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(12 de febrero de
2003)
Solución a 1 600 grados de temperatura
Texto
y foto: PASTOR BATISTA VALDÉS
LAS TUNAS.— Si algo
jamás pensó el ingeniero metalúrgico Pastor Rodríguez Carvajal
fue que aquella solución sería premiada entre las más relevantes,
dentro del amplio acontecer científico y técnico.
En realidad a él solo
le preocupaba una cosa: hallar una alternativa que disminuyera las
reacciones violentas que el óxido de níquel provocaba durante la
fabricación de acero inoxidable, con negativas consecuencias para
la industria en el orden tecnológico, de eficiencia y financiero.
La introducción del sínter de níquel fue determinante para enfrentar las reacciones violentas en el horno.
"Cuando
se inicia esa producción (inoxidable) en 1992 —explica—
partimos de una tecnología basada fundamentalmente en el empleo de
chatarra de acero al carbono, ferrocromo y óxido de níquel como
fuentes de materia prima. Este último es un subproducto del níquel
que por contener un alto nivel de oxígeno (entre 20 y 22%)
originaba reacciones muy violentas al descomponerse a 1 600 grados.
"Para
que tengas una idea: cuando eso ocurría, por la ventana del horno
se desprendía, incluso, monóxi-do de carbono y acero. Todo ello
alargaba el tiempo necesario para el proceso, incrementaba el
consumo de energía, el empleo de refractarios, de electrodos y, por
consiguiente, el costo de producción se iba por encima de lo
planificado."
Irregularidades propias
de estos tiempos en el mercado internacional produjeron, para colmo,
un descenso en el precio del acero, que complicaba aún más la
situación en la joven industria del sector sideromecánico en Las
Tunas.
LA INTELIGENCIA NO SE
OXIDÓ
Convencido de que para
aquel contratiempo tecnológico tenía que aparecer una solución,
Pastor se dispuso a buscar la fórmula y, con el concurso de otros
ingenieros como Diuris Barroso, Idael Hidalgo y Eduardo García
(coautores de la exitosa investigación), la fábrica logró
reiniciar en 1998 la producción de ese tipo de acero, no a partir
del óxido de níquel, sino con el llamado "sínter" de ese mineral.
¿Qué te hizo pensar
que introduciendo el sínter de níquel podían eliminarse las
reacciones violentas durante la fusión de los materiales en el
horno de arco eléctrico?
"A
diferencia del óxido de níquel, que como te dije tiene entre un 20
y un 22% de oxígeno, el sínter apenas presenta de un 6 a un 9, de
modo que si se aplica de forma dosificada en la carga de materiales
para la producción de acero inoxidable pueden controlarse las
reacciones durante el proceso."
Los resultados no se
hicieron esperar. Con la introducción de esa experiencia,
indicadores tan decisivos como el consumo de energía disminuyeron
de 765 a 556 kW/h la tonelada, fenómeno válido también para el
uso de refractarios (de 17 a 9 kg/ton), así como para el tiempo
invertido en el proceso: 128 minutos por esta vía, frente a 225
anteriormente.
Y como consecuencia
lógica, el costo de producción del acero bajó un 24% en
comparación con el registrado entre los años 1992 y 1994, cuando
se empleaba el óxido de níquel.
No es esta, sin embargo,
la única solución que da respuesta hoy a situaciones que
normalmente se presentan en la gigantesca acería tunera. Como
expresión de la ferviente actividad de innovación,
racionalización y aprovechamiento del talento humano (sin
distinción entre ingenieros, técnicos, obreros...) decenas de
inconvenientes, relacionados en el llamado "banco de problemas",
dejan de ser un obstáculo para la producción.
Por eso Pastor duerme
tranquilo cada noche. Y con una sencillez a prueba de horno en
ebullición, solo considera que ha hecho lo que le correspondía
como trabajador de esa industria que es ya parte insustituible de su
vida.
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