El Bloqueo en la Noticia

(4 de octubre de 2004)

Bloqueo, un gran demonio no eterno

JUAN MARRERO

Siete de cada diez cubanos nacieron bajo las condiciones del bloqueo. Todos mis hijos y mis nietos vieron la luz y crecieron golpeados por esa política cruel del imperio contra Cuba que les ha causado, en uno u otro momento, privaciones, escaseces de tipo material, sufrimientos y angustias, en fin, múltiples dificultades en la vida cotidiana.

Mi hija mayor nació en 1961, meses después de la invasión de Playa Girón. Ya entonces el bloqueo, aunque no estaba proclamado, era una realidad. Mucho tiempo antes de que el presidente John F. Kennedy firmara en febrero de 1962 un decreto que establecía oficialmente el bloqueo económico contra Cuba, ya Estados Unidos había puesto en práctica una línea de acción de negarle dinero y suministros a Cuba con el propósito de provocar hambre, enfermedades, descontento interno y crear las condiciones que le permitiesen fabricar el pretexto para intervenir militarmente en Cuba, destruir a la Revolución y restaurar el capitalismo. Tales siniestros objetivos siguen en pie.

Denegación de créditos para sostener la moneda cubana, drásticas reducciones y supresión de la cuota azucarera en el mercado norteamericano, en aquel momento la principal fuente de ingresos de divisas de Cuba, restricción de los envíos de combustibles a la Isla, paralización de las operaciones de la planta de níquel de Nicaro y prohibiciones a la exportación hacia Cuba de una larga lista de artículos, estuvieron entre las primeras medidas adoptadas por Estados Unidos a partir de 1959. Entonces, comenzaron a llamar embargo a ese cerco económico que, con el transcurso de los años, extendieron al resto del mundo, tratando de impedir, por ejemplo, que Cuba obtuviese créditos o préstamos en bancos internacionales, o penalizando y amenazando a terceros países para evitar que inviertan aquí, o sancionando a barcos de terceros países que toquen puerto cubano, algo aplicado desde la Ley Torricelli.

Esa política criminal, de sanciones unilaterales, rigurosamente aplicada a lo largo de 45 años, ha causado daños directos a la economía nacional por casi 80 000 millones de dólares. Si el país, como se expresa en el Informe de Cuba presentado a la Asamblea General de las Naciones Unidas, hubiera podido disponer de esos recursos, sin duda alguna, el nivel de vida de la población cubana estuviese hoy multiplicado por tres, cuatro o cinco veces, o quizás más. Las limitaciones y privaciones que se han sufrido, en diversos aspectos de la vida, como la vivienda o el transporte, por ejemplo, no existirían o estarían bien aliviadas..

Otro tema, muy relacionado con ese bloqueo que golpea y agudiza la vida de la población cubana, es el fenómeno emigratorio. El bloqueo compulsa a la emigración de la misma manera que la negativa de visas para entrar legalmente a Estados Unidos y la Ley de Ajuste Cubano compulsan a los que han decidido dejar la Patria a lanzarse a las peligrosas aguas del Estrecho de la Florida en embarcaciones rústicas o a utilizar como vía las lanchas rápidas operadas por los negociantes del tráfico humano desde Miami. Se ha demostrado que esa emigración es esencialmente económica, hecho incluso reconocido por el propio Gobierno de Estados Unidos cuando recientemente dispuso limitar el envío de remesas como ayuda a las familias en Cuba. Sin bloqueo, esa emigración no habría tenido el peso actual y, al mismo tiempo, la mentirosa propaganda política de Washington que pretende desacreditar a la Revolución con el apetecido plato que se sirve con el nombre de ©balserosª, se hubiese quedado totalmente desprovista de municiones.

Lo cierto es que ante los ojos de mis hijos y nietos, y también ante los ojos de todos, el bloqueo se hizo mucho más evidente cuando se produjo el desplome de la URSS y del socialismo en Europa. Entonces, nos quedamos prácticamente solos. Fuimos sometidos a un doble bloqueo. Y el imperio acrecentó sus acciones para privarnos de alimentos, medicinas y medios de vida, en una acción de extrema crueldad al mismo tiempo que hablaba de humanitarismo hacia el pueblo cubano. Muchas cosas necesarias desaparecieron. Desde la mantequilla hasta los ómnibus; desde varios periódicos diarios hasta las revistas infantiles. De un golpe hubo un apagón. Pero dio comienzo, al propio tiempo, una de las páginas más lindas y heroicas dentro del proceso revolucionario: la resistencia del pueblo y la decisión de vencer. En muy poco tiempo, sostenidos esencialmente con valores, principios e ideas justas, y actuando de forma creativa, salimos de la oscuridad. Y, en medio de una política aún más agresiva contra Cuba, como la del actual inquilino de la Casa Blanca, tan tozudo y terco como poco inteligente, hemos seguido avanzando y venciendo en terrenos como la salud pública, la educación, la cultura, la ciencia, la industria del turismo y otras ramas de la economía.

El bloqueo no ha podido desactivar a Cuba. Once millones de cubanos que tienen sus corazones y sus pies bien afincados en la tierra que los vio nacer, sin temores y con esperanzas, enfrentan el desafío. Tres generaciones de cubanos han tenido que sobrevivir y desarrollarse en condiciones absolutamente injustas, impuestas de modo frío y calculado por la potencia más poderosa del mundo. Diez administraciones norteamericanas han practicado esa política cruel contra Cuba, plasmada en leyes, reglamentos, informes y otras órdenes, impuestas al pueblo norteamericano y bajo amenazas y chantajes a otros países del mundo, con la que pretenden destruir a la nación cubana y esclavizar a su pueblo.

El fracaso siempre lo ha acompañado. Se lo ha dicho, día tras día, en estos 45 años un pueblo que se niega a ponerse de rodillas. Y se lo dice, año tras año, la abrumadora votación de la Asamblea General de las Naciones Unidas a favor de la resolución de Cuba sobre la necesidad de poner fin al bloqueo, ese demonio que es la mayor violación a los derechos humanos que ha conocido el mundo. ¿Hasta cuándo Estados Unidos mantendrá esta política irresponsable y cruel que atenta contra el pueblo cubano, los cubanos residentes en Estados Unidos y el propio pueblo norteamericano y, de igual modo, contra terceros países? Todo aquello injusto e inmoral desaparece más temprano que tarde. El bloqueo lo es. Seguimos esperando, pues.

 

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