a bordo».
Aunque legalmente Cuba era una posesión de España, hay que destacar la actitud de las damas habaneras en las que ya anidaban sentimientos de solidaridad independentista y de separatismo.
Tal y como estaba previsto, el Almirante De Grasse zarpó de Cabo Haitiano el 5 de agosto de 1781 con su flota, y el día 14 de ese mismo mes, a unas tres leguas al norte de Matanzas, se le incorporaron la fragata Aigrette, con su valiosa carga, y las otras dos que la custodiaban, poniendo rumbo Norte el convoy francés.
Según el historiador Harold E. Davis: «Con ese dinero, los dirigentes norteamericanos y franceses comenzaron a enfrentar los vastos gastos de la campaña sureña. El Ejército Continental, junto a la muy necesitada colaboración francesa, combatió exitosamente a las fuerzas británicas del general Cornwallis en Yorktown, Virginia.
«… Después de unos pocos días de salvaje combate, las tropas británicas, rodeadas por los rebeldes, se vieron obligadas a rendirse. La capitulación de Yorktown fue firmada el 31 de octubre de 1781».
Pero la historia toma rumbos muchas veces marcados por la ambición y la ingratitud de los hombres. Tiempo después, el gobierno del mismo país al que nuestro pueblo ayudó en la conquista de su independencia, impidió que el nuestro la obtuviera en 1898, luego de muchos años de batalla en los campos cubanos contra la colonia española.
Hoy, en pleno siglo XXI, el actual Gobierno que ocupa la Casa Blanca sustenta una política genocida, sin precedentes, contra ese mismo pueblo cubano que en aquel entonces le tendió su mano generosa.
Fuentes:
La historia «olvidada» del combate de Yorktow, por Félix Pita Astudillo, Granma, 14 de enero de 1995.
¿Quién debe gratitud a quién?, por Emilio Roig de Leuchsenring, Revista INRA No.7, julio de 1961.
Admiral De Grasse and the American Independence, Annapolis 1945, por Charles Lewis.
Los EE. UU. en la Historia: Desarrollo Histórico de su Pueblo y su Significado, México 1987, por Harold E. Davis.
When the French were Here: A Narrative of the Sojourn of the French Forces in America and Their Contribution to the Yorktow Campaingn, New York 1945, por Stephen Bonsal.










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