¿HABRA JUSTICIA EN PANAMA?
"¡Llegó mi papá!"
Al ver aparecer a los amigos de su papá que debía regresar de México dos días más tarde, la pequeña Lisset Díaz, de 8 años de edad, se puso tan contenta... pero la noticia que traían no era la esperada. El autor del crimen de Mérida comparece en Panamá el 3 de septiembre: ¿Se liberará al terrorista internacional Gaspar Jiménez Escobedo?
JEAN-GUY ALLARD
Especial para Granma
"Era en los días de julio, días de carnaval...", recuerda Lisset Díaz, sentada en una butaca de la sala de su apartamento de La Habana del Este. En su mirada se ve lo difícil que sigue siendo para ella, aunque los hechos se remontan ya a casi a tres décadas, recordarse de aquellos momentos. Ese día 24 de julio de 1976, Lisset tiene solo 8 añitos y va a enterarse de la muerte de su papá, asesinado en México por el terrorista miamense Gaspar Jiménez Escobedo y dos cómplices.
EN
LA SALA DE SU APARTEMENTO DE LA HABANA DEL ESTE, LA ESPOSA, HIJA Y NIETA DE
ARTAGÑÁN DÍAZ DÍAZ EXAMINAN RECORTES DE PRENSA SOBRE LA TRÁGICA MUERTE DEL
FUNCIONARIO CUBANO
Cuenta: "Mi papá debía regresar a Cuba dos días más tarde, después de cinco años en México, y venía a recogernos, a mi mamá y a mí, que era la más pequeña... Estábamos en los carnavales, en el barrio, bailando... cuando se acercaron amigos de mi papá. Al verlos, inmediatamente les dije: `¡Llegó mi papá! ¡Llegó mi papá!' Me preguntaron: `¿Dónde está tu mamá?' Ella estaba sentada con unos vecinos. Se le acercaron y le dijeron algo de la noticia, pero no de la crueldad de los hechos y fuimos para la casa...".
"Recuerdo que hasta yo venía por ahí y simulaba que hubiese alguien en la ventana y decía: `¡Ahí está mi papá!' Al llegar, a los niños nos llevaron para el primer apartamento, la casa de una vecina que es sicóloga..."
"Pero no se nos pudo esconder por mucho tiempo la terrible noticia.
"Vinieron todas las personas para acá... y en este momento recuerdo que oí todo el escándalo, la gritería, los llantos Årecuerdo cómo, por la madrugada, al vecinito de al lado, que era tan pequeño como yo, le comentaron algo, y fue él quien me lo dijo... Recuerdo que me quedé dormida de tanto llorar, hasta que al otro día, al amanecer nos reunieron para darnos la noticia..."
MÉRIDA, MÉXICO, 23 DE JULIO DE 1976
Ese fatídico 23 de julio de 1976, el Cónsul de Cuba en Mérida, en el estado mexicano de Quintana Roo, sale de su oficina sobre las 4 de la tarde para ayudar al técnico de la industria pesquera Artagñán Díaz Díaz a resolver un problema mecánico que tiene con su vehículo.
Los dos hombres se dirigen, en el Dodge color miel de la representación diplomática, hacia una cantina de la calle 54-A, donde debe encontrarse un amigo del Cónsul que podía solucionar tal problema.
Ahí sucede lo irreparable.
En el momento en que los dos hombres salen de su vehículo, aparece repentinamente otro carro, del cual salen dos individuos armados con pistolas y, en cuestión de segundos, están detrás de Ferrer y Díaz, apuntando con sus armas.
El Cónsul, quien ya ha sobrevivido a varias amenazas y a un atentado con bomba, reacciona instintivamente, empuja fuertemente a uno de los asaltantes y penetra en la cantina empujando sillas y mesas para alertar a las personas presentes y desorientar a los matones.
En el mismo instante, Jiménez abre fuego y una, dos y tres veces alcanza, a quema ropa, a Artagñán Díaz Díaz, quien cae al suelo en todo su largo. Uno de los proyectiles lo alcanzó en plena cara, mientras los otros dos en órganos vitales. Su muerte es instantánea.
Los dos matones, Gaspar Jiménez y Orestes Ruiz, saltan en el carro que les espera con un cómplice al timón y desaparecen precipitadamente.
A las 5:30 de la tarde del mismo día, los asesinos fueron ubicados en el aeropuerto de Mérida por la policía mexicana, cuando Orestes Ruiz devuelve el carro de alquiler que utilizaron. Fue arrestado mientras, dándose cuenta de la presencia policial, Jiménez y... logran huir.
