Impactos físicos y espirituales en 40 años de agresión

María Julia Mayoral, Sara Más, Alexis Schlachter y Susana Lee
FOTOS: WALFRIDO OJEDA

El bloqueo representó la eliminación de manera brusca de las relaciones civilizadas y normales que existían entre los pueblos norteamericano y cubano y por tanto entre las dos culturas. Ese nefasto impacto no puede medirse en términos físicos; ambas naciones se han visto mutuamente privadas de la posibilidad de acceder a lo mejor de sus creaciones espirituales.

6marz4-1.jpg (18804 bytes)Pausida Abiague Deroncele, quien fuera trabajadora de la tienda El Encanto, de Santiago de Cuba, se retira luego de testificar sobre el intento de sabotaje a ese establecimiento en diciembre de 1969, que ella ayudó a frustrar al detectar a una contrarrevolucionaria que había colocado productos químicos destinados a provocar un incendio a altas horas de la noche.

Tal fue la tesis defendida por Rubén del Valle, José Manuel Pardo y Orlando Vistel, representantes del Ministerio de Cultura, quienes elaboraron el informe pericial con el cual se inició ayer el quinto día de la práctica de pruebas en la Demanda por daños económicos al gobierno de los Estados Unidos.

En la era del bloqueo —sostuvo Vistel— el robo de cerebros en el campo de la cultura no tiene la misma connotación si se compara con los tiempos precedentes, porque con ello se trata de desmoralizar la cultura gestada en Cuba. Dentro de Miami fueron creadas orquestas émulas de prestigiosas agrupaciones como la Aragón y la Original de Manzanillo, con el objetivo, por un lado, de descomercializar a los músicos de aquí, y por otro, estancar el repertorio de la nueva y actual creación en nuestro país.

Por las prohibiciones del gobierno de los EE.UU. ninguno de nuestros artistas y creadores ni las instituciones que los representan, pueden comercializar allí su obra y la desventaja no es solo económico-financiera, el éxito en ese país es, además, un patrón para el mundo de lo que merece considerarse como valioso y con posibilidades de ser difundido.

6marz4-2.jpg (8488 bytes)Integrantes del tribunal que conoce de las pruebas: de izquierda a derecha, Altragracia Ramos, Ana María Alejo, Rafael E. Dujarric, quien funge como presidente, Ismary Castañeda
y Matilde Ramírez.

Para el Instituto Cubano de la Música, por ejemplo, la no realización de presentaciones de sus miembros ha significado la pérdida de 480 millones de dólares. Hay daños sensibles también para la literatura nacional, las producciones cinematográfica y discográfica, las artes plásticas y las labores de preservación de nuestro patrimonio artístico; en fin, nada escapa al impacto económico y humano.

Pero si todo esto fuera poco, están además los numerosos sabotajes a valiosas instalaciones como el Teatro Amadeo Roldán y el robo de obras de arte, que luego han sido subastadas en los EE. UU., cuyo gobierno ha hecho oídos sordos a los reclamos de nuestras autoridades.

AZOTES PARA LA INDUSTRIA LIGERA Y DE ALIMENTOS

Desde 1961 hasta la fecha, el ron cubano hubiera podido cubrir no menos del 10 % del mercado de licores estadounidenses, pero al impedirse la entrada de nuestros productos, entre ellos el Havana Club, se estima que hemos dejado de vender más de 38 millones de cajas de ron solamente en ese país, lo cual se traduce en pérdidas netas por 1 000 millones de dólares, según consigna, entre otros muchos ejemplos, el informe pericial confeccionado por Gonzalo González, viceministro, Marino A. Murillo, director de Economía, y Miguel A. Castillo, especialista en Planificación, del Ministerio de la Industria Alimenticia.

En general las operaciones cubanas de exportación e importación de alimentos han sufrido graves azotes. En total los daños y perjuicios en esta rama superan los 1 450 millones de dólares.

En tanto, la industria ligera, productora por excelencia de artículos de consumo para la población, también ha sentido fuertemente los embates, limitaciones y sabotajes de una política sumamente hostil.Aunque con bajo nivel de desarrollo, en 1959 sus establecimientos en mayoría dependían tecnológicamente de la nación norteña. Por eso un gran inconveniente ha sido reponer equipamiento y evadir restricciones, a alto costo, para adquirir piezas de repuesto, suministros y partes que permitan continuar su funcionamiento, como demostró Leonel Crescencio Amador, en su informe pericial.

Los más recientes instrumentos legales de la enmienda Torricelli y la ley Helms-Burton, también tienden un fuerte cerco a esa industria y a los inversionistas extranjeros potenciales y reales, que interrumpen o abandonan su participación en Cuba bajo presiones de todo tipo, añadió.

COMERCIO INTERIOR: INCALCULABLE COSTO SOCIAL

Si las afectaciones de la política criminal yanki en alguna esfera incide con fuerza en el conjunto de la economía y la vida cotidiana del cubano común, es sin duda en el sistema de comercio interior porque representa el final de la cadena en la importación y producción de bienes y servicios destinada a la población y todo el andamiaje posterior creado para su transporte y distribución, bajo normas que garanticen la mayor equidad y justicia sociales.

Bajo ese prisma inobjetable enfocaron su exposición los peritos del Ministerio de Comercio Interior, Julio García Pose, Manuel Santos Rodríguez y Manuel Pérez Pérez, quienes, además de sustentar los daños y perjuicios calculados en 4 087,1 millones de dólares, fundamentaron que la distribución de productos, con el propósito de desestabilizar la economía e indisponer a la población, ha estado entre los objetivos fundamentales de las acciones terroristas, financiadas por las administraciones yankis.

Catalogaron como las tres principales repercusiones del bloqueo en el sector: el sobredimensionamiento de los sistemas logísticos de almacenes, frigoríficos, transporte y personal al alejarse las fuentes de suministros; la aplicación de un sistema de racionamiento en alimentos y otros bienes, y las dificultades en el acceso al mercado internacional.

Para ofrecer testimonios de sabotajes directos a diferentes centros de producción, comerciales y culturales, algunos de los cuales fueron tan severamente dañados que no pudieron recuperarse, declararon 16 testigos de estos hechos y oficiales del Ministerio del Interior a cargo de las investigaciones seguidas en cada caso.

En sus testimonios narraron aspectos relacionados con las acciones perpetradas contra los cines Yara y Riesgo; las fábricas de pasta dental de Jovellanos, la de calzado Bulnes, la de fósforos del Cerro, la tenería Patricio Lumumba, la textilera Mayabeque y otras; así como a las tiendas El Encanto, de Ciudad de La Habana y Santiago de Cuba, La Epoca y Flogar, también de la capital.

(Publicado 4/3/2000)