Cuando el Lugarteniente General Antonio Maceo se encontraba combatiendo con éxito en su segunda campaña en 1896 en territorio pinareño contra numerosas columnas españolas bajo el mando personal del general Valeriano Weyler, recibió un urgente mensaje del General en Jefe Máximo Gómez, apremiándolo a cruzar la trocha de Mariel a Majanay marchar a Las Villas para reunirse con él.
El 3 de septiembre el General en Jefe Despachó desde Las Villas rumbo a Occidente, al general Mayía Rodríguez con 200 hombres y parque, en un tardío refuerzo que el presidente Salvador Cisneros en varias ocasiones se había negado a que saliera.
Acompañando a Mayía marchaba el Auditor Cosme de la Torriente quien era portador de informes confidencialesde Gómez para Maceo que lo ponían al tanto sobre la grave situación creada por los disparates del gobierno de la República en Armas, que hacían necesaria su presencia en territorio villareño.

Ante la arremetida de las fuerzas del Lugarteniente General contra las columnas españolas, y a la impotencia del enemigo por derrotarlas, el Capitán General decreta el 21 de octubre de 1896, el famoso bando de reconcentración de los campesinos en Pinar del Río, dentro de las líneas fortificadas españolas, para intentar cortarle los suministros y el apoyo de éstos al ejército mambí.
Mientras tanto Maceo planeaba cruzar la trocha a más tardar entre el 27 y el 28 de noviembre, pero no fue posible por la vigilancia extrema del enemigo. Al anochecer del 2 de diciembre, realiza un reconocimiento aproximándose a los atrincheramientos españoles. A veinte metros de los parapetos se veían las patrullas y, además, podían escuchar el “quién vive” de los centinelas, Por allí no podían cruzar. Entonces se desplazó más al norte y tampoco ofrecía una adecuada seguridad intentarlo por ese lugar.

Al filo de las diez de la noche Maceo cabalgaba de regreso al campamento, de repente cae desplomado del caballo, como muerto, aturdido. Sus compañeros se alarman. Luego abre los ojos. Dijo que había sido un vahído, la humedad de la noche. Un descanso de cinco horas fue suficiente para su recuperación.
El campamento de Maceo estaba asentado en las ruinas del ingenio Begoña y en horas de la noche del 3 de diciembre, allí se presentó el teniente Carlos Soto, patrón del bote para informarle personalmente al Lugarteniente General, la posibilidad que había de cruzar con seguridad la trocha por mar, argumentada porque frecuentemente utilizaba esa vía para trasladar la correspondencia proveniente de La Habana, sin otros peligros que los del mar.
Maceo, que lo había escuchado en silencio y atentamente, dijo que aceptaba la idea, que al siguiente día cruzarían la Trocha por mar.
El bote permanecía oculto, varado en la arena en la Caleta de la Caña, cuando esa noche Maceo y su comitiva llegaron al lugar. El tiempo era tempestuoso y lluvioso, no obstante, Maceo dio instrucciones para echar el bote al gua pero el fuerte oleaje lo devolvía. Ante su insistencia en cruzar las líneas españolas el patrón le propone atravesarlas por la misma boca de la bahía del Mariel, cuyas aguas estaban más tranquilas, aunque más vigiladas en ambos lados por las fortificaciones y por dos cañoneros fondeados..
Sobre las once de la noche el bote fue cargado y trasladado por catorce hombres bajo la lluvia y el fango –entre ellos Maceo--, hasta un lugar en la playa llamado la Aguada, donde se echó al mar. Maceo embarcó y a su lado colocaron su montura, la misma que lo había acompañado en la Invasión y en los combates de Pinar del Río.
También subieron a bordo cuatro oficiales y los tres boteros que servían la nave.Tres cuartos de hora después, el bote atracó sin novedad al otro lado, en el muelle de Gerardo, a unos ciento cincuenta metros de un fuerte español.
Cuatro viajes fueron necesarios para trasladar el resto del personal. Una vez todos en tierra el teniente Soto los guió hasta el Palomar, donde debía esperarlo el prefecto del lugar, pero al no encontrarlo, siguieron la marcha hasta el demolido ingenio La Merced, cerca de la playa de Mosquitos, en Mariel, donde acamparon.

El General de División y periodista, José Miró Argenter en su obra Crónicas de la Guerra, describe así la embarcación:
"El bote en que debía efectuarse la travesía hallábase en el lugar que indicó el patrón, en la Caleta de la Caña, fuera de la bahía del Mariel"... "Era una embarcación muy chiquita; estaba desprovista de asientos; el agua entraba por el fondo y había que achicarla constantemente".
…"Desde algunos meses atrás los partidarios de la causa separatista en el Mariel utilizaban una pequeña embarcación para burlar la trocha de Arolas; en ella conducían la estafeta de La Habana a Pinar del Río, y transportaban también a los comisionados que traían el correo de más lejana distancia. La embarcación era un simple bote, no inscrito en ninguna matrícula; el rol no estaba sujeto a ninguna aduana.
“La historia del bote se remonta a los primeros días de la revolución; fue construido por un mecánico que residía en la playa Banes; después pasó a ser propiedad de un tal Gordillo, a quien se lo compró el insurrecto Pedro Delgado, mediante una recolecta que hizo entre los suyos, y se lo entregó a un individuo llamado Loreto Sánchez para que éste lo utilizara en el servicio de la República".
Lógicamente cuando Miró Argenter escribió estas líneas desconocía que el bote si aparecía inscrito en la Capitanía del Mariel desde el 9 de julio de 1888, a nombre de Francisco Gordillo, y que su venta estaba regulada por una nota en la propiedad que decía: “Esta embarcación no podrá venderse o enajenarse sin permiso de esta Ayudantía, bajo pena de decomiso".
Aparece la documentación del bote
Sucedió en diciembre de 1942, en plena II Guerra Mundial cuando los submarinos alemanes merodeaban las costas cubanas, el Gobierno decretó la renovación de los certificados de propiedad de las embarcaciones, por lo que debían presentarse en la Capitanía del puerto con toda la documentación para actualizarla y conocer donde se encontraban.
En cumplimiento del referido decreto el campesino Francisco Gordillo se presentó en la Capitanía del puerto del Mariel con la Certificación de la inscripción del bote La Conchita que había sido empadronado en la matricula de dicho puesto el 9 de julio de1888. El Capitán del puerto quedó sorprendido con el valioso documento original que tenía en sus manos.

Acudió a la Academia Naval donde se entrevistó con el alférez de fragata Rafael Mohedano Pérez, a la sazón profesor de Gramática e Historia de dicho centro, quien luego de escucharlo y examinar el certificado le dijo que ese era el bote que había utilizado el Lugarteniente General hace 46 años para burlar la trocha de Mariel a Majana, porque recordaba haber leído en las Crónicas de Miró Argenter, que se referían a un tal Gordillo que suponía podría ser la misma persona.
Todo parece indicar que hasta ese momento Gordillo desconocía el uso que le habían dado a la embarcación ni el lugar donde se encontraba, y que ahora una vez conocidos todos los pormenores del histórico bote, donaba el Certificado de inscripción de La Conchita, para su mejor conservación y exhibición en el museo.
Fuentes:
Antonio Maceo, apuntes para una historia de su vida, por José Luciano Franco.
Revista Carteles, 24 de julio de 1949










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