ULTRAJE A LAS MILES DE "ÍCTIMAS DEL TERRORISMO INTERNACIONAL

En defensa de la tortura

JOAQUÍN RI"ERY TUR

Todo el mundo la ataca. Lo clásico de la práctica de la tortura es que existe una unanimidad completa en todos los países del mundo en condenarla, repudiarla y denunciarla.

Esto no tiene nada de repudiable, según la Casa Blanca.

Difícilmente un caso así (ellos lo llaman maltratos, abusos físicos y otros "sinónimos") realizado en forma extendida por Estados Unidos dondequiera que sus tropas estén presentes como en Iraq, Afganistán y Guantánamo, pueda pasar inad"ertido. Siempre se sabe y se desata la ola de repudio en el planeta.

Pero no estoy siendo completamente exacto con lo de la condena.

En Washington hay un Gobierno que hasta ahora había negado la práctica sistemática de la tortura por sus tropas. Recordemos que la repetición del mismo tema, una y otra "ez, a un público que toma la pantalla de la tele"isión como un altar, llega a con"encer a los espectadores de que lo dicho es verdad.

Pero de pronto Washington cambia. Comienza a defender la tortura, deja de justificar y de disminuir la realidad y se lanza en una cruzada contra los legisladores que en el Congreso consideran necesaria una ley específica sobre el tema.

Concretamente la pelea es con el Senado, donde se intenta aprobar una legislación que prohibiría al Pentágono (Ministerio de la Guerra) aplicar tratamiento "cruel, inhumano o degradante a detenidos", según afirma The Washington Post.

La ley propuesta, según lo filtrado, es fuerte, pues incluso rechazaría que el Pentágono escondiese a prisioneros de las inspecciones de la Cruz Roja (a la que tendría que informar inmediatamente de los extranjeros detenidos) y usara métodos de interrogación no autorizados por el manual del ejército.

Richard Cheney, vicepresidente de Estados Unidos, saltó fiero. Se reunió inmediatamente con tres líderes republicanos del Comité de Servicios Armados de la Cámara Alta para cabildear con ardor en contra de la propuesta, machacando las palabras con masticación de rumiante para defender los choques eléctricos, el uso de perros, el "submarino" desesperante, las posiciones insoportables de los prisioneros y el color y olor de la sangre.

Para el Vice, la tortura es un instrumento para "proteger a los norteamericanos de eventuales ataques terroristas", un cuento difícil de tragar por la simple evocación de un corrupto.

El problema más grave para Cheney y Bush es que varios congresistas republicanos han expresado en público sus críticas porque hasta la fecha ningún oficial de alto rango ha sido hallado culpable por las torturas en Iraq, Afganistán o en la ilegalmente ocupada base de Guantánamo.

Uno de los escudos de Cheney es su interpretación de que la ley en ciernes menoscaba las prerrogativas del enajenado Presidente-Mesías y se opuso a la intervención del Congreso en el asunto. La deducción es tan fácil que hasta los niños se darían cuenta de que se trata de una defensa abierta del Gobierno de Washington al uso de la tortura y de cualquier método por inhumano y degradante que sea, siempre que sirva para obtener información.

La situación llegó lejos y la discusión estuvo caldeada al máximo, porque al final un Cheney fóbico amenazó con que un W. Bush mesiánico vetaría el presupuesto si se aprueba la legislación contra la tortura, o —como él la llama— "que restrinja las prerrogativas del Presidente".

Por tanto, según él —nada menos que el Vicepresidente que controla los hilos—, Bush tiene facultad para aprobar el empleo de las atrocidades contra los prisioneros y la aplicación de ese método en todas partes es responsabilidad suya, de Cheney y de todo el Gobierno norteamericano. Todos sabían que las torturas eran un instrumento de los "interrogadores" de Guantánamo, Iraq y Afganistán.

La confrontación se vislumbra seria, por cuanto el senador John McCain tiene la intención de presentar su proyecto de ley en los próximos días y la bancada demócrata puede apoyarlo y darle más fuerza.

A Bush, Cheney, Condoleezza, Rumsfeld, Bolton, Noriega y a otros no los inmutaron las fotos y videos sobre las torturas y no hicieron comentarios cuando la comunidad del Capitolio salió horrorizada de una sesión de proyección y opuesta totalmente a que se publicara lo que a ellos les habían mostrado.

El escándalo de Abu Ghraib, Guantánamo y Afganistán ha cobrado un vuelo tan estruendoso y Washington se ha visto tan hundido en el fango de sus propias mentiras que legisladores de su propio Partido han tomado una iniciativa como esta.

Ellos, los bushistas, de todas formas seguirán defendiendo la tortura, perpetrándola. ¿No lo hacía Hitler?

   

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