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Diálogos desde las letras
Frank Padrón,
especial para Granma
Caprichosas conjeturas (cum grano salis) responde a
aquel concepto del "texto infinito" al que se refirió el teórico de
la literatura Roland Barthes. De tanto "manosear" personajes,
autores e historias del canon en sus labores habituales, la
ensayista y profesora Mayerín Bello se propuso jugar con ellos,
recontextualizarlos y, con el humor (particularmente la ironía) como
principal herramienta expresiva, volverlos a poner ante nuestros
ojos en un delicioso libro de cuentos que llega ahora a nosotros
mediante la editorial Letras Cubanas.

Merlín es el enlace, porque el fabuloso mago resulta cómplice de
la autora en estas piruetas cronotópicas, que burlan dimensiones y
compartimentos para llegar al hoy, en sus propios espacios
originales o trasladados a otros; habida cuenta de la legitimidad en
el método que deviene tales travesuras, lo importante es que el
volumen demuestra cuán lejos puede llegar su aplicación cuando es
respaldado por el conocimiento y la gracia escritural que ha
demostrado Bello.
Para ser más concretos, La encrucijada, relato inicial,
acciona con el conocido proceso de "sanchificación" y "quijotización"
apreciada en más de un pasaje de El
ingenioso hidalgo... , comenzando por los
emblemáticos molinos de viento, y que conlleva respecto a las
posturas habituales del caballero y el escudero, un ingenioso cambio
de roles.
Heterodoxia es uno de los pasajes más complejos y mejor
elaborados del libro, como quiera que embiste el tan sagrado
Infierno de Dante con una trama policiaca; uno de los Siete
Sabios de Grecia es el Holmes elegido para develar los misterios,
pero al peculiar thriller acuden también Caronte, los
Virgilios —el guía del poeta italiano y referidamente, el nuestro—,
Aristóteles y hasta Josek, El (kafkiano) Agrimensor de El
castillo.
Quizá la autora no logre aquí resolver el enigma detectivesco con
la fuerza y el tacto con que arma las relaciones interliterarias de
fuentes y estilos tan dispares.
Gertrudis, reina de Dinamarca ha desaparecido no es
tanto otra cita con el suspense —pese a que su título acaso lo
insinúa— como una reivindicación de la madre de Hamlet; "justicia
poética" que desea emprender la autora, en lo cual emparenta con la
lúcida irreverencia que más de un exégeta en la obra shakesperiana
detecta ante el estudio de las convenciones y tratamientos del
teatro isabelino. Sin embargo, pienso que es un cuento que pudo
lograr un mayor y más rico desarrollo.
El relato final es un auténtico "broche de oro": Un baile de
máscaras re-entroniza otro clásico, doña Agatha Christie, lo
cual nos demuestra a la vez la perspectiva inclusiva y
desprejuiciada que preside el cosmos literario de la autora; sabe
—criterio que comparto— que en lo suyo la "maga del suspense" es tan
grande como Cervantes o Goethe; por ello no teme arriesgarse a una
paráfrasis de Muerte en el Nilo, una de sus contundentes
novelas, como se sabe.
Aquí la narradora sí consigue armar un policíaco con todas las de
la ley que no solo hereda de la autora reverenciada sino de otros
colegas, por lo cual no quedan fuera del pastel ecos de personajes
no menos célebres de ese canon (como Holmes y Watson), pero donde
tampoco faltan reflexiones mucho más espesas.
Esencial en la comprensión y el disfrute de estos relatos son los
exergos que los encabezan: paratextos que funcionan tal claves de
mucho de lo que encontraremos en ellos. Sin embargo, aun cuando a
mayor cultura literaria más disfrutables serán estas Caprichosas
conjeturas tampoco resulta imprescindible la erudición para que
sus 111 páginas constituyan un verdadero placer: tan sólida es la
armadura narrativa que todos podrán degustarlas.
En buena medida, porque al grano de sal del subtítulo se suman
otros de pimienta y varias especias que garantizan el sabor y el
poder nutritivo de la buena literatura. |