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Publicadas
el 31 de julio de 2009
Una pregunta sobre objeto social
Con gran acierto se están reorganizando muchos servicios y recursos
del país, entre ellos el transporte de carga de los municipios, con
el fin de ahorrar al máximo ante la difícil situación que atraviesa
el país en el contexto de la crisis mundial. Sin embargo, en ese
proceso se están suprimiendo algunos servicios a la población. Por
ejemplo: mi hijo tiene que mudarse con su familia de Perico para un
municipio de La Habana y como es lógico necesita un servicio de
mudanzas para poder trasladar muebles y electrodomésticos. Ese
servicio quedó fuera del objeto social de la nueva empresa de
transporte municipal según nos comunica el compañero director
municipal de transporte, y por lo tanto no puede prestar el mismo.
La pregunta es: ¿quien tiene ese objeto social bajo su
responsabilidad? ¿Se dejó esto a los particulares que lógicamente se
aprovechan de la situación para especular? Por lo que he podido
averiguar otros municipios tampoco tienen ese objeto social entre
sus deberes.
H. Machado Martínez
Urge conciencia, disciplina y control
Escribo desde el firme convencimiento y apego a la conciencia
revolucionaria, como joven militante me motiva abordar las
indisciplinas, delitos e ingratitudes sociales de algunos ciudadanos
cubanos de estos tiempos.
Es común ya hace un tiempo ver como personas
inescrupulosas viven y se enriquecen en nuestra sociedad socialista,
gozando de los mismos privilegios que los ciudadanos honestos que
trabajan conscientes de forjar un futuro mejor.
Este fenómeno se aprecia en el ciudadano que
vinculado laboralmente saca provecho de la función que realiza, lo
mismo está el que roba en la pesa, el carrero que transporta
mercancía y deja un excedente para vender por la "izquierda", el que
roba en los almacenes, el que vende el combustible del medio de
transporte que dispone, tira pasaje o alquila para trasladar
cualquier cosa, el que emplea tiempo, recursos y electricidad del
estado para hacer trabajos particulares, o se lleva los materiales.
También está el empleado que no hace nada o bastante poco y dedica
su tiempo al invento, ganando un salario del estado y obteniendo
beneficios extras.
El que oferta servicios e introduce sus productos,
adultera o le saca el doble a la norma para obtener su parte, y
hasta el funcionario público que debe ejercer el control, supervisar
e inspeccionar y vive de lo que "no ve o de buena gente que pasa la
mano ($)".
En el otro lado está el que no trabaja y
permanentemente vive del negocio ilícito, vendiendo los artículos y
productos robados al estado o confeccionado con materias primas mal
habidas. Abunda también el que revende productos que el estado
oferta a precios de rebaja o subsidio. Otros viven de la venta de
artículos provenientes del exterior traídos por familiares, amigos y
hasta socios.
Como se aprecia, tiene que haber robo, desvío de
recursos, malversación, indisciplina laboral y descontrol estatal
para que los malhechores e inconscientes vivan y generalmente mejor
que cualquier obrero o profesional que suda y se sacrifica.
En reportaje televisivo algunos de los desvinculados
encuestados apuntaban que no habían encontrado opciones que les
conviniera y que no existían incentivos que los motivaran a
emplearse. Después de esto me he preguntado si estarían pensando en
el refrán popular venezolano de "No me des, ponme donde hay" y
esperan por un puesto laboral que les reporte dinero del invento.
Sobre estas cuestiones he llegado a la conclusión de
que es fácil mantener estas conductas deshonestas e inmorales, no
sienten en sus conciencias ninguna deuda de gratitud, ni deber de
ser consecuente con todo lo que han recibido y recibirán en esta
sociedad socialista.
La Revolución nunca ha dado nada para sacarlo en
cara, pero estas personas deberían saber que viven y se enriquecen
por que no pagan la educación y la salud, porque acceden a
medicamentos y alimentos totalmente subsidiados, porque pagan sus
gastos de servicios básicos como agua, electricidad, vivienda,
teléfono, transporte y otros, a precios generosos, porque gozan de
tranquilidad ciudadana y pleno acceso al empleo y a la seguridad
social.
