Ojalá que sea un verdadero Clásico

Elliot Castro Tirado
Tomado de Claridad, Puerto Rico

Escribo estas notas pocas horas antes del inicio para los puertorriqueños, de la Copa Mundial de Béisbol. Hago la salvedad, porque el evento ya comenzó y de hecho, ya terminó la primera etapa en Oriente, en la que Corea y Japón adelantaron a la segunda ronda, a expensas de China y Taiwán o Taipei.

En los próximos días, los principales temas de conversación en la calle girarán en torno al Clásico. Recordemos que este es un evento que no tiene precedentes, porque nunca antes, los mejores peloteros del Mundo han competido en representación de sus respectivos países.

A nadie sorprende que los mejores jugadores se cambien las camisetas de los clubes para los que juegan y por lo que reciben cuantiosas sumas de dinero, como ocurre en el baloncesto de la NBA y en las ligas de fútbol de Italia y España. Sin embargo, eso nunca había ocurrido en el béisbol, donde las Grandes Ligas de Estados Unidos habían mantenido un monopolio de exclusividad de participación de los mejores peloteros, independientemente de los países de procedencia y de los reglamentos aprobados por el Comité Olímpico Internacional, COI. El boicot efectuado por las Grandes Ligas, que en la práctica ha impedido la participación de los mejores peloteros en los eventos avalados por la Federación Internacional de Béisbol, es una de las principales razones por las que el COI sacó el béisbol de la programación olímpica futura. Es que aunque se autorizó la participación sin restricciones de los mejores peloteros en Juegos Olímpicos y regionales, como Panamericanos y Centroamericanos, las Grandes Ligas sí lo han impedido.

Aunque la Major League y la Asociación de Peloteros de Grandes Ligas han diseñado el evento a su antojo, al extremo de alterar las reglas de juego, como quiera es un paso de avance que, por ejemplo, Carlos Beltrán se ponga un uniforme que diga "Puerto Rico" en el pecho, del mismo modo que David Ortiz lo hará por Dominicana, Johan Santana por Venezuela, Ichiro Suzuki por Japón, Vinnie Castilla por México y Derek Jeter por Estados Unidos, por aquello de mencionar solo algunos de los más famosos.

Además, el evento presenta la primera oportunidad de enfrentar a equipos formados por peloteros de Grandes Ligas con Cuba, que ha dominado absolutamente por décadas los certámenes auspiciados por la Federación Internacional de Béisbol.

El clásico reafirma nuestra nacionalidad

Este es un evento muy importante para nuestra nacionalidad porque nos presenta al Mundo como lo que somos: una nación con identidad propia y que la comunidad internacional del deporte ha reconocido con igualdad de condiciones, deberes y responsabilidades que las restantes naciones. De hecho, el deporte es la única área de importancia en la que esa comunidad internacional nos reconoce de forma separada de Estados Unidos, que en el deporte es simplemente un país más.

Además, por el nacionalismo que corre por nuestras venas y que algunos tratan de menospreciar tildándolo de "insularismo", nuestro pueblo se apasiona con los equipos que nos representan internacionalmente, como se verá durante los próximos días. Claro que hubiéramos preferido tener a José Vidro en segunda, a Mike Lowell en tercera y a Felipe López en el campo corto. Sin embargo, nadie se va a acordar de ellos, a menos que perdamos y algunos echarán mano al baúl de las excusas.

Nuestro pueblo va a respaldar hasta rabiar al que sea que tenga un uniforme que diga "Puerto Rico" en el pecho, independientemente de si juega en nuestro torneo o no, como tampoco importará su religión o preferencia política o si están en Grandes Ligas o en las Menores. Obviamente, los que son estelares en las Grandes Ligas son más conocidos, pero una vez comience el primer partido, eso también será secundario.

Cuba genera pasiones

En Puerto Rico, muy pocos han visto jugar a algunos de los peloteros cubanos que participan en este Clásico. Aun así, aparte de los boricuas, serán la atracción principalísima del evento. Por un lado, están los lazos tradicionales que unen a nuestros pueblos y que Lola Rodríguez de Tió perpetuó cuando afirmó que "Cuba y Puerto Rico son de un pájaro las dos alas, pues reciben flores y balas en el mismo corazón".

Además, está toda la pasión y la emoción que un sector del exilio cubano mantiene contra todo lo que viene de ese país, sea atleta, artista o de cualquier otro campo de actividad deportiva, cultural o gubernamental. Por momentos parece como si se hubieran detenido en el tiempo, pues mantienen el lenguaje y la histeria anