Terroristas que Huyen: Unos de Bush, Otros Hacia Bush
tomado del sitio www.antiterroristas.cu
Saul Landau
Si usted ha escogido el terrorismo como la vocación de su vida, o incluso como medio para un fin político, el discurso del Estado de la Unión del Presidente Bush debe haberlo deprimido terriblemente. “Tenemos huyendo a las terroristas”, alardeó. “Los tenemos corriendo. Uno por uno los terroristas están aprendiendo el significado de la justicia estadounidense”. Se refirió a “más de 3 000 terroristas arrestados en muchos países”. Aludió a otros terroristas muertos por las fuerzas del bien
El 20 de Mayo del
2002: Bush y el Chino Aquit.
“Dios mío”, diría el terrorista anticastrista, “parece que Bush habla en serio acerca de castigar a los terroristas o a cualquier que brinde asilo a un terrorista. Mi vida profesional terminó. ¿Cómo voy a ganarme la vida y, con la ayuda de Dios, derrocar a Fidel Castro con la fuerza y la violencia? Durante 40 años he conspirado con toda seguridad en Estados Unidos con mis colegas”, se queja él, “y ahora Bush, a quien ayudamos a ser elegido intimidando a los contadores de votos en el condado Dade en la Florida y votando nosotros mismos temprano y a menudo, nos recompensa al hacer tales terribles amenazas contra los terroristas. Maldito sea él y también esos árabes locos de al-Qaeda. Al estrellar esos aviones contra las torres gemelas y el Pentágono le han dado mala fama al terrorismo”.
No tan rápido, me digo a mí mismo. El Presidente Bush vituperó a los terroristas del 11/9. Incluso los llamó cobardes, lo que realmente no puedo comprender. Pero tuvo una cláusula silente: los terroristas que quieren matar a Castro, poner bombas en objetivos cubanos, secuestrar aviones o barcos cubanos o realizar cualquier tipo de violencia contra Cuba aún tienen luz verde de la Casa Blanca.
Es más, él, su hermano el Gobernador Jeb de la Florida y su Fiscal General John Ashcroft, están decididos no solo a proteger sino incluso a mimar a terroristas. El 20 de mayo de 2002, Bush específicamente invitó a varios terroristas notorios a presenciar su discurso en Miami.
Originalmente Orlando Bosch recibió una invitación para
encontrarse en la tribuna. Más tarde, cuando uno de sus asesores descubrió
que Bosch se había ganado por parte del FBI la etiqueta del terrorista más
peligroso del Hemisferio Occidental, cambió la composición de los asientos y
Bosch fue des-invitado de la tribuna y trasladado al público. Bosch se
atribuyó en una entrevista con el Miami New Times (ver 4 de octubre, 2001) la
responsabilidad por la voladura de un avión comercial cubano sobre Barbados en
octubre de 1976. La policía lo capturó después de que disparó una
bazuca contra un barco polaco en el puerto de Miami en 1967. A este ex médico
pediatra no le importó mucho la salud infantil, sino que encontró su vocación
y pasó gran parte de su vida adulta después del triunfo de la revolución
cubana en enero de 1959 practicando esa vocación.
Observadores han notado que la atracción de la familia Bush por los cubanos
violentos data de cuando el Presidente George Bush I, con ayuda de Otto Reich,
entonces su embajador en Venezuela, hizo caso omiso de fuertes sugerencias del
FBI y del Servicio de Inmigración y Naturalización (INS) y admitió a Orlando
Bosch en Estados Unidos.
De manera similar, antes del 11/9 Bush hijo también echó a un lado fuertes opiniones del FBI y el INS y ordenó al INS que liberara a Virgilio Paz y Dionisio Suárez, quienes estaban bajo custodia para su deportación.
Ambos hombres fueron sentenciados a 12 años de prisión después de confesar que conspiraron con oficiales de la policía secreta chilena para asesinar a Orlando Letelier y Ronni Moffitt al poner una bomba en su auto en septiembre de 1976 en Washington, D.C.
Pero una foto mostró a un terrorista menor compartiendo la tribuna con el Presidente Bush. Según un ex funcionario policiaco federal, el Presi debe haberle dicho al Servicio Secreto que le encontraran un asiento al “buen muchacho”.
Esto se refería a Sixto Reinaldo Aquit Manrique (c/p El Chino Aquit). Aparentemente el Servicio Secreto sentó a Aquit, arrestado en la Florida en 1994, unas pocas filas detrás del Presidente mientras éste hablaba.
Después de su discurso, Bush asistió a una cena del Partido Republicano de la Florida, que costaba $25 000 la pareja, para ayudar a financiar la campaña reelecionista de su hermano menor, el Gobernador de la Florida Jeb Bush. Algunos de los grandes donantes, miembros de la junta directiva de la Fundación Nacional Cubano-Americana, también han financiado a terroristas como Orlando Bosch y su antiguo asociado en la voladura del avión, Luis Posada Carriles. Eso fue lo que Carriles contó a Anne Bardach y fue publicado en The New York Times (12-13 de julio, 1998).
Nos hemos acostumbrado a la guerra contra el terrorismo como un
hecho de la vida diaria, a habituarnos a los procedimientos de seguridad después
del 11/9, a las largas esperas en los aeropuertos, el proceso algo embarazoso de
las “varas” electrónicas y hasta el rutinario quitarse los zapatos y
registro del equipaje de mano. Algunos de nosotros suprimimos bostezos
cuando el Fiscal General Ashcroft o el Zar de la Seguridad Interna Tom Ridge
advierten del próximo ataque terrorista inminente y nos alientan a que nos
sumemos a TIPS, una asociación nacional de informantes para espiar a los
vecinos y a cualquiera que pudiera parecer sospechoso.
¿Por qué entonces el Servicio Secreto no aplica una sola norma? La
respuesta, según un ex Agente Especial del FBI, es que el Presidente dijo al
Servicio Secreto que hay buenos ex terroristas (especialmente aquellos que
apoyaron fuertemente a su hermano Jeb en su reelección como gobernador de la
Florida) y terroristas malos.
“No es posible que el Servicio Secreto no haya sabido que el hombre había sido detenido por una acusación de terrorismo”, dijo el ex funcionario federal de policía. Es más, The Miami Herald había publicado el 4 de noviembre de 1994 que dos días antes el escuadrón antiterrorismo del FBI había atrapado a Aquit cuando él y dos colegas habían “llegado a un almacén en el Suroeste de Dade armados con 10 galones de gasolina, mechas y un arma corta semiautomática cargada”. El artículo citaba a la policía que dijo: “los hombres rompieron la ventana y trataron de entrar antes de que los agentes intervinieran”.
El reportero del Miami Herald Gail Epstein citó al Agente Especial del FBI Paul Miller de la Fuerza de Tarea de Terrorismo del FBI, quien dijo que “había suficiente combustible para destruir varios almacenes”. El almacén guardaba suministros que Pastores por la Paz tenían la intención de embarcar para Cuba.
En 1993, según las autoridades cubanas, Aquit disparó con una ametralladora calibre 50 contra un tanquero de bandera chipriota que se encontraba en aguas cubanas frente a la provincia de Matanzas. El Relator de Naciones Unidas citó este hecho en su informe anual de 1994 acerca de los derechos humanos en Cuba.
Aquit asegura con orgullo que pertenece al Ejército Secreto Armado anticastrista. Fue juzgado y condenado a cinco años de prisión por un tribunal de la Florida. Pero, según la reportera de El Nuevo Herald, Cynthia Corzo, la oficina estatal de acusador público se transó por dos años de prisión domiciliaria para Aquit y sus co-conspiradores terroristas (lo que les permitía ir a trabajar, a la iglesia y al mercado) seguidos de dos años de libertad probatoria y 150 horas de servicio comunitario.
Más importante aún, las acciones terroristas de Aquit adquirieron una dimensión casi épica ante los anticastristas violentos cuando el Presidente aparentemente hizo una excepción especial y contradijo sus propias reglas en la guerra contra el terrorismo. ¿O es que Bush omitió un párrafo en sus discursos que especifica que la acusación de “terrorismo” se aplica solo a aquellos que se llaman Abu o Bin?
Los que han seguido el curso de la guerra de Bush contra el terrorismo apreciarán la sutileza de que él ha dirigido su agresión contra personas violentas del Islam, no contra cubanos anticastristas violentos, cuyo celo patriótico los impulsa a usar explosivos contra objetivos situados en Estados Unidos. Al invitar a Bosch y situar a Aquit en la tribuna con él, Bush reconoció su deuda con ciertos cubanos de Miami. ¿Qué importa una larga historia de terrorismo comparada con la lealtad hacia la familia Bush?
La familia Bush recompensa a aquellos que ayudan a sus campañas. Bush nombró interinamente al nativo de Cuba Otto Reich como Secretario Asistente para Asuntos Hemisféricos después que el Senado rehusó confirmarlo. Ha nombrado también para cargos de nivel de Gabinete y sub-Gabinete a varios prominentes cubanos, como el Secretario de Comercio Mel Martínez. Incluso pasó al ubicuo Reich a un puesto del Consejo de Seguridad Nacional después de que un Senado controlado por los republicanos le dijo que despidiera al ultrarreaccionario cuyas políticas, dirigidas a dañar a Fidel Castro, no estaban ayudando a Estados Unidos y le estaban dando mala fama a la Administración en toda Latinoamérica. En abril de 2002 varios periódicos reportaron que Reich había colaborado con los fracasados golpistas venezolano que trataron de secuestrar y sustituir al elegido Presidente Hugo Chávez.
En su discurso del Estado de la Unión, Bush calificó a Saddam Hussein de amenaza inminente porque estaba armando a terroristas. También tuvo palabras nada suaves para el régimen iraní, parte de su infame eje del Mal. Me preguntó si ya se le olvidó que su propio padre ayudó a enviar armas de destrucción masiva a un gobierno islámico más radical durante el asunto Irán-Contras de mediados de los años 1980. Me pregunto también si ya se le olvidó que varios de sus nombramientos a cargos de alto nivel habían ido a parar a manos de hombres que participaron en armar ilegalmente al gobierno iraní: John Poindexter, jefe del TIPS (la operación ultrasecreta de soplones); Elliot Abrams, ahora un planificador de política; John Negroponte, el Embajador ante la ONU; y por supuesto, el omnipresente Reich.
Así que cuenten con Bush para recompensar a sus viejos amigos, no importa cuál haya sido su papel en dar asilo o armar a terroristas. También cuenten con él para que entregue a los terroristas anticastristas pases para salir de la cárcel y oportunidades para compartir su tribuna, siempre y cuando no tengan nombres que suenen árabes.
Con este tipo de apoyo presidencial no es extraño que ningún jurado del sur de la Florida encuentre culpables a los cubanos anticastristas. Es más, los jurados les conceden grandes compensaciones en casos que a otros jurados y jueces hubieran causado risa o simplemente hubieran sobreseído la causa. En un caso juzgado en rebeldía a fines de enero (Fidel Castro no se presentó porque alegó que el tribunal carecía de jurisdicción), un jurado del sur de la Florida concedió más de $40 millones de dólares por daños a José Basulto, fundador de Hermanos al Rescate. En febrero de 1996, MiGs cubanos derribaron dos aviones tripulados por pilotos de Hermanos al Rescate. Basulto escapó. Al igual que Aquit y Bosch, Basulto no es ningún santo. Sin embargo, hace sólo dos años dijo ante un tribunal de la Florida que se había convertido al pacifismo, excepto en el caso de Cuba, donde la violencia era necesaria.
En diciembre de 2002 un cubano secuestró un avión y voló sin problemas a través del radar de la Florida y aterrizó. Fue recibido como un héroe y un abogado mañoso presentó una demanda reclamando que el avión, propiedad del estado cubano, fuera subastado y los ingresos entregados a su cliente “emocionalmente herido”. ¡Qué precedente para los secuestros de aviones! ¡Qué lección para terroristas potenciales! Los violentos anticastristas, a pesar de que son densos, han notado la doble moral que Bush ha implementado por ellos y para los otros terroristas.
Le dije a mi esposa que los guionistas de Los Soprano, el exitoso programa de HBO acerca de la vida de un gángster de la mafia, su familia, sus amigos y su mundo, deben haber pasado tiempo en los tribunales del Sur de la Florida. En uno de los episodios un pandillero informa a un miembro del jurado del juicio al tío de Tony Soprano que el jurado tiene una bonita familia y que espera que tenga una larga y próspera vida, suficiente para garantizar que ese jurado no vote por el veredicto de culpable en el seguro caso que la fiscalía ha preparado contra el tío de Tony.
¿Estará imitando la vida a la TV? Los Soprano es una farsa bien producida. La vida real no está tan bien escrita.
Saul Landau da clases en la Universidad Cal Poly Pomona y es miembro del
Instituto para Estudios de Política. Su nuevo filme Irak: voces desde las
calles, puede obtenerse por medio de The Cinema Guild. 1-800-723-5522
6 de febrero del 2003