|
(1 de noviembre de 2003)
Los dilemas de Washington
Continúan las bajas
norteamericanas en el cada vez más inestable Iraq como resultado de
la resistencia que se opone con más fuerza a los invasores,
realidad que ocupa y preocupa a la cúpula gobernante en Washington,
quienes ya empiezan a darse cuenta, aunque no lo reconozcan
públicamente, que están embarcados.
La situación es
agónica y comienza lo que pudiera ser el inicio de una desbandada
de los organismos internacionales. La ONU se marcha por la falta de
seguridad, a pesar de las "garantías" que dice haber
creado el Pentágono.
Sospechosamente algunos
de los crecientes ataques de la resistencia no son reportados, y la
moral de los ocupantes es cada vez más baja. Se prohíbe a los
soldados criticar al Gobierno, crecen los suicidios. Ya Washington
no sabe a quién culpar de las acciones armadas en contra de sus
tropas porque, sencillamente, no tienen control alguno sobre la
situación.
Algo parecido, aunque
con un perfil menor, es lo existente en Afganistán. Mientras, en el
campo de concentración de Guantánamo el futuro de los prisioneros
es incierto.
Estos son solo algunos
de los dilemas de Washington, a los que se suma el debate interno en
Estados Unidos, analizados en la Mesa Redonda Informativa de este
viernes en la que participaron los periodistas Aixa Hevia,
vicepresidenta de la UPEC; Juana Carrasco, de Juventud Rebelde;
Lázaro Barredo, de Trabajadores, y Reinaldo Taladrid, de la TV
Cubana, bajo la conducción de Randy Alonso.
La Administración
pierde credibilidad y se critica abiertamente al presidente George
W. Bush, quien todavía logra respaldo a sus acciones, pero no de
manera unánime. Las ganancias, mientras tanto, siguen llenando los
bolsillos de las transnacionales. Todo ello provoca el
enfrentamiento de la prensa norteamericana con la Casa Blanca.
El Presidente —cuyo
fracaso es evidente— se queja porque solo se publican "malas
noticias", como si hubiera algunas buenas.
La Administración trata
de contrarrestar esta situación con medidas como la prohibición de
filmar la llegada de los ataúdes, tratando de impedir que la
opinión pública contabilice sus víctimas.
Cada vez más la
situación se parece a la que precedió a la derrota del imperio en
Viet Nam. (A.R.)
|