Criaron cuervos

FÉLIX LÓPEZ y JOSÉ LUIS MÉNDEZ

El terrorismo no llegó a Nueva York de la mano de los secuestradores que estrellaron dos aviones contra el World Trade Center. Otro 11 de septiembre, pero de 1974, se "estrenó" en aquella ciudad Omega-7, una organización contrarrevolucionaria que puso en la mirilla de sus crímenes a representantes o simpatizantes de la Revolución cubana.

En esa obsesión, los terroristas de Omega-7 nunca hicieron diferencias entre ciudadanos cubanos o norteamericanos. Al actuar en zonas céntricas y populosas de Nueva York City, Nueva Jersey y Miami, aquellos matones expusieron al peligro de sus bombas, bazucas y metralla a personas inocentes, saciando con su sangre una incontenible sed de venganza y odio.

Nueve años de impunidad tuvieron que transcurrir para que Eduardo Arocena, el cabecilla de esa maquinaria de matar, fuera llevado en 1983 ante el Gran Jurado que lo declaró culpable de violar 42 estatutos federales.

CUMPLEAÑOS MACABRO

Pocos ciudadanos norteamericanos conocen que cada 11 de septiembre, y durante muchos años antes del desplome de las Torres Gemelas, Omega-7 "celebró su cumpleaños" con una acción terrorista, hechos que se suman a una abominable saga de 61 atentados, 55 en diversas ciudades estadounidenses y 6 en Puerto Rico.

El 11 de septiembre de 1980,
Félix García Rodríguez fue
acribillado a balazos en la
céntrica avenida Queens, de
Nueva York. La víctima había
contraído una "deuda" con la
mafia de Miami y el
imperialismo: era diplomático
cubano.

Entre los de mayor envergadura aparece la bomba colocada el 11 de septiembre de 1976 en un barco soviético anclado en un puerto norteamericano; y ese mismo día, pero en 1980, acribillaron en la céntrica avenida Queens, de Nueva York, al diplomático cubano Félix García Rodríguez, utilizando la misma ametralladora MAC 10 con que el terrorista Pedro Remón asesinó al emigrado cubano Eulalio José Negrín, el 25 de noviembre de 1979, en presencia de su hijo de 12 años. ¿Motivos? Su activa participación en un diálogo político con la Isla.

La lista de víctimas en poder de Arocena, también incluía a Raúl Roa Kourí, embajador de Cuba ante la ONU. El 25 de marzo de 1980 Pedro Remón instaló una bomba con control remoto bajo el tanque de combustible de su auto, pero cayó al suelo cuando el chofer del vehículo chocó accidentalmente contra otro al dar marcha atrás en un estacionamiento. Ese mismo artefacto lo habían destinado inicialmente a Fidel, pero Arocena decidió guardarlo ante la imposibilidad de acercarse al líder cubano durante una visita de este último a la sede de la ONU.

Otro fracaso que hubiera terminado en tragedia es el relacionado con el plan de asesinato a Ramón Sánchez Parodi, entonces jefe de la Sección de Intereses de Cuba en Washington, frustrado cuando Pedro Remón y Eduardo Losada Fernández fueron arrestados en Belleville, Nueva Jersey, mientras robaban el auto en que pensaban llevar a cabo la operación.

MUDOS, SORDOS Y CIEGOS

Un informe desclasificado del FBI (Dc 20535, Washington, 29 de octubre de 1993) recoge con lujo de detalles el historial criminal de los miembros de Omega-7. De Pedro Remón, uno de sus principales matones, dicen haber sabido por primera vez en diciembre de 1980, fecha en que el INS lo detiene en la frontera con Canadá, horas después de haber colocado con Ramón Sánchez una bomba en el Consulado de Cuba en Montreal.

Luego de su arresto, Arocena aceptó colaborar con la investigación, y marcó a Remón como el más "destacado" de sus soldados terroristas.

Llegada la hora de Pedro Remón, este se negó a colaborar y fue condenado a solo 10 años de cárcel y 20 000 dólares de multa. De la prisión, sin que nos asombremos, corrió a El Salvador para unirse a Luis Posada Carriles, con quien comparte hoy un encierro casi virtual en la capital panameña, luego de ser detenidos poco antes de que intentaran volar por los aires el Paraninfo de la Universidad de Panamá, donde el líder cubano se reuniría con centenares de estudiantes.

Posada Carriles debe sentirse a gusto con sus halcones terroristas. Además de Pedro Remón, lo acompaña Guillermo Novo Sampoll, el asesino del ex canciller chileno Orlando Letelier y su ayudante Ronnie Moffit, una joven norteamericana de 22 años; y está también Jiménez Escobedo, quien disparó contra el funcionario cubano D'Artagnán Díaz Díaz, asesinado en México el 23 de julio de 1976.

Todavía hoy, la inmensa mayoría de los norteamericanos desconocen esta historia, y hasta ignoran por qué los grupos mafiosos y extremistas de Miami intentan devolver a su medio a los terroristas "prisioneros" en Panamá.

Por intereses políticos y electorales, sucesivas administraciones norteamericanas han ocultado tres verdades a la opinión pública de esa nación: después de Cuba, Estados Unidos ha sido el país más afectado por los actos terroristas realizados por emigrados cubanos radicados en ese país; estos últimos constituyen una amenaza para su seguridad nacional; y su actuar criminal debe ser asumido como un caso de terrorismo doméstico.

Mucho antes de los atentados del 11 de septiembre contra las Gemelas y el Pentágono, el Comandante en Jefe Fidel Castro había advertido sobre cómo las acciones de piratería y terror terminaron convertidas en un boomerang para los norteamericanos: "Ahora los terroristas contrarrevolucionarios de origen cubano, que ellos entrenaron, quieren gobernar a los Estados Unidos, ponerles bombas a las empresas norteamericanas que tengan relaciones con Cuba o a las líneas aéreas que quieran volar a Cuba... ¡Criaron cuervos y los cuervos les están sacando los ojos!"

2002-09-06