Cualquiera de estos beneficios sería el mayor anhelo
de los millones de desempleados del mundo y sin dudas de una gran
parte de esa clase media que de frente a la crisis mundial se
desmorona.
Nuestros desentendidos, no pretenden valorar el
esfuerzo que hace el país para mantener estas conquistas, tal vez
continúen viendo la crisis desde la sala de su casa, mientras la
mayoría trabaja para salir adelante y el Estado continúa venciendo
las dificultades financieras y asegurando bienestar social.
Deben saber al menos, que nada ha cambiado en los
propósitos del imperio y sus aliados, la edulcoración de las
palabras es un cambio de imagen para reconquistar la opinión
pública, es el "Lobo disfrazado de caperucita". Pretenden ser
bondadosos con el levantamiento de algunas medidas, que ellos mismos
aplicaron en franca violación de los derechos universales y que aún
mantienen sobre sus propios ciudadanos. Es evidente que el peligro
es más subrepticio y que es sobre los habitantes de esta heroica
isla, por eso no es permisible que algunos le hagan el juego.
J. Puigvert García
¿Protección o encubrimiento?
Quiero felicitar, por su valentía, a A. de la C. de
la Barca Portilla, por lo que manifiesta en Cartas a la dirección
del 24 de julio. Lo que dice acerca de tan llevada y traída
Protección al Consumidor es una verdad como un sol; y esto lo sabe
muy bien nuestro pueblo. Desde que se instauró —sucede algo curioso—
los resultados son inversamente proporcionales al objetivo básico
que, supongo, animó su creación. No es mi interés repetir lo dicho,
pero sí agregar breves consideraciones.
Busquemos el origen de tan desagradables y nocivos
resultados y no tratemos de dar más vueltas y vueltas intentando
resolver los problemas con llamados a la conciencia y curitas de
esparadrapo para heridas que ya son peligrosas y causan gran
malestar a la gente más honesta y revolucionaria del pueblo; de
otros no digo nada, porque son beneficiarios del río revuelto.
Hay preguntas que siempre tengo en mi mente: el
robo, el maltrato, la descortesía, la falta de higiene etc. ¿es un
problema insoluble?, ¿acaso la solución está en aplicar mayor
divulgación en nuestros medios? ¿hay que seguir esperando a que se
nos respete y, en ese caso, hasta cuándo?. Pero siempre llego a la
misma respuesta: El problema no radica en crear nuevas unidades
organizativas en las estructuras que ya existen, llámense Protección
al Consumidor u otras, con la vana intención de solucionar el
problema, porque, a la postre, podemos pensar en un posible
enmascaramiento, hasta involuntario, que pretenda evadir la
verdadera y única solución: que los jefes cumplan con su deber.
A personas como yo, que empiezo a asomarme a los 70,
les debe causar como a mí una gran pena y hasta indignación, porque
conocimos de aquella época oscura en la que un empleado de comercio
era botado por no haber atendido correctamente a un cliente, o por
no brindar una información adecuada, o porque alguien se quejaba de
que en tal comercio un dependiente era negro; y mucho más por ser
descubierto llevando a su bolsillo unas monedas de vuelto.
Hoy, por ejemplo en cualquier entidad que opera con
divisas, el personal recibe hasta módulos de ropa y calzado,
climatización hasta por la libre aunque se derroche, salario
decoroso y hasta estímulo en CUC que se entrega por distintos
conceptos; ¿entonces por qué me roban?, ¿por qué no hay higiene?
¿por qué me maltratan? ¿por qué el jefe de área, el jefe de piso, el
jefe de departamento, el administrador o cualquier otro directivo,
al reclamar su presencia para formular nuestra queja, entonces no
está, o está reunido, o se encuentra en provincia en un seminario de
Protección al Consumidor? ¡vaya usted a saber!.
Comprendo que dentro de los problemas de tanta
gravedad que vive el mundo, y dentro de las dificultades que
nosotros mismos vivimos, este tema puede parecer sencillo. Pero a mi
no me parece, porque no hay problema sencillo cuando el pueblo está
padeciendo por algo que su solución SI es sencilla, para lograr
rápidamente desbrozar el camino y que no nos estorbe. Ahora no se
trata de una cacería de brujas. Se trata, simplemente, de no admitir
que continúe este mal empecinado, como el marabú, en eternizarse.
Digo más: me pronuncio por la erradicación de la llamada Protección
al Consumidor que, por demás, significa más documentos, seminarios,
archivos, jefes, subordinados, reuniones, salarios. Contrariamente,
que los jefes se conviertan en enemigos declarados de los efectos
que causan en el comercio y los servicios en general, la
desprotección al consumidor. Basta ya.
Puede que haya sido un tanto irreverente. Si alguien
lo piensa así le pido disculpas. Pero, no obstante, siento gran
placer cuando recurro a Martí: Un hombre que oculta lo que
piensa o no se atreve a decir lo que piensa, no es un hombre
honrado.
S. J. Blanco Hernández.
La maestranza vs. ilegalidades
Decidí llevar a mis hijos a pasear a propósito de las merecidas
vacaciones escolares. La primera visita fue a la casa natal de José
Martí , continuamos rumbo al parque La Maestranza, y allí la
divulgación de lo que se prohibe es asombrosa; sin embargo sucede
todo lo contrario ya que en el parque existían personas adultas sin
la compañía de niños, que en las espaldas colgaban mochilas vacías
para después de una previa coordinación con los dependientes de los
kioscos, salir desbordadas de confituras para ser revendidas incluso
en los alrededores del parque y vale mencionar que estas personas
pagaban en cuc, cosa que no se permite en el parque .
A la 1:30pm los refrescos, maltas y botellas de agua
estaban calientes. Me pregunto: aunque las neveras se apaguen el día
anterior para contribuir al ahorro energético ¿no pueden ser
encendidas bien temprano en la mañana para que faciliten el consumo
de estos líquidos fríos? Los niños no disfrutan y los padres se
preocupan en no poder complacer a sus hijos. Los directivos del
parque no parecían ajenos a tal situación, al contrario parecían
compartirla ya que a un revendedor le dije que escribiría a
Granma y como respuesta rápida el ambiente que se respiraba en
el parque era de intriga y complicidad entre la mayoría de los
trabajadores. Este personaje a quién clasifico como revendedor
conocía a la perfección los cargos de todos los trabajadores,
conversaba animadamente con las veladoras de los equipos y las
dependientas de los kioscos, no lo acompañaba ningún niño y además
de revendedor es un buen vocero; porque en breves minutos comprobé
que el plan de aviso funcionaba a la perfección.
Naylet Castro Basart
Ganemos en Educación Formal
Recuerdo que cuando niño, mi madre me enseñaba las
reglas de educación formal. Aquellas que jamás se olvidan, tales
como: decir buenos días, buenas noches, saludar cuando se entra a un
lugar, tocar la puerta o el timbre de la casa, guardar silencio en
lugares públicos, despedirse, dar las gracias, ser atento y
caballeroso en los ómnibus, cuidar los árboles, no romper los bancos
de los parques, entre otras normas de conducta que nunca se olvidan.
Ya es hora de que nosotros ganemos en cultura,
respeto y convivencia social, en el buen trato y costumbres, esas
necesarias en la vida familiar, en el centro de trabajo o estudio,
para que seamos mejores personas, padres, obreros, profesionales o
técnicos, no sé, cualquier persona desde un niño hasta el abuelito,
para que cualquiera que nos vea diga: ese muchacho es muy amable,
sencillo y educado.
En tal sentido propongo volver a repasar desde los
centros de trabajo, los centros de estudio, bases campesinas, a
todos los niveles, que se cree un curso modesto de "cómo ser buena
persona" o "educación cívica" en sesiones cortas de estudio o por la
televisión a una hora adecuada para que lo podamos cursar, o un
folleto o tabloide, donde todos aprendamos mejores modales,
renovemos nuestras costumbres y forma de hablar, de comer, de
vestirnos, el respeto a los padres, personas mayores, a la
diversidad, el respeto a la ley, obediencia a las autoridades, la
familia, el amor y permanencia en el trabajo, el amor a la patria y
a los símbolos nacionales. Este curso sentaría las bases para
perfeccionar nuestra sociedad, desarraigando los malos hábitos que
se agudizaron durante el periodo especial.
También podría ser una asignatura obligatoria en
todos los niveles de enseñanza y como talleres en la educación
superior.
E. J. Ronquillo Rivero
Batalla contra el despilfarro
Por fin parece que todos, o casi todos, nos vamos a enfrascar en la
batalla que se libra por el ahorro energético —que yo,
personalmente, la llamaría "batalla contra el despilfarro"— que se
ha producido y se sigue produciendo, de este vital recurso para el
desarrollo de nuestro país.
Pero me llama la atención, me choca, que el énfasis
principal se hace en el caso de los consumidores estatales, que si
bien es cierto que representan el mayor peso en el consumo de esta
energía, no es menos cierto que se están fiscalizando y sancionando
insuficientemente los numerosos fraudes eléctricos (el
conocido "chivo") que se están produciendo en el sector residencial,
fundamentalmente a partir de la instauración de las justísimas y
además enormemente subsidiadas tarifas, que muchos consideran
excesivas y a los que hay que imponerlos de su error, aclarándoles
que aún en los casos que se exceden de los 300 kWh mensuales y que
pagan a 1.30 el kWh, aún a los precios actuales más bajos del
petróleo, el Estado revolucionario todavía los está subsidiando por
más de lo que les cobra.
Pero esta batalla debe y tiene que ir más allá:
¿Qué hacer con las rastras y camiones que deambulan
por nuestras avenidas y carreteras vacíos y semivacíos? ¿Y con los
ómnibus que hacen lo mismo y ni siquiera se duelen de los que
andamos a pie?
¿Qué hacer con los que, concluida la jornada
laboral, se llevan el vehículo para su casa y pueden utilizarlo
según les convenga?
¿Qué hacer con la multitud de vehículos de "chapa
amarilla" que circulan felices por nuestras calles y jamás han
entrado en un servicentro del Estado? ¿De dónde sale el combustible
con el que ruedan?
He aquí el filón precioso por el que podemos ahorrar
cientos de miles de toneladas de petróleo en forma de energía
eléctrica, gasolina y gasoil ,para bien de nuestra economía.
A. Nieto Domínguez
Un llamado a la limpieza y la higiene del barrio
Todos hablamos de cuidar el medio ambiente, pero en honor a la
verdad, pocos contribuimos a su cuidado.
Recurriré al lugar más significativo —el barrio—
donde encontramos diversidad de actitudes, así como negligencias e
irresponsabilidades. De hecho allí y en todas partes vemos la
degradación de valores morales y la muestra es la falta de
conciencia y de crítica ante lo mal hecho. Me refiero a los
vertederos en los vecindarios.
(El 31 de mayo) Tiempo atrás la delegada, el
supervisor de Comunales y yo decidimos acabar con esta pesadilla.
Tres camiones de basura y escombros hubo que recoger en tres días
consecutivos. Fue un trabajo arduo. Sin embargo, pocos cooperaron.
Pensé que traería felicidad eliminar lo que tantas molestias nos
traía, pero solo después de realizar el trabajo, admiraron el
resultado al ver decenas de plantas que embellecen el lugar.
Insto a los demás ciudadanos a tomar la iniciativa y
a la vez llamo a todas las instituciones que velan por la limpieza e
higiene de la ciudad, para que pongan a inspectores o a responsables
que multen a los que gustan de estas indisciplinas que atentan
contra el bienestar de todos. Vivimos en una sociedad donde lo que
perjudica a uno, perjudica a todos.
T. Roca Govea
Un planteamiento sensible y polémico
He meditado mucho en relación con el planteamiento que voy a hacer y
he concluido que es honesto hacerlo públicamente, consciente, sin
embargo, de que es polémico.
En los primeros años posteriores al triunfo de la
Revolución fue necesario implementar la libreta de abastecimientos
como un mecanismo que garantizara a cada persona recibir una cuota
básica tanto de productos alimenticios como industriales; la que
normaba la distribución de estos últimos desapareció de manera
automática sin traumatismo alguno en lo más álgido del periodo
especial.
La libreta actual no es un mecanismo adecuado a los
tiempos que vivimos, pues mediante la misma recibe una canasta
básica el total de los habitantes de este archipiélago sin tener en
cuenta las posibilidades económicas de los beneficiados, o sea,
recibe lo mismo el profesor universitario que devenga mil pesos
aproximadamente (mi caso) o la pensionada que recibe 149, pues debe
pagar 51 pesos por el refrigerador que le fue cambiado. Eso no es
equitativo ni justo, con independencia de que se puedan hacer otros
análisis.
Por otra parte están igualmente los miembros de las
FAR jubilados y contratados en un nuevo puesto de trabajo, los altos
funcionarios, los administradores, ahora denominados gerentes en
algunos casos; los empleados y funcionarios del turismo, los
pequeños agricultores, los investigadores, intelectuales, artistas,
los desempleados que ganan más que un profesor universitario...
Claro que no se puede criticar al que gane miles de pesos con su
trabajo, como un agricultor que desafía estos calores en el surco, u
otras personas que lo ganan honradamente prestando grandes servicios
a la sociedad.
No resulta simpático ni grato plantear esto, pues
aun cuando yo reciba un alto salario siempre viene muy bien una
cuota fija de alimentos que recibo casi gratis pues el Estado cubano
adquiere una tonelada de arroz, 2 000 libras, a un alto precio en
dólares y la vende solo en 500 pesos, o sea, 20 dólares. Si al
precio que le costó pagarla usted le añade lo que vale transportarla
hasta la bodega, comprenderá lo insostenible del procedimiento en
medio de una crisis total en la que el ingreso producido por la
venta de níquel, por ejemplo, era una fuente de ingreso para el país
y hoy casi produce pérdida. Todo lo que producimos baja de precio en
el mercado mundial y lo que compramos sube desproporcionadamente.
¿Significa que yo ignore las ventajas de recibir esa
canasta básica subsidiada o que no quiera seguirla recibiendo? De
ninguna manera. Desearía seguirla recibiendo. Pero me hago algunas
preguntas:
¿Debemos dejarles a nuestros descendientes un país
endeudado? ¿Es aconsejable mantener mecanismos que la vida ha hecho
caducar? Tenemos el nivel cultural y político imprescindible para
comprender estos problemas.
El tema es sumamente sensible desde el punto de
vista humano, pero supersensible desde el punto de vista económico.
Sin duda mi hijo Jorge, que disfruta de mi cuota de cigarros, tendrá
que hacer un esfuerzo para comprender que ese igualitarismo es
perjudicial. En ese mismo sentido no es equitativo que el 30% de la
población cubana tenga una cuota de cigarrillos y el resto no.
En Cuba tenemos suficientes personas inteligentes,
capaces de dar solución a estos problemas, de buscar opciones con
las que se proteja a quienes en realidad lo necesiten y para los
cuales la canasta básica actual es dramáticamente insuficiente.
Recibir siempre es menos difícil que ofrecer, hay
cosas que adecuar a estos tiempos para que, como prometió Martí,
alcancemos toda la justicia.
A. Rondón Velázquez |