PINAR DEL RIO.— Nancy tendría ahora 46 años y probablemente acariciaría a los hijos que no tuvo porque el tiempo no le alcanzó siquiera para ver las fotos de su boda cuando se casó en Camagüey, ocho meses antes del horrendo crimen.
José
María y Eladia no han podido olvidar el criminal acto.
Tenía 22 años y un horizonte infinito por delante, pero el 6 de octubre de 1976 sus esperanzas, su futuro y la vida le fueron cercenados en un avión de Cubana que despegó con una carga de muerte del aeropuerto de Barbados.
Los reconocidos terroristas Luis Posada Carriles, Hernán Ricardo, Fredy Lugo y Orlando Bosch, connotados criminales al servicio de la CIA en Estados Unidos, consumaron uno de los hechos más abominables de la larga y oscura historia de agresiones de la CIA y el gobierno norteamericano contra la Revolución.
Entre los 57 cubanos, deportistas, técnicos, funcionarios y tripulantes que perdieron sus vidas en el atentado al avión de Cubana de Aviación, estaba Nancy Uranga Romagoza, una jovencita de la localidad de Cuatro Vientos cercana al central Pablo de la Torriente Brau, en Bahía Honda, que inició el preescolar justo el año que triunfó la Revolución.
"Era una muchachita alegre, como a todas le gustaba jugar a las muñecas, a las mamás, muy bien llevada con los niños del barrio y le encantaban los animales... nos quitaron casi todo, nos arrancaron a nuestra hija", dice Eladia Romagoza no sin antes limpiar con un gesto, sus ojos azules desbordados de mar, tan azul como aquel que todos los días divisa desde el portal de su casa.
Cuando ocurrió el excecrable hecho Nancy estudiaba Biología en la Universidad de La Habana; quizás su cariño hacia los animales la colocó en aquel camino.
"De todos nosotros era la más estudiosa, dice su hermana Teresa. Nunca dejó de hacer una prueba porque estuviera de competencias en el exterior, cuando regresaba se ponía a estudiar y las vencía. A Eladia, la mamá, los ojos le siguen brillando mientras escucha a su hija. Ella prefiere no recordar, pero no puede dejar de reconocer que fue "uno de los crímenes más horribles que se han cometido contra la Revolución, algo que nunca se podrá olvidar...
"Todavía me dicen que me acuerde que tengo otros cuatro hijos y yo lo sé, pero cuando te arrancan uno entre cinco, ese, como quiera que sea, nunca se olvida... mucho más si se pierde de una forma tan triste como esa".
A Chalía, como le dicen en su barrio a José María Uranga González, padre de aquella valiosa joven que regresaba victoriosa de los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Venezuela y que había dejado huellas con su florete en varios países del mundo, el dolor todavía lo embarga, pero también le ha dado fuerzas para seguir luchando.
"Por muchos sabotajes que cometan no van a destruir la Revolución, yo digo igual que Carlos Manuel de Céspedes; mi hija es un mártir de la Patria y todos los mártires de la Revolución son mis hijos".
¿Qué sintió la familia al conocer la detención en Panamá de Posada Carriles?, pregunté a José María, pero su hija María Amelia se adelantó a contestar.
"Ahora, gracias al momento en que lo planteó el Comandante en Jefe y la información irrefutable que brindó, al fin fue capturado. Nosotros, y es el sentir de toda Bahía Honda, reclamamos que sea extraditado a Cuba, somos los cubanos los que más sufrimos sus acciones criminales y quienes tenemos por tanto mayor derecho a juzgarlo".
"El ha declarado cínicamente que duerme
como un niño, que no tiene cargo de conciencia después de haber asesinado a 73
personas que ni siquiera le conocían. Eso demuestra su entraña criminal".
27-11-2000