|
28 de febrero de 2005
Elecciones en la
memoria
La guerra del trapo
sucio
ROLANDO PÉREZ
BETANCOURT
Lo
que a continuación cuento ocurrió entre octubre y noviembre del
año 1956 y en todos los casos los hechos descritos fueron recogidos
por diferentes publicaciones de la época, o dados a conocer en
emisiones radiales.
Batista, afincado en el
poder desde el golpe del 10 de marzo de 1952 y sin ningunas
intenciones de soltar prenda, había aceptado unas "elecciones" para
1958, y a varios meses de concretarse el rompimiento de la piñata
patria, se intensificaban los ajetreos políticos en las juntas
electorales del país con el creciente trueque de planillas de
afiliación por cédulas.
Capturar cédulas
volvía a convertirse en la obsesión de los políticos, lo mismo de
los que ya ostentaban un cargo como de los que aspiraban al
destronque de los que estaban. Una contienda sin cuartel que hizo
declarar a Bebo Guaracha, célebre sargento político de la barriada
de Jesús del Monte, que "en las elecciones, como en la guerra y en
el amor, se valía de todo".
Y ese todo se
concretó nada más y nada menos que en la figura del doctor
Joaquín Ochotorena, presidente del Tribunal Superior Electoral y,
además, amigo del presidente Batista. Pundonoroso en su reluciente
traje de dril cien, el doctor Ochotorena daba a conocer a un
periodista que había sido víctima de un "forro", ¡un vulgar forro
con mi persona!
Y ante la invitación de
resultar más explícito, explicaba:
—Acabo
de enterarme que mi nombre, con todos los datos de mi cédula
electoral, aparecen en una planilla de adhesión al Partido Nacional
Revolucionario.
—¡Qué
audacia, doctor —achuchaba el profesional de la pluma—, usted,
un batistiano de siempre!
—Estoy
esperando una visita de desagravio de dirigentes de dicho Partido —terminaba
de desahogarse Ochotorena—. Ahora quieren hacerme creer que la
culpa del forro la tiene un oscuro sargento de barrio, un tal Bebo
Guaracha.
Por doquier, se desataba
la guerra del "trapo sucio". En Trinidad, los auténticos grausistas
proferían gritos de protesta: "El representante del PAP, Rolando
Fisher, ha acaparado 14 536 carnés electorales, lo que representa
el 60% de la población apta para el voto". El resto era disputado a
colmillazos y veneno en el café con leche por los parientes de la
coalición gubernamental: los partidos Radical, Demócrata y
Liberal. De ahí que el manenguismo oposicionista se
debatiera en su impotencia recurriendo a las mismas frases
amenazantes que hicieran época en los tiempos de conservadores y
liberales: "¡Va a correr la sangre!" "¡Qué suelten el macao
porque va a correr la colorá y en condiciones!"
En Cienfuegos, la
batalla por las cédulas adquiría matices diferentes. En una
denuncia formulada por un grupo de concejales contra los partidos de
Batista, se detallaban los nombres de cientos de personas fallecidas
que aparecían autorizando a los agentes coalicionistas para que
recogieran sus carnés en las Juntas de la Perla del Sur. "Han
mudado el cementerio para los colegios electorales", expresaba la
denuncia en una de sus partes.
En La Habana, el
delegado político del denominado Partido Revolucionario Cubano daba
a conocer ante el Tribunal Supremo Electoral que "en todas las
Juntas de la capital se tramitan planillas con firmas falsas".
Orúe, alcalde de
Marianao, municipio con rica tradición en "forros", se sentía
aludido: "A mí que me registren, limpio como una golondrina". Y sin
vacilar, gritaba por una emisora de radio un llamado al respaldo
popular: "¡Al combate corred, marianenses...¡"
En Oriente, el político
Morcate Cobas denunciaba tajantemente: "Los auténticos que no se
hagan los zorros; tienen barbacoas de cédulas como los otros. Si
quieren, digo los nombres". La respiración entrecortada, el
opulento Codina Subirats escandalizaba una tertulia grausista en el "Patio
de la Cubanidad" para describir los sucios manejos electorales de
Luis Lima Delgado, representante del PAP en Victoria de las Tunas: "¡Tiene
pozos repletos de cédulas!" A su vez, el senador batistiano José
González Fuentes se defendía: "No hablen tanta bobería, señores.
Waldo Pérez Almaguer se retrató al lado de una pirámide de
cédulas en Holguín. ¿De dónde las sacó, eh? Y no me digan que
se la hicieron los esclavos egipcios".
En otras ocasiones se
prescindía del formulismo embarazoso de las planillas para recurrir
a métodos más expeditos, como el ocurrido la noche estrellada del
16 de noviembre de 1956, cuando 3 700 cédulas desaparecieron en
Palma Soriano sobre las veloces patas de un caballo.
De la afiliación
partidista del cuadrúpedo —según daba cuenta la noticia— nada
se sabía.
|