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(26 de diciembre
de 2002)
En defensa del ariete
Alexis
Rojas Aguilera
HOLGUÍN.—
No por oportunismo derivado de la complejísima coyuntura
energética del país, sino porque resulta incomprensible el
ostracismo casi perpetuo a que está sometido, pretendo recordar que
el Ariete Hidráulico existe y resulta la más económica de las
bombas para sistemas de riego y abasto de poblaciones en pequeña y
mediana escalas que se conoce.
Y no es oportunismo,
porque en época ya distante como el jueves 15 de noviembre de 1990,
desde las mismas páginas de este diario, en un texto titulado Un
acueducto singular, ponderé las posibilidades, potencialidades
y factibilidad que ofrecían los arietes, una creación centenaria
del conocimiento humano.
No es necesario abundar
en el principio físico que sustenta su funcionamiento (el golpe de
Ariete, efecto de acción y reacción inercial) ni en la sencillez
tecnológica de sus mecanismos y componentes (cámara, émbolo,
válvula, diámetro de entrada y salida, etc.) ni en la posibilidad
de fabricarlos con materiales recuperados en prácticamente
cualquier taller que posea soldadura y tornería ni en el
mantenimiento cuasi nulo que requieren y apuntar, únicamente, que
cada ariete, sus dimensiones, potencia, sus cálculos, se
corresponden con un caudal específico de agua.
Solamente deseo insistir
en esta ocasión, en el energético que utilizan, justo el elemento
más abundante sobre el globo terráqueo, sumando todas sus
expresiones, aunque una de ellas, la potable, comienza a ser
deficitaria para la humanidad y para algunos el eje de futuras
guerras: el agua. Eso, agua, es lo único que necesitan los arietes
para funcionar. Agua para impulsar agua, sin gastar otra cosa. Y
aunque la eficiencia de bombeo no sea muy alta, el agua que deja
escapar por la válvula para sostener el movimiento del émbolo por
inercia siempre regresa al río, pero el costo es ínfimo.
Y lugares con ríos,
arroyos, tranques, micropresas, etc. , con posibilidades para lograr
el caudal indispensable, abundan afortunadamente en el país. Pero
sucede que casi siempre, cuando existe, el sistema de riego
empleado, en vez del ariete o batería de ellos o molinos de viento
u otra opción eficiente y barata, generalmente funciona con
motobombas, que consumen el bien escaso diésel o electricidad, que
al final también es petróleo.
Por suerte, los arietes
son producidos hasta en escala industrial —por ejemplo, la Héroes
del 26 de Julio de aquí, fabrica un modelo con buenos resultados
dondequiera que se han instalado, y comercializados en poco más de
300 dólares la unidad—, aspecto que facilitaría, si se contara
con la voluntad necesaria y el financiamiento mínimo, la difusión
de este fruto de la inteligencia humana que tan buenos saldos puede
ofrecer.
Cierto es que nadie,
hasta donde conoce este reportero, se ha dignado en razonar
estadísticamente cuánto combustible fósil se ahorraría
sustituyendo motobombas por arietes donde fuera posible.
Emplear bombas de
carnero —como también se les conoce— no es paso atrás
tecnológico aunque a alguno le sepa a eso, sino paso adelante
económico, favorecedor de la eficiencia.
Verdaderamente ni los
más ricos desechan sus ventajas, ¿entonces, por qué las ignoramos
los menos ricos? La inversión inicial, el carnero la paga ahorrando
petróleo, que es cada vez más caro. Y eso es bueno para el
bolsillo del país.
En el texto aludido
afirmé: "...se me antoja el más bello monumento al ahorro que
imaginarse pudiera..." Y hoy lo ratifico. Donde funciona un Ariete
Hidráulico existe un monumento al ahorro de combustibles fósiles.
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