Sabotajes de todo tipo al turismo y la aviación

Alexis Schlachter, Sara Más, María Julia Mayoral y Susana Lee
FOTOS: RAUL LOPEZ, WALFRIDO OJEDA, JORGE LUIS GONZALEZ

Cerca de 80 cruceros transitan por el área del Caribe en una modalidad turística que adquiere cada vez más fuerza. Pero a Cuba, con una ubicación privilegiada en el área, se le limita la participación en tales actividades. Por obra y dictado de las leyes estadounidenses Torricelli y Helms-Burton, cualquier barco que toque puerto aquí tiene prohibida la entrada a la nación norteña en los siguientes seis meses, además, cinco empresas de ese país controlan el 90 por ciento de la capacidad de crucero en la zona.

2marzo4-2.jpg (17132 bytes)Miguel A. Figueras fue uno de los cinco testigos que declaró acerca de las agresiones contra el sector del turismo.

Esta es apenas una de las muchas formas mediante las cuales el gobierno norteamericano bloquea uno de los sectores clave para el crecimiento de nuestra economía, según corroboró ayer el testigo Miguel Alejandro Figueras, asesor del Ministro del Turismo, durante la práctica de pruebas de los hechos de la Demanda a los Estados Unidos por los daños económicos ocasionados a Cuba.

Son también parte de esa estrategia, las campañas enemigas, presiones a turoperadores y agencias de viaje, sabotajes a instalaciones turísticas, prohibición expresa a que viajen a nuestro país líneas aéreas norteamericanas y turistas de esa nacionalidad, así como la imposibilidad de que dichos ciudadanos puedan usar en territorio cubano determinadas tarjetas de crédito, puntualizó.

2marzo4-3.jpg (13188 bytes)Iduberto Albiza testificó sobre los efectos del bloqueo a la aviación civil.

La intimidación a empresarios extranjeros interesados en invertir en el turismo y a los que participan en él mediante empresas mixtas, es una de las más agresivas modalidades para entorpecer y deprimir el flujo turístico al país y el fomento de dicho sector. Como consecuencia, varios proyectos se han interrumpido, otros no llegaron a iniciarse y algunos fueron abandonados en medio de las conversaciones.

Jorge Víctor Núñez, director de negociaciones del MINTUR, citó varios casos, como el de una inversión en los cayos Romano y Paredón Grande, la cual no llegó a concretarse, pues aprobada ya la creación de la empresa mixta, la parte extranjera se retiró debido a las advertencias estadounidenses por las consecuencias que podría tener para sus intereses y familia. Los ingresos estimados de ese programa rondaban los 300 millones de dólares.

Las difíciles y complejas condiciones impuestas al desarrollo turístico equivalen a pérdidas superiores a 16 000 millones de dólares, resumió el ingeniero Eduardo Rodríguez de la Vega, viceministro del organismo.

De la Vega expuso que una de las medidas coercitivas más fuertes se dirigió, primero, a restringir el turismo y más tarde, a evitar la visita amistosa de sus ciudadanos aquí. Esto, por supuesto, tuvo consecuencias económicas negativas. Cálculos conservadores estiman que entre 1959 y 1998 pudieron haber visitado esta tierra alrededor de 102 millones de turistas norteamericanos.

Estados Unidos, el principal país emisor de turistas hacia el Caribe, mantiene leyes restrictivas únicamente contra Cuba. Solo por obstaculizar de forma sistemática cualquier escala de los cruceros en nuestros puertos, se calculan pérdidas superiores a los 1 600 millones de dólares.

Otros perjuicios están dados por la disminución de turistas en algunos momentos, como sucedió con Italia luego de la muerte de un ciudadano de ese país por el sabotaje contrarrevolucionario a un hotel en La Habana. También fueron señalados como hechos negativos la falta de condiciones financieras adecuadas debido a presiones norteamericanas y los impedimentos para utilizar Internet con la finalidad de facilitar reservaciones seguras y rápidas con destino a instalaciones nacionales.

Para agregar elementos sobre un frustrado intento de sabotaje en el hotel Sol Palmeras, de Varadero, compareció luego el testigo César Rodríguez Rodríguez, instructor del MININT.

ATAQUE IMPERIAL A CUBANA DE AVIACION

La aviación civil cubana también ha sido víctima de la hostil política estadounidense. Demostrar los efectos sufridos fue el objetivo del informe pericial elaborado por los ingenieros Argimiro Ojeda, vicepresidente del Instituto de Aeronáutica Civil de Cuba y Nelson Viñas, especialista en la Dirección de Transporte Aéreo y Relaciones Internacionales del IACC, y el capitán de aviación de transporte Francisco José Corveas, experto en operaciones aéreas y asesor técnico de Cubana de Aviación.

El total de los daños y perjuicios ascienden a la elevada suma de 1 407 360 288 dólares, explicó Ojeda. Desde septiembre de 1960 comenzaron las restricciones, cuando el Departamento de Estado norteamericano limitó los viajes de sus ciudadanos y residentes a nuestro archipiélago. Meses más tarde, la prohibición llegó a ser completa, a sabiendas de que el 86,8 por ciento de los visitantes extranjeros recibidos aquí provenían de Estados Unidos. Al mismo tiempo, a las aeronaves cubanas se les negó el permiso de realizar vuelos comerciales a los EE.UU.

Como consecuencia de estas medidas —precisó—, Cuba ha dejado de percibir ingresos por la prestación de servicios aeroportuarios y el cobro de impuestos por el tráfico entre los dos países.

Por otra parte, las prohibiciones con respecto al espacio aéreo asociado a la Base Naval de Guantánamo, impiden los vuelos directos entre Santiago de Cuba-Haití-Santo Domingo y encarecen las operaciones por el aumento del tiempo de vuelo y el combustible adicional empleado.

Solamente las limitaciones para acceder a la tecnología como consecuencia del bloqueo, han significado una erogación adicional de 124,1 millones de dólares, al vernos obligados a usar aviones con parámetros de consumo de combustible más altos que los de la técnica homóloga en otras líneas aéreas, detalló el funcionario.

Tampoco nuestras naves pudieron usar durante muchos años, por impedimento yanki, las rutas más cortas para llegar a Canadá y Europa, lo cual viola la Convención de la Aviación Civil Internacional. A todo esto se suma una larga lista de confiscaciones y embargos de aviones, motores y partes, así como de cuentas bancarias de operación pertenecientes a Cubana de Aviación desde 1960.

De 1959 a la fecha, han sido afectados 78 aviones de diversos tipos por actos terroristas, así como por intentos y secuestros consumados hacia los Estados Unidos.

Con la declaración del testigo Iduberto Jesús Albiza, calificado ingeniero que acumulara más de 24 000 horas de vuelo, continuó la sesión vespertina. Sostuvo que entre los efectos del bloqueo en esta rama es preciso considerar la incidencia en el prestigio internacional de nuestra compañía, pues durante años se ha visto obligada a alargar las rutas (más tiempo de vuelo y mayor número de escalas, con el consiguiente gasto adicional de combustible), a operar con equipos tecnológicamente en desventaja y con inferior capacidad de carga útil.

Otro experimentado experto, el piloto (ya jubilado) Luis José Cereceda brindó su testimonio en relación con el secuestro de una nave del tipo C-47 en julio de 1959, y de la firme actitud que mantuvo ante las autoridades norteamericanas para impedir que, como en otros casos en esos primeros años, incautaran el avión. El lo trajo de vuelta a Cuba.

El siguiente testigo fue el también piloto Armando Barreras Cairo, con larga experiencia en la Fuerza Aérea y en Cubana de Aviación, hoy inspector de Seguridad Aeronáutica tras su retiro como capitán de DC-10, quien narró sus vivencias en cuanto al negativo efecto de la prohibición de volar o sobrevolar territorio de los Estados Unidos obligando a efectuar los viajes a Canadá y Europa por rutas más largas ya que, por demás, incluía la imposibilidad de utilizar los aeropuertos alternativos o de tránsito técnico (con vistas a reabastecer del combustible imprescindible para llegar al punto de destino) en Bermudas y Lages, en el archipiélago de las Azores, por estar ubicadas allí bases norteamericanas.

Detallados e irrefutables resultaron también los elementos aportados por el último testigo, coronel Mario Martínez Alvarez, quien brindó pormenores del crimen de Barbados, donde perecieron 73 personas, entre ellas los integrantes del equipo juvenil de esgrima, al estallar en pleno vuelo el DC-8 que cubriría la ruta hasta La Habana, víctima de un salvaje atentado terrorista. En su declaración incluyó una extensa relación de otras acciones anunciadas, planeadas y ejecutadas por miembros de organizaciones contrarrevolucionarias, al amparo de la CIA, y cuyos cabecillas fueron los connotados terroristas Orlando Bosch, Luis Posada Carriles, Hernán Ricardo y Freddy Lugo.

Pasajes de una guerra terrorista

El 12 de enero de 1996, en una casa del municipio habanero del Cotorro, agentes de la Seguridad del Estado detuvieron a dos personas: Cecilio Reinoso Sánchez y Juan Ramón Reinoso. El primero, un cubano radicado en EE.UU., estaba de tránsito en Cuba bajo supuestas razones humanitarias; el segundo, era su sobrino. Ambos acudieron allí en busca de la caja de herramientas donde ocultaban una preciada carga: material explosivo, detonadores, baterías y 2 relojes con los cuales armarían los artefactos que debían estallar en una instalación turística o una empresa mixta de la capital.

2marzo4-1.jpg (12855 bytes)Algunos de los medios ocupados e introducidos en Cuba para confeccionar artefactos explosivos con el fin de sabotear instalaciones turísticas, entre las que se incluyeron los hoteles Capri y Nacional.

El operativo de la Seguridad del Estado frustró aquellos intentos, según explicó el capitán José Antonio Enríquez Bermúdez. Durante el proceso investigativo pudo comprobarse que se trataba de un acto encomendado desde EE.UU. por el llamado Frente Nacional de Presos Políticos de Cuba a una suerte de filial organizada en Pinar del Río por el propio Cecilio en 1995. Los explosivos habían sido introducidos por un turista extranjero y este los había recibido de manos de connotados terroristas: Gaspar Jiménez y Luis Posada Carriles.

Se trataba de un acto más contra instalaciones hoteleras y otros objetivos del sector turístico, que durante años han sido blanco preferente de ataques directos y sabotajes organizados desde territorio norteamericano con la activa participación de grupos y bandas contrarrevolucionarias. El propósito no ha sido otro que boicotear una esfera valiosa de nuestra economía en la última década.

De ello también dio fe Tomás Rigoberto Fernández, instructor de la Seguridad del Estado, al referirse a la tentativa de sabotaje a instalaciones turísticas y aeropuertos, en 1993, mediante una red que incluyó a un ciudadano mexicano residente en Estados Unidos. Plan detrás del cual se comprobó que estaba la agrupación terrorista Alpha 66.

Un documental trajo a la sala imágenes que no por conocidas, dejan de ser reveladoras y probatorias. En él aparecen escenas de algunos daños causados al turismo por acciones enemigas durante los primeros años de la Revolución, así como los intentos más recientes que implicaron a un ciudadano salvadoreño.

(Publicado 2/3/2000)