Jiménez no enfrenta la justicia mexicana hasta abril de 1981, cuando, por fin, es extraditado desde Estados Unidos, donde había logrado regresar... para seguir cometiendo crímenes tanto en Estados Unidos como en varios países de América Latina.
El nombre del terrorista aparece entonces en un informe del FBI sobre las actividades anticubanas en Estados Unidos, titulado Survey of Anti-Castro Cuban Terrorist Activities in the United States, donde se le señala como una de las principales figuras del terrorismo miamense.
Increíblemente, mientras lo buscan las autoridades mexicanas, a menos de dos meses del crimen de Mérida, Jiménez viaja hasta Buenos Aires, donde dirige, el 8 de septiembre de 1976, la tortura y ejecución de dos funcionarios cubanos —Cresencio Galañena Hernández y Jesús Cejas Arias—, cuyos cadáveres son lanzados en los cimientos de un edificio en construcción.
También confesará más tarde al agente cubano Pedro Escalona, infiltrado en la mafia miamense, que había participado, ¡en este mismo período!, en la destrucción en pleno vuelo de un aparato de Cubana de Aviación que provocó la muerte de 73 personas.
Condenado por el asesinato de Artagñán Díaz Díaz, Jiménez fue encarcelado en la prisión de Chetumal, Quintana Roo, pero la mafia de Miami logró comprar su liberación. En mayo de 1983, apenas 27 meses después de su detención, Gaspar Jiménez Escobedo recuperaba su libertad... y retomaba sus actividades criminales.
Reaparece entonces en la dirección de la Fundación Nacional Cubano-Americana, bajo la protección de Alberto Hernández, uno de los capos que atienden las actividades terroristas. Ahí está en contacto permanente con Luis Posada Carriles, Pedro Remón y Guillermo Novo Sampoll, con los cuales monta operaciones terroristas en varias oportunidades.
Sin embargo, para la familia de Artagñán Díaz Díaz, la sorpresa fue grande al ver reaparecer al asesino de Mérida cuando es arrestado en Panamá, en noviembre del 2000, junto con sus tres viejos cómplices cuando preparaban el atentado que hubiera reducido a polvo el anfiteatro de la universidad capitalina donde Fidel iba a hablar frente a miles de personas.
HAY VECES QUE DECIMOS: ¿HASTA CUÁNDO?
Resurgieron aquellas imágenes de 1976.
Lisset Díaz se emociona una vez más al recordar la llegada a tierra cubana de los restos de su padre: "Recuerdo que cuando lo trajeron, una tía mía, hermana de mi papá, decía: `Está destrozado... está destrozado".
"Es un recuerdo que no se borra, es una pérdida que duele mucho y que conmueve cada vez que se toca el tema...", subraya la joven madre de familia.
"Mi mamá tenía la edad que hoy tengo... 37 años..., nos criamos nosotros tres... La muerte de mi padre ha traído tantas consecuencias que hoy mi mamá es una persona delicadísima de salud..."
"A raíz de los hechos, le apareció una diabetes emotiva, una enfermedad que es terrible, que va degradando a la persona lentamente a tal punto que presenta insuficiencia renal crónica, perdió la audición, está perdiendo la vista, en fin... es una enfermedad que lo afecta todo..."
Mientras siguen encarcelados en Panamá los cuatro asesinos en espera de su juicio y que la prensa reporte los acontecimientos, resurgen las mismas interrogantes.
"Uno se conmueve, ¿no? Hay cierta indolencia..., porque es evidente que son individuos que han participado en asesinatos de numerosas personas... incluso el de mi padre... Entonces hay veces que decimos: ¿Hasta cuándo? ¿Cuándo se podrá hacer justicia? ¿Cuándo podremos descansar?
"Existen sospechas de que es posible que salgan ilesos, que no les pase nada, dicen que no han hecho nada, pero si ahí están las pruebas, entonces a los fiscales y a los jueces les pedimos, como familiares, que, por favor, se pongan en el lugar de uno, que razonen para ver si es comprensible que sucedan estas cosas y que no pase nada... Creo que descansaría en paz el día que tengamos la noticia de que fueron juzgados y que por fin se hizo justicia...
"Y que no estén en la calle... Creo que a la larga se sentirán muy satisfechos de salir ilesos... Vemos estas noticias de que están cómodamente atendidos, y reciben tantas visitas, que uno se pregunta: ¿Cómo pueden ser posibles estas cosas?
En cualquier momento esta gente puede repetir lo que han hecho. No solo acabaron con mi padre, sino que han seguido hasta que los arrestaron cuando intentaban asesinar al Comandante Fidel Castro.