Terror nocturno
JOSÉ A. DE LA OSA
El terror o pavor nocturno, que se manifiesta con mayor frecuencia en niños antes de la adolescencia —aunque puede ocurrir también en niñas y adultos— se define como un trastorno del sueño que involucra un despertar abrupto y un comportamiento que indica un miedo muy intenso. Es bastante común en niños de 3 a 5 años y su incidencia normalmente se reduce de manera significativa después de ese periodo.
Por su actividad reparadora, el sueño favorece nuestro bienestar y una adecuada disposición para enfrentar, de manera eficiente, las tareas cotidianas, afirma la profesora Gladys C. Castillo Yzquierdo.
En este trastorno no se produce un verdadero despertar, pues el paciente no alcanza un adecuado estado de alerta o vigilia, aclara la doctora Gladys C. Castillo Yzquierdo, especialista de segundo grado en Psiquiatría Infantil y profesora auxiliar, quien se desempeña en el Servicio de Salud Mental del Hospital Pediátrico Docente Juan Manuel Márquez, en esta capital.
—¿Se conocen las causas que pueden originar este terror?
—No se reconoce una causa única. Se invocan diferentes factores en su producción. En el caso de los niños parece estar vinculado a factores relacionados con la maduración biológica y el desarrollo infantil.
—¿Puede constituir un trastorno de familia, o suele aparecer por circunstancias imprevistas?
—Como en otras parasomnias (comportamiento o fenómenos que ocurren de manera episódica asociados a diferentes fases del sueño) suelen existir mayores antecedentes familiares, de este u otros trastornos del sueño, como sonambulismo (levantarse y caminar o realizar diferentes actividades mientras duerme), enuresis (orinarse durante el sueño). Situaciones familiares como las descritas y otras que generen tensión familiar, como también la fatiga física, la sobreexcitación, la falta de sueño, la fiebre y el uso de algunos fármacos o drogas pueden desencadenarlo.
—¿Y por programas de TV o películas que presenten algún grado de violencia o miedos muy intensos?
—La visualización de programas, películas y juegos de video o de computación, con estos contenidos, pueden favorecer su aparición y también perpetuarlos.
—¿En qué momento y ante qué manifestaciones generales se puede afirmar que una persona padece de estos terrores?
—La sintomatología clínica, exhibida por el paciente, es típica y hace el diagnóstico. Son episodios que se producen en las primeras horas de la noche. El paciente se "despierta" de manera súbita y se sienta en la cama o se para o intenta huir, grita, llora y muestra signos de agitación tales como expresión facial de terror, ojos vidriosos, pupilas dilatadas, sudoración, "erizamiento" de la piel, aceleración de los latidos cardiacos y de la respiración, con alguna frecuencia señala hacia un lugar como si viera algo que lo asusta, sus respuestas no son coherentes y es difícil despertarlo pero, cuando finalmente se logra, no hay recuerdo o solo muy fragmentado de lo sucedido. Tiene una duración variable de minutos.
—¿Existiría alguna diferencia en el hecho de que estos terrores nocturnos se produzcan durante la infancia o en etapas adultas?
—Sí, en niños, en los que con frecuencia aparece como un trastorno primario, único y esporádico, no suele ser índice de psicopatología (trastorno mental), pero sí en los adultos.
—¿Son sinónimos de pesadillas? ¿Suelen comportar también insomnio en quienes los padecen?
—No, la pesadilla es un sueño angustioso, típico de las últimas horas de la noche (la madrugada) que con frecuencia sí despierta, totalmente, al paciente, el cual conserva el recuerdo desagradable de lo soñado. Aunque son frecuentes en los niños, pueden tener una distribución mayor en otras edades de la vida y están, usualmente, asociadas a situaciones de estrés. El terror nocturno, como tal, no comporta la presencia de insomnio.
—¿Qué conducta familiar aconseja seguir si estos terrores se convierten en severos y prolongados?
—Consultar a su médico para identificar los factores que pueden estar favoreciendo este comportamiento y su adecuado tratamiento.
—¿Son superables? ¿Tienen tratamiento específico?
—Sí, son superables. En el caso de niños sin evidencia de otros trastornos emocionales o del comportamiento, el tratamiento se limita a explicar a la familia en qué consiste el trastorno y orientarla en su manejo cuando este se produzca. Por ejemplo, encender la luz de la habitación y despertar y tranquilizar al niño para que continúe durmiendo. En estos casos el uso de fármacos es excepcional. Cuando forma parte de otras alteraciones psicopatológicas el tratamiento será el indicado en estas afecciones.
—¿Podríamos hablar de prevención en el tema que abordamos?
—Sí, un hogar armónico, un estilo de vida sano con adecuados hábitos y horarios de vida y sueño, evitar las sobrecargas física y emocional, sobre todo próximas a la hora de dormir; y un tratamiento adecuado de otros trastornos de los cuales puede formar parte, contribuyen a evitar su aparición y repetición.