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En Baracoa se buscan soluciones IRAIDA CALZADILLA RODRÍGUEZ Lino Pérez casi ha perdido la voz. Por el auricular las palabras se sienten broncas y escurridizas, como si quisieran descansar definitivamente después de tantos días en que su dueño no ha dejado de usarlas. El Presidente del Poder Popular en Bauta, La Habana, tiene ahora su propio huracán. Charley dejó en el piso más de 300 postes y columnas del sistema eléctrico, y también algunas torres de alta tensión.
Los más de 50 000 habitantes de la localidad han estado sin fluido eléctrico todos estos días, y sin agua. Según Lino, esa es la situación más grave, y aun cuando se abastecen con carros pipa y pusieron en marcha nueve pozos que antes no se usaban, es insuficiente. Él lo sabe: se alivian las comunidades aledañas al municipio, pero los problemas mayores están en el casco urbano y en particular en la localidad de Baracoa. "Las pipas las aportan varias empresas de aquí, y se espera el apoyo de entidades de La Habana y de otras provincias. Se trabaja mucho, pero hay que atender las necesidades más urgentes de la población porque los efectos de Charley están muy presentes". Bauta es solo un botón de muestra en La Habana de hoy. De La Habana, que en un primer momento llegó a tener 56 194 evacuados y 10 404 albergados, ahora quedan 13 605 de los primeros y 2 489, de los otros. Grandes afectaciones, aún no totalmente cuantificadas, se aprecian en las producciones agrícolas, las mayores en el plátano, pero también en el cítrico, tabaco y el sector pecuario. Un repaso al último parte lo ofrece Ileana Malem, directora de Economía y Planificación en el territorio: Todavía ayer se reportaban en el sistema eléctrico afectaciones totales en 1 017 postes, 105 transformadores, ocho subestaciones y 36 torres de alta tensión. En las comunicaciones, 750 postes telefónicos yacían en el piso, así como 200 kilómetros de cables y cuatro torres de líneas. Pero en Baracoa se sabe poco de esto. La falta de fluido eléctrico atenta contra la información oportuna y se vuelve imprescindible la comunicación hombre a hombre. Allí la situación de las viviendas es lo más complejo, pues la mayoría eran de madera y teja francesa, viejas y pegadas a la costa. Ver el hogar destruido es dramático, pero saben que recibirán apoyo, como siempre, y la confianza en la Revolución está en pie firme. La electricidad todavía es futuro, pero no han faltado cuatro pipas de agua permanentes, y se conectó también una planta eléctrica a un pozo cercano para reforzar el suministro del preciado líquido. Pero sobre todo, en Baracoa brilla la solidaridad humana: más que en los albergues, la gente se refugió en las casas de vecinos y familiares. Querían estar lo más cerca posible de sus pertenencias, quizás con la idea afincada de salvarlas del maleficio de los vientos. Mario Cárdenas, presidente del Consejo Popular de la localidad, anticipa que hoy deben comenzar a llegar los materiales para reparar los techos de canalones que volaron con prisa desde las dos escuelas que llevan el nombre de Pedro Esperón y los de las viviendas con daños parciales; a partir del lunes se estabilizaron la venta de pan y la entrega de gas; dos camiones de volteo y un Volvo recogen los escombros; ya se activaron las comisiones de Vivienda del Consejo y de las circunscripciones; y para que la población esté informada, en el correo se instaló un televisor, poco, reconoce, pero la única alternativa posible que permite la planta eléctrica de ETECSA ubicada en Baracoa. Todo lo humanamente posible se hace con los recursos que hoy poseen, sin renunciar a la celebración del aniversario 142 de la localidad el próximo 25 de septiembre, porque a esos hombres y mujeres de mar Charley no tiene derecho a quitarles los sueños.
18-8-2004 |