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(25 de octubre de 2003)
El Presidente está en apuros
ARNALDO MUSA
No cabe duda de que el
presidente norteamericano, George W. Bush, es el hombre de las
guerras, léanse agresiones, el que más endilga el epíteto de
terrorista para justificar las campañas militares, ganarse el
calificativo de triunfador, y así aspira a reelegirse en el 2004.
Pero ahora tropieza con
resistencia por doquier en las naciones ocupadas, principalmente en
Iraq, donde los agresores son objeto de osados ataques de la
resistencia, muchos de los soldados han tenido que ser evacuados del
país y crece el número de los que se suicidan.
Informaciones
extraoficiales indican que solo en Iraq se realizan 30 acciones
diarias de la resistencia, y se ocultan las cifras reales de bajas
del ocupante.
A esto habría que
añadir que hay más de 10 000 iraquíes detenidos y otros son
asesinados en los registros domiciliarios, los puestos de control y
los ataques de los militares contra civiles, sin contar que el
ocupante, al estilo sionista en los territorios ocupados, utiliza
excavadoras para destruir plantaciones, a manera de castigo.
Este viernes Bush
retomó el pulso político de Washington, tras permanecer lejos de
la capital estadounidense durante 10 días, y aseguró sentirse
"suelto" para afrontar los muchos problemas que le esperan
en casa.
En Canberra, se vio
envuelto en la polémica surgida por el informe del secretario de
Defensa, Donald Rumsfeld, quien puso en duda los avances en la
llamada guerra contra el terrorismo, además, de que personalidades
australianas lo interpelaron por las torturas a que son sometidos
los prisioneros de la agresión a Afganistán recluidos en la base
de Guantánamo.
Durante la gira por seis
naciones asiáticas, Bush supo que un importante grupo de senadores
republicanos se unió a las filas demócratas para pedir que al
menos la mitad de los 20 000 millones de dólares que su Gobierno
desea destinar a la reconstrucción sea en préstamos y no a fondo
pedido. A esto hay que sumar el escepticismo creciente de la
opinión pública norteamericana hacia la rentabilidad de una
operación militar que no ha servido para encontrar los supuestos
arsenales de destrucción masiva de Bagdad.
La consecuencia es que
en marzo, cuando comenzó la invasión para derrocar a Saddam
Hussein, el 75% de la población apoyaba al mandatario de la Casa
Blanca y ahora menos de la mitad de los encuestados aprueba su
gestión en el manejo de la posguerra iraquí.
En el frente económico,
las perspectivas no son buenas, porque la recuperación no se
consolida, el desempleo sigue en el nivel más alto de los últimos
diez años y el déficit público ronda el medio billón de
dólares.
Pese a que el panorama
no es demasiado alentador, el mandatario se mostró confiado en el
triunfo ante un grupo de simpatizantes republicanos que pagaron
hasta 10 000 dólares el cubierto para cenar con él en Honolulu
(Hawai).
Como el
"avestruz" que esconde su cabeza para no ver a sus
enemigos, Bush dijo que no estaba prestando atención a la batalla
en el Partido Demócrata, donde nueve aspirantes optan a desbancarle
de la Casa Blanca, e incluso dejó ver que ni siquiera lee los
periódicos. Así no podrá ver tampoco cómo empresas
norteamericanas y de sus aliados se reparten el "pastel" en la
reconstrucción de Iraq, cobrando 10 veces más de lo que podría
corresponder.
Mientras tanto en
Washington, San Francisco y otras 140 ciudades norteamericanas,
decenas de miles de personas pedirán este sábado el cese de la
ocupación de Iraq y la agresión al pueblo palestino, además de
manifestarse contra la desocupación, la falta de educación, salud
pública, y la política norteamericana hacia Cuba. Es la
continuación de multitudinarias muestras de rechazo a la guerra
realizadas en Washington el 18 de enero y 12 de abril, y en Nueva
York el 15 de febrero, lo que no se veía en Estados Unidos desde la
agresión a Viet Nam.
En este contexto se
desarrolló la Mesa Redonda Informativa de este viernes con los periodistas
Rogelio Polanco, Reinaldo Taladrid, Juana Carrasco, Lázaro Barredo
y Aixa Hevia, todos bajo la conducción de Randy Alonso.
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