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(27 de diciembre de
2002)
Europa despedirá el 2002 con grandes preocupaciones
Mariela
Pérez Valenzuela
Europa inició el 2002
con la presencia física de una nueva moneda, el euro, en 12 de los
15 países de la Unión Europea (UE), y despedirá el año con la
confirmación de la incorporación de otros 10 estados al bloque a
partir del primero de mayo próximo, lo cual constituye uno de los
programas de integración más sólidos en el mundo.
Sin
embargo, se abre un período cargado de retos y desafíos para este
proyecto comunitario, tanto en lo interno, como en sus relaciones
con otros bloques económicos a nivel planetario.
En lo interno, se impone
una reestructuración y una de las diferencias por resolver será la
llamada política agraria común, cuya solución podría ser más
difícil con la ampliación de la UE.
En la Mesa Redonda
Informativa de ayer, cuatro comentaristas de órganos de prensa
nacionales hicieron un recuento de los principales acontecimientos
económicos, políticos y sociales ocurridos en la región durante
este año.
La introducción del
euro creó grandes expectativas porque en un inicio se pensó que de
inmediato podría ser una fuerza económica capaz de debilitar al
dólar estadounidense, pero el año transcurrido desde su
implantación demostró que llevará tiempo la maduración de la
nueva moneda europea.
Analistas económicos
advierten que será imposible lograr un euro consolidado sin la
suficiente fortaleza política y militar de Europa.
Se habla que el gran
proyecto del euro priorizó las relaciones económicas y
financieras, pero no se ha logrado un nivel parecido de coherencia y
de acción común en los términos político y militar.
Otros factores limitan
el desarrollo del euro, como son las bolsas de valores de Estados
Unidos. Los inversionistas, que mueven el dinero, eligen los
mercados más líquidos y los europeos no han logrado crear su
propia bolsa y funcionan con 20 mercados financieros.
La necesidad de un euro
fuerte para atraer inversiones o para evitar que el capital europeo
no se marche a Estados Unidos obliga a la introducción de los
principios del neoliberalismo en ese continente.
Por otra parte, la
región está sujeta a una especie de remodelación y lo peor ocurre
en lo que respecta al aspecto militar. A la Alianza Atlántica
(OTAN), que involucra a los países europeos con Canadá y Estados
Unidos, próximamente ingresarán Rumania y Bulgaria.
Se trata de formar una
fuerza de acción rápida constituida por 60 000 hombres capaces de
actuar en cualquier parte del mundo con los medios más
sofisticados.
Estados Unidos trata de
boicotear el viejo sueño europeo de formar un ejército propio.
Otro aspecto es que ese país coloca bases militares en el espacio
perteneciente a la antigua URSS, como una manera de aislar a Rusia.
La OTAN no es en
realidad un pacto defensivo y no garantizará la tranquilidad en la
zona, sino que constituye una verdadera amenaza. Es una estrategia
de Washington en su afán enfermizo de poder unipolar.
Seguirá siendo un
instrumento en sus manos y así lo demuestran las recientes
declaraciones del secretario general de la Alianza Atlántica,
George Robertson, cuando afirmó en Londres que ese bloque militar
respaldará a Estados Unidos en una eventual guerra contra Iraq.
Sobre la situación
económica en el 2002, la Mesa Redonda puso de manifiesto que
Alemania, la locomotora económica de Europa, ha estado en
problemas. En ese país, el desempleo creció en cuatro décimas en
lo que va de año y superó el 8%, al igual que Francia.
Acerca de la política
exterior europea frente a los grandes conflictos internacionales se
comentó que las opiniones entre los países que forman la Unión
Europea son diferentes, pero en general el bloque se proyecta como
tal para algunos asuntos específicos.
Hay situaciones en el
área internacional que pueden convenir solo a una parte de los
países miembros de la UE.
En el tema de Iraq,
mientras Alemania descartó su apoyo a Estados Unidos en una
eventual guerra contra ese país, el Reino Unido, España e Italia
anunciaron su respaldo incondicional.
Francia, junto a Rusia y
China, se opuso a una inmediata acción por parte de Estados Unidos
y logró la Resolución 1448 del Consejo de Seguridad, que aunque no
detiene a la superpotencia, pide la cooperación de Bagdad con los
inspectores internacionales de armas.
En general, la
población europea se opone a una agresión a Iraq: en Alemania, el
54%; en España, más del 60% y en la mayoría de los países se
comporta de forma similar.
El gran problema de la
UE es que Estados Unidos reconoce su papel en algunas ocasiones,
solo cuando le conviene, pero en otras, lo ignora. El Viejo
Continente no acaba de tener una voz decisiva.
Europa ha tenido que
enfrentarse este año a los grandes conflictos internacionales, del
medio ambiente, pero también internos.
El problema en Irlanda
del Norte no se resuelve; tampoco las diferencias entre Gran
Bretaña y España con respecto a Gibraltar, y entre España y
Marruecos.
A lo largo del 2002, en
Chipre se mantuvo la misma situación creada desde que Turquía
invadió a esa región y ahora se agudiza el problema con la
ampliación de la UE después de que los greco-chipriotas fueron
aceptados para formar parte del bloque, pero no así los
turco-chipriotas. Se habla de unir a las dos comunidades o crear una
confederación, que permita el ingreso de ambas.
La noticia de fin de
año en Europa ha sido el hundimiento del petrolero Prestige frente
a las costas de Galicia, lo cual provocó una verdadera tragedia
ambiental y severos daños a las poblaciones que dependen de la
pesca para su subsistencia, lo que trajo también profundas
consecuencias políticas.
Se destacó el papel
desempeñado por la población gallega, que ha hecho hasta lo
imposible para tratar de detener las mareas negras causadas por el
accidente, ya próximas a las costas francesas. Mientras eso
ocurría, el presidente del gobierno español, José María Aznar,
convocó solo días después de la tragedia a una reunión de
emergencia para tratar el asunto, y dijo que con anterioridad se
dedicaba "a otras cuestiones de mayor interés".
A pesar de que miles de
españoles han pedido responsabilidad a las autoridades no ha pasado
nada.
Otros problemas que debe
enfrentar el Viejo Continente son la trata de blancas y el consumo
de drogas, que proliferan en la región.
El fenómeno de la
migración, para muchos gobiernos europeos, ha sido una de las
principales preocupaciones este año. En algunas naciones se habla
de crear una guardia fronteriza para deportar a quienes no se les
conceda asilo. |