(21 de octubre de 2004)

Eclipse de luna

WALKIRIA FIGUEROA ENRÍQUEZ

El próximo miércoles 27 de octubre en horas de la noche un eclipse total de luna será visible en todo el país y también en el resto de las Américas, informó a Granma el profesor Jorge Pérez Doval, jefe del Departamento de Astronomía del Instituto de Geofísica y Astronomía del CITMA.

Aspectos del eclipse total
 de luna visible en nuestro país
 en febrero de 1971. 

Será este el tercero y último de los eclipses totales de luna observados en los últimos 17 meses (los anteriores ocurrieron el 15 de mayo y el 8 de noviembre del pasado año). La próxima vez que podrá verse uno de este tipo en nuestro país será el 20 de febrero del 2008.

El fenómeno astronómico que podrá apreciarse el próximo 27 comenzará en su fase parcial a las 9 y 14 minutos de la noche (hora de verano) y concluirá a las 12 y 54 de la medianoche. La fase de totalidad se extenderá desde las 10 y 23 hasta las 11 y 45 de la noche.

Para que se produzca un eclipse de luna tienen que hallarse el Sol, la Tierra y la Luna en línea recta o muy próximo a ella, con la Tierra interpuesta entre el Sol y la Luna. En estas circunstancias el satélite natural terrestre se introduce parcial o totalmente en el cono de sombra que en sentido opuesto al Sol, proyecta en el espacio nuestro planeta.

Debido a la inclinación de 5,9 grados que presenta el plano de la órbita lunar en relación con el plano de la órbita terrestre, las condiciones para que se verifiquen eclipses lunares de cualquier tipo solo ocurren cada seis lunas llenas, pues es más frecuente que la Luna cruce por debajo o por encima del cono de sombra.

Un eclipse total de luna comienza siempre como eclipse penumbral (fase que pasa inadvertida) y continúa como parcial a medida que nuestro satélite natural penetra en los conos de penumbra y de sombra de la Tierra, respectivamente. Por último, cuando la inmersión en el cono de sombra es completa se inicia el eclipse total.

Aunque parece lógico suponer que al llegar ese momento la Luna debe hacerse inobservable al verse privada de la luz del Sol, esto ocurre rara vez, explicó el profesor Pérez Doval. La atmósfera de la Tierra actúa como un prisma refractando los rayos solares que pasan rasantes a la superficie de la misma y los desvía hacia el interior del cono de sombra. Estos rayos son de tonalidad rojiza, debido a que la atmósfera terrestre absorbe las radiaciones azules y violetas. Por tanto, la nubosidad en la baja atmósfera y la transparencia en sus niveles superiores, determinan en gran medida la tonalidad que mostrará la superficie lunar durante la fase total del fenómeno.

Casi todos los eclipses totales de luna notablemente oscuros que registra la historia han ocurrido meses, e incluso algunos años, después de grandes erupciones volcánicas que han lanzado a la atmósfera enormes cantidades de polvo y ceniza. Un ejemplo de lo anterior fueron los eclipses totales de luna posteriores a las erupciones del volcán Krakatoa en 1883, del Mont Pelée, en Martinica (1902), del Katmai (1912), del Monte Agung en Bali (1963), del Chichonal en México (1982), y más recientemente del Pinatubo, Filipinas, en 1991. En algunas de esas ocasiones la Luna llegó a desaparecer casi por completo.

Por el contrario, durante los del año pasado la Luna mostró un tono rojizo claro, indicativo de ausencia de grandes cantidades de cenizas volcánicas en la alta atmósfera.

Los eclipses totales de luna no poseen el mismo valor científico que los solares, dijo el especialista, pero pueden aprovecharse para lograr algunos resultados de interés, entre ellos la evaluación del estado de la atmósfera de la Tierra a escala global, y realizar observaciones de ocultamientos de estrellas de brillo débil por la Luna en mejores condiciones que las usuales.

En lo que resta del año se producirán otros fenómenos astronómicos de particular interés para los aficionados a la ciencia de los astros. Los más significativos serán una conjunción (o aproximación aparente) de los planetas Venus y Júpiter, al final de la madrugada del 4 de noviembre, y otra conjunción más notable, de Júpiter con la Luna, con su mayor acercamiento sobre las 4:30 de la madrugada del 7 de diciembre.

También la lluvia anual de meteoros Gemínidas en la noche del 13 de diciembre y un nuevo cometa de cuarta magnitud, el 2004 Q2 (Machholz), visible con prismáticos durante las noches de los últimos días de diciembre y primeros de enero, mientras se mueve por la constelación Tauro.

   

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