Campismo vs. Charley

Walkiria Figueroa Enríquez

La exploración de cavernas, el baño en ríos o pequeños saltos de agua y el contacto con la naturaleza son algunas de las opciones que ofrecen las ocho bases de campismo en la provincia de La Habana, cinco de las cuales fueron dañadas por el paso del huracán Charley.

Foto: RAÚL LÓPEZ La Coronela es la instalación más dañada en el territorio habanero.

Las averías más serias se produjeron en La Coronela, en Caimito; Mayabeque, Melena del Sur; Las Almendras, Bejucal; La Herradura, Mariel, y La Chorrera, Artemisa.

En estas unidades se reportaron la destrucción de cubiertas y el derribo de postes eléctricos, señaló Gilberto Justiniani, vicedirector de Explotación y Desarrollo de la Empresa de Campismo en el territorio, quien aseguró que con la excepción de La Coronela (que no entrará en servicio) ya todas las bases fueron reparadas y solo esperan la conexión eléctrica para funcionar. Puntualizó que todo el personal turístico que se encontraba en las unidades fue evacuado ante la inminencia del paso del huracán.

Las bases de Boca de Jaruco, en Santa Cruz; Escaleras de Jaruco, en esa localidad, y Mampostón, en San José no fueron dañadas, y en menos de 72 horas recibían huéspedes. A ellas se unió Mayabeque.

"Todo el personal de la empresa trabaja intensamente por la recuperación total y no renunciamos, a pesar de las dificultades, a saludar el VIII Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas con la continuidad en la prestación de nuestro servicio y el cumplimiento de los planes económicos. Para ello laboraremos en lo que resta del año con mayor intensidad", concluyó Justiniani.

BASE LA CORONELA

En la meseta de Anafe y a orillas del embalse donde entrenan los deportistas náuticos cubanos se encuentra la base de campismo La Coronela, en el municipio de Caimito, uno de los más perjudicados por el paso de Charley.

Aunque recogida y limpia, muestra las heridas del azote del huracán. Su director, Rodolfo Alonso Hernández, explicó que de 46 cabañas, 39 perdieron parcial o totalmente las cubiertas; los árboles apenas existen y las aceras casi desaparecieron.

Los 25 trabajadores están enfrascados ahora en la recuperación del restaurante y acopian los restos de los árboles caídos para utilizarlos como combustible en la elaboración de los alimentos.

Precisó Alonso Hernández que, gracias a las medidas de protección, hoy no lamentan pérdidas de alimentos, colchones, y televisores, entre otros recursos. Esta instalación, dijo, comenzaba al finalizar el verano un proceso inversionista que incluía la instalación de servicios sanitarios en el interior de las cabañas y la construcción de cubiertas de placas en cada una de ellas. En la actual situación se decidió acometer estas labores de inmediato y en unos meses debe estar totalmente remozada.

En La Chorrera los estragos de los embates del viento son ya historia pasada. José Antonio Deulofeu, director de la base, aseveró que solo falta la instalación de un transformador eléctrico para comenzar de nuevo a funcionar plenamente.

Deulofeu destacó la disposición de los 36 trabajadores del centro en la evacuación de los campistas y la recuperación de esta, "nuestra casa grande".

26-8-2004