La política del miedo ha permitido justificar los grandes gastos
gubernamentales en armamento, ayudar a la ultraderecha a ganar los
pasados comicios presidenciales y mantener un liderazgo ahora con un
Gabinete con elementos personalmente leales a Bush, quien aprovecha
el incremento en el gasto militar para beneficiar a siete de las10
más grandes industrias bélicas del mundo, las cuales están
establecidas en Estados Unidos.
Su Gobierno apoya con financiamiento barato la adquisición de
armamento estadounidense por otros países. El incremento en los
desembolsos bélicos tiende a reanimar la alicaída economía
estadounidense, provocando un "bombeo" de casi un 5% más
de dinero, y provee un estímulo que la mera baja de intereses en
los préstamos o la disminución de impuestos no habría podido
propiciar.
Al Gobierno de Bush no le importa que esa inversión no construya
la infraestructura pública necesaria para un desarrollo sostenido.
En este contexto, se desarrolló a Mesa Redonda Informativa de
ayer, Estados Unidos, la guerra y la política del miedo, con
la participación de Reynaldo Taladrid, Juana Carrasco y Lázaro
Barredo, bajo la moderación esta vez de Arleen Rodriguez.
Taladrid duda que prosperen algunas tímidas reclamaciones
demócratas sobre el resultado de las elecciones presidenciales del
pasado 2 de noviembre, e indicó que el elector estadounidense votó
en general por el candidato que creyó más duro frente al
terrorismo creado principalmente por la propaganda imperialista.
Una propaganda con mucho dinero, deshonesta, de una virtual
abierta compra de favores, con recaudadores de fondos agresivos
convertidos en héroes por la actual Administración, indicó Juana
Carrasco.
Se insistió en que es una propaganda que trata de convertir en
heroica la destrucción sistemática de ciudades y asesinatos de
presuntos rebeldes para limpiar con sangre el obstaculizado camino
hacia las elecciones de enero venidero, con las que pretenden
legitimar el espurio régimen iraquí.
Junto con el genocidio en Iraq, la intervención en Afganistán,
de las torturas a los prisioneros allí y en el territorio que ocupa
ilegalmente en Guantánamo, se desarrolla una propaganda mediática
para ocultar la cara mala —la única— de la agresión
imperialista en la zona, que comprende, entre otras cuestiones, el
ocultamiento de las cifras reales de bajas del ocupante y justifica
los métodos más deleznables para eliminar la resistencia.
Pero la imposición de la "democracia" al estilo yanki
ya asusta hasta a sus propios aliados.