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Amores que destruyen ARIEL B. COYA, enviado especial LONDRES.—Hay amores que matan, amores que arruinan la salud, amores que destruyen y a cualquiera le sacan el alma del cuerpo, sobre todo si le rompen a uno el corazón… o una medalla olímpica. Y si no, que le pregunten al judoca brasileño Felipe Kitadai qué sintió, cuando rompió la suya de bronce accidentalmente mientras tomaba una ducha, porque tanta es la obsesión que le genera, que no ha querido despegarse de ella. “Estoy muy feliz con mi medalla. Me hubiera gustado un oro pero esta me hace sentir bien. Es el mejor regalo que podía tener para mi cumpleaños”, había dicho Kitadai el sábado, tras lograr la primera presea de su país en estos Juegos, al vencer al italiano Elio Verde en los 60 kg. Pero, mientras se pasaba el jabón, la sostuvo con los dientes, pero se le escapó de la boca y la correa alrededor de su cuello se quebró y el premio sufrió pequeños desperfectos al impactar con el suelo. Por fortuna para él, el Comité Olímpico Internacional accedió a reemplazársela, aunque no estaba obligado a hacerlo. Y seguro le habrá enviado con el preciado metal una recomendación: “Quiérala… pero con cuidado”. 31 de julio de 2012 |
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