Isla de la Juventud
La
Evangelista, primera denominación de la Isla de la Juventud,
nombrada por su descubridor, el navegante Cristóbal Colón, en
1494, durante su segundo viaje a estas tierras y sirvió por espacio
de 400 años a piratas y contrabandistas como base para sus
fechorías, hasta su renacimiento con el triunfo revolucionario de
1959.
Conocida también como
Isla del Tesoro, Isla de las Cotorras e Isla de Pinos, recibió a
partir de 1975 su nombre actual en justo reconocimiento a los miles
de jóvenes que allí estudiaron y desarrollaron su labor creadora.
El territorio, integrado
entre los 672 cayos e islotes que conforman el archipiélago de los
Canarreos, muestra a los visitantes una accidentada costa con
vegetación exuberante y un relieve donde están presentes los
mogotes, que guardan bajo su capa vegetal una inapreciable fortuna
en mármol de las más diversas variedades.
Tierra del cítrico y la
cerámica, en la época de la floración de las plantaciones el olor
a azahares domina el aire en una señal de la venidera cosecha de
toronjas y naranjas, muy demandadas por consumidores en todo el
planeta.
Convertida
en zona protegida por los elementos naturales y arqueológicos que
encierra, posee espesos bosques tropicales donde se localizan
iguanas de gran tamaño, jutías, palomas rabiche y puercos
cimarrones, entre otras especies de animales conservados en su
entorno natural.
En el extremo
suroccidental de la isla, a 122 kilómetros de Nueva Gerona -la
capital-, se localiza en un área de cuatro mil hectáreas el Parque
Nacional Marino Punta Francés, con uno de los ecosistemas costeros
mejor conservados del país.
En la zona terrestre
figura además una frondosa vegetación con su hábitat de la fauna
a ella asociada, la cual incluye al tocororo, el cabrerito y la
cotorra.
En el plano submarino,
se localiza un arrecife coralino de extraordinaria belleza,
virginidad y diversidad de especies, con numerosas esponjas
tubulares y abundantes cuevas, todo ello válido para la actividad
del centro de buceo El Colony, donde se ofertan inmersiones diurnas
y nocturnas, fotografía submarina y facilidades de marina con
atraques para 15 embarcaciones, con servicios de agua potable,
electricidad, combustible y comisaría.
Impresionantes además
resultan sus playas y selvas compactas pobladas de pedregales,
frondosas palmeras y manantiales de aguas sulfurosas, muy demandados
por los visitantes.
En el plano histórico,
los amantes de las tradiciones disponen del museo Finca El Abra,
declarado Monumento Nacional, que recoge aspectos de la estancia del
Héroe Nacional José Martí en el lugar, así como algunos de sus
objetos personales.
En igual condición
está el tristemente célebre Presidio Modelo, instalación única
de su tipo en América Latina, que recoge las características del
sistema carcelario desde la década de los años 20 hasta la etapa
revolucionaria. En sus galeras cumplieron condenas luchadores por la
independencia de Cuba y opositores a las dictaduras que gobernaron
en el país hasta 1959.
Colonias chinas,
japonesas y americanas se suman a los atractivos ofrecidos por la
playa Bibijagua, famosa por sus arenas negras, debido a la acción
erosiva del mar sobre las rocas de mármol, el baile típico del
Sucu-sucu y el célebre sistema cavernario en la playa de Punta del
Este, declarado Monumento Nacional por sus valores históricos.
Descubiertas por el francés de origen sajón Freeman P. Lagne en
1910, la cueva principal atesora en sus paredes 235 pinturas
aborígenes, que la convierten en la más importante de Las
Antillas.