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(11 de junio de 2004)
El reto es tener
nuestra propia voz e identidad
Sonia
Sánchez
La
lengua es símbolo de identidad de los pueblos y naciones,
instrumento canalizador de maneras particulares de percibir la
realidad y comunicarla, parte de la cultura y medio de expresión de
ella. La lengua es también reflejo de las desigualdades de nuestro
mundo, la hegemonía y el poder de determinadas naciones; numerosas
lenguas hoy corren el peligro de desaparecer. De ahí que su defensa
y enriquecimiento resultan imprescindibles para preservar
tradiciones, culturas, y la existencia misma de naciones y pueblos.
La lengua no es solo
forma, es contenido, identidad, nación, herencia. En ello
coincidieron ayer, en la Mesa Redonda Instructiva Lengua, cultura
e identidad, la profesora titular de la Facultad de Artes y
Letras, Marlén Domínguez, y sus colegas de la Facultad de Lenguas
Extranjeras, Rafael Rodríguez y Dolores Corona, todos de la
Universidad de La Habana, junto al moderador Randy Alonso.
Como manifestación de
una identidad grupal que se construye históricamente y representa
una colectividad, la lengua funciona como un elemento de cohesión,
forma de pensamiento, y refleja la ideología del pueblo que la
habla, estimaron los especialistas: hay políticas lingüísticas,
educacionales que se diseñan en cada país y responden a
condiciones políticas, económicas y sociales concretas.
En este sentido, se puso
de manifiesto la existencia de tres bloques integrados, en primera
instancia, por un sistema de ideas sustitutivas que apuntan hacia la
conveniencia de reemplazar una lengua por otra, y que se aprecia
mucho en Estados Unidos, donde el inmigrante es absorbido por la
cultura del país; un segundo de ideologías lingüísticas, de
desplazamiento, que dan entradas a otros idiomas en algunas esferas
como la investigación y las publicaciones científicas, los
negocios y las universidades; y un tercero referido a la ideología
lingüística aditiva, que comprende la idea de que hay que defender
la lengua nacional en balance armónico con la promoción de otras
lenguas para lograr más posibilidades de intercambios y ampliar el
horizonte de las personas. Por ejemplo, en Cuba se profundiza en el
conocimiento del español, pero también se promueve el dominio de
otros idiomas, en aras de la cultura integral que fomenta nuestra
Revolución socialista.
No hay lenguas mejores
que otras, ni la variante cubana del español es inferior a las de
otras regiones de la América, se aseguró en el espacio que contó
con una entrevista televisiva al respecto a la directora del
Instituto de Literatura y Lingüística, Nuria Grégori, quien
aseguró que en cada zona del país hay una entonación específica,
y que la lengua es un hecho social y depende de la familia, la
escuela y los medios de difusión masiva.
Como afirmara Randy
Alonso, el reto es tener nuestra propia voz y nuestra propia
identidad en el mundo global, teniendo siempre en cuenta aquello que
nos pidió Martí: "El lenguaje ha de ir como el cuerpo esbelto y
libre, pero no se la ha de poner encima palabra que no le pertenezca".
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