Publicadas el 23 de enero de 2009

Esparcimiento en la Calle G

Desde que apareció este espacio he venido siguiéndolo por la gran cantidad de opiniones que surgen ante un hecho determinado, propiciando así el debate entre los ciudadanos. Hoy formo parte de él por una carta publicada el viernes 16 de Enero: Alteración en la Calle G, con la cual no comparto algunos de sus puntos de vista.

Diré que desde hace varios años esa avenida se ha convertido — no sé por qué— en un sitio de encuentros de un determinado sector de la juventud habanera que no ha tenido el espacio suficiente para eso y que escuchan un tipo de música no muy difundida por los medios de difusión ya sea: trova, fusión y principalmente rock. Estos jóvenes, mayormente adolescentes, van al Parque G (como se le conoce) a compartir con otros que tienen las mismas afinidades en cuanto a música, moda, forma de vida, etc. y los hay desde estudiantes de secundaria básica hasta universitarios. Su fin es divertirse y lo hacen con claves, panderetas, guitarras (predominando estas); se reúnen en grupos y comienzan a cantar (descargar como se dice en buen cubano), haciéndose nuevas y buenas amistades. Esto sucede los fines de semana, habiendo una mayor cantidad de muchachos los sábados; claro, después de haber tenido una semana de estudio, de haber realizado pruebas y donde muchos trabajan y estudian a la vez, ¿qué hay de malo en un poco de diversión los fines de semana?

Repito, su intención no es la alteración del orden público, sino entretenerse en un país donde la juventud puede salir y reunirse de forma espontánea en un parque sin temor a ser baleada o asesinada, cosa que no ocurre en ningún país latinoamericano, y no le veo nada paradójico que sea este parque donde se encuentran varios luchadores de este continente.

Solo espero que no suceda lo de años anteriores, que se nos obligue a bajar para Línea y G como si fuéramos unos delincuentes, pues no violamos ninguna ley, pero que sí tomen medidas con aquellos que maltratan la propiedad social, ensucian el parque y consumen sustancias prohibidas.

R. Cabrera

Medidas y no más sermones

Desde hace algunos meses nuestros dirigentes, los medios y la población vienen expresando opiniones sobre la necesidad de terminar con los llamados parásitos, zánganos, es decir, contra los que ni trabajan ni estudian.

Coincidimos con A. Rondón Velázquez cuando afirma que "... el problema tiene numerosas aristas y por tanto requiere de soluciones casuísticas... hay que actuar ya" .

También nos sumamos a su opinión sobre que "...no hemos sido todo lo efectivos que podíamos y debíamos enseñando Historia de Cuba" ... y añadiría: ni historia en general; ni siquiera en las conmemoraciones de fechas históricas que tanto se desaprovechan en las escuelas, organizaciones y centros laborales.

Una verdad que valoramos casi de absoluta es cuando expresa "Hoy en mi Cuba los que menos trabajan comen bien" .

Algunas otras opiniones que hemos escuchado, también sugieren medidas drásticas, incluyendo las que no podemos ni debemos aplicar.

Permítannos convertirnos en abogado del diablo y dar otro elemento más para tratar de enriquecer estas opiniones y el nivel de análisis sobre este tema.

Para nosotros, después de la hermosa labor que hicieron los trabajadores sociales y el gobierno para detectar la situación y la realidad de los que ni trabajaban ni estudiaban, convirtiendo el estudio en un empleo, "no existen los vagos" , por lo menos en el volumen que lleguen a afectar la moral de la Revolución.

Por eso no coincidimos en toda su expresión de que "quien no trabaje en mi país no debe recibir alimentos, electricidad" u otros artículos o servicios como salud, educación, etc., que hemos encontrado en otras opiniones.

Consideramos que no debemos excluir a ningún cubano de los derechos que la Revolución le ha dado a todo ciudadano por igual, porque esto pudiera convertirse en un problema más grave. Tal como no se excluye a ningún reo de esos elementales derechos, haya cometido el delito que haya cometido.

Lo que sí debemos plantearnos es que los que no trabajan ni estudian no son realmente vagos, la inmensa mayoría de ellos los encontramos haciendo marañas con los propios productos que nuestro pueblo con tanto sacrificio produce. Hay algunos que de forma descarada dicen que al Estado ellos no le trabajan por tan pocos beneficios. Es precisamente eso lo que sí le hace daño a la Revolución, que con esas personas no se haga nada e incluso no se tengan clasificados dentro de la categoría de vagos, en el sentido que estamos dándole porque los encontramos muy bien vestidos y muy bien comidos en las afueras de una shoping vendiendo queso, camarones, langosta, carne o cualquier tipo de muebles. Señores, traficando con nuestro sudor y esos deben recibir el castigo por los delitos que cometen y no excluirlos por la clasificación que le dimos," vagos" .

Consideramos que estos no son los únicos que viven del sudor de los que trabajan, hay algunos que entran en otra categoría, pero hacen el mismo daño y son los llamados merolicos, trabajadores por cuenta propia, que desde el punto de vista legal trabajan, pero salvo honrosas excepciones te piden, por ejemplo, por cambiar una taza de baño, 30 CUC o por repellar una cerca de 5 metros, 150 y aquí entran albañiles, carpinteros, plomeros, electricistas, etc.

Por tanto, finalizamos con lo mismo que mencionó Rondón Velázquez: "A pesar de todo son nuestros zánganos, familiares nuestros, a veces, y no podemos mandarlos para ninguna parte, pero darles opciones sí podemos, exigirles que aporten sí podemos, no nos engañemos, con sermones no los convenceremos, pero con medidas sí. El tiempo apremia, la Revolución lo necesita. Nuestra historia lo exige" . Que nuestros zánganos no sean los ejemplos a seguir.

J. Reyes y M. Carvajal

Venta de entradas... en horario laboral

Les escribo con la intención de expresar mi opinión sobre el tema de la reventa de entradas en los teatros de la ciudad.

Soy médico y mi esposa es profesora de psicología.

¿ Saben ustedes cuáles son los horarios de las taquillas que venden las entradas? Generalmente empiezan los martes en la mañana y terminan antes de las cinco de la tarde. Es obvio que un trabajador que cumple con su jornada de trabajo disciplinadamente no puede alcanzar entrada alguna. Eso me ha pasado una y otra vez y me gusta ir al teatro, pero hace mucho es imposible tener acceso a un teatro bajo estas condiciones, o sea, tengo que dejar de trabajar, o llegar tarde o ser un vago en esta ciudad para poder hacer lo que se quiera hacer.

¿Por qué la ciudad y las instituciones no regulan sus horarios y gestiones pensando en los trabajadores, los estudiantes, los médicos, los ingenieros, los abogados, los obreros que se parten el lomo para echar andar este país? ¿Por qué desde las mismas instituciones no se puede ir creando la conciencia de beneficiar a los que se lo merecen por ser los que aportamos a esta sociedad?

Me gustaría que se tome en cuenta esta opinión y que se trabaje en función de los que merecemos la recreación sana de un teatro o de un cine, lo único que se nos permite además porque nuestra economía nos hace priorizar la canasta básica. Cambiar los horarios de las taquillas que venden las entradas es un paso que evita que el día del cumpleaños de mi esposa yo me haya quedado sin un quilo por obtener dos entradas en reventa. Regalo caro que nos hicimos un sábado en la noche dos profesionales de la capital.

Tras disfrutar la función y sin un quilo para más nos fuimos caminando, tomando el aire, mirando cómo los bares y cafeterías estaban colmados de gente cuya apariencia no es la del trabajador simple. Llegamos a nuestra casa satisfechos de que al menos nuestro amor mutuo no nos cuesta nada, y sí vale mucho a pesar de tiempos difíciles y de vida difícil para jóvenes trabajadores de mi ciudad.

Atentamente y agradecidos por su sección:

S. Carrilo

Otra queja sobre el transporte por Astro

Les escribo por un incidente bochornoso que quisiera fuera reflejado en sus páginas. El problema es que el día viernes 2 de enero de 2009 estaba yo acompañando a un compañero de escuela que estaba de visita en mi casa en Palma Soriano y como él vive en Bayamo, nos fuimos para la Terminal para que cogiera una guagua de Astro. Cuando llegamos a la Terminal, aquello no tenía lista de espera apuntándose, no, es llegar, pedir el último y esperar. Ahora me pregunto si no es mejor habilitar una lista de espera como en las demás terminales y no dejarlo así por la cuenta, sabiendo de antemano que esto puede traer consigo desorden e indisciplina.

Preguntamos el último y luego de dar con él, esperamos, sabiendo que Palma es un lugar de tránsito por donde pasan muchos viajes. En eso, estando fuera de la Terminal, vemos cómo una guagua Astro se para en el servicentro que está a una cuadra de la Terminal y pensamos que es que va a cargar combustible, pero es algo realmente bochornoso, estaba "cuadrando" con otras personas para montarlas por fuera de la Terminal, sí, no era otra cosa, pero no fue todo, cuando el chofer llegó a la Terminal, sin ningún tipo de escrúpulo pasó delante de la cola que había allí y le dijo a la que estaba cobrando que no había fallos que ya los pasajeros venían en la guagua y que él le estaba pagando los boletines.

Me pregunto: ¿Los pasajeros montan antes de comprar los boletines, y si es así lo hacen a una cuadra de la Terminal? ¿Es el chofer de ómnibus el encargado de cobrar los pasajes o es en la Terminal?

La cuestión es que el chofer recogió afuera de la Terminal y a sobreprecio, sí, a sobreprecio, llegó a la Terminal y descaradamente le pagó a esas personas para estar, digamos que "legal" .

Los que estábamos allí protestamos porque no era posible que esto pasara en nuestras propias narices y la muchacha de los boletines solo nos dijo que ella no tenía culpa, que si el chofer traía el dinero, ella no podía hacer nada, el chófer ni se inmutó y se fue con sus boletines y para colmo de males todos los pasajes que compró iban para Bayamo. El carro del suceso es el CSN 066 número 2359, un flete de Camagüey a la 1:00 p.m.

Les cuento esta historia que de ficción no tiene nada para que vean un problema del cual nadie habla, pero está latente y los que viajamos lo sufrimos, y es el descontrol y la corrupción que existe entre choferes de Astro. Sé que generalizar es malo, porque existen personas de gestos nobles y valederos, pero irrita apreciar cómo estos medios que el Estado ha destinado para la comodidad de los ciudadanos están siendo utilizados para el lucro personal.

A. Gutiérrez Peña

Tantas miradas no pueden estar equivocadas

En el escrito de Cartas a la dirección del 19/12/2008, Los que quieren trabajar buscan soluciones; los que no, justificaciones, me recordó cuando era estudiante, y que todos optábamos por ser alguien que aportara y recibiera según el principio de distribución de la sociedad socialista: cumplir con la ley de esta etapa de que  "cada cual aporte según su capacidad y reciba según su trabajo" .

Los que hoy somos ingenieros, doctores, maestros y oficiales de las FAR y esos a los que se les pide que aporten un poco más de su esfuerzo, en aquellos momentos vimos y dimos ejemplo de entrega y amor por esta obra que cumplió ya 50 años, y nos vimos estimulados cuando Raúl nos dijo "A trabajar duro" , y con cada una de las reflexiones de Nuestro Comandante.

En aquellos momentos, quien se atrevía a rodar ostentosamente un auto frente al pueblo trabajador era analizado y sancionado, quien no aportaba o trabajaba, la ley contra la vagancia lo llamaba a contar.

El 23/12/2008 a las 5 y 30 de la tarde en la parada esperando el P-9, tres autos hicieron eco del disgusto y el malestar que ocasiona ver autos llenos de jóvenes con la música a más no poder, ingiriendo bebidas alcohólicas en autos ostentosos y compitiendo por el simple hecho de no tener nada que hacer.

Ese mismo día en el noticiero pasaron un trabajo periodístico sobre estas mismas cosas que nos están afectando. Tantas miradas no pueden estar equivocadas. Creo que hay justificaciones de sobra para poner a trabajar a quien no quiere trabajar. La calle tiene que seguir siendo de los revolucionarios, ya se ha avisado bastante, se informa bastante, es la hora de aplicar la razón.

A. Chacón Martín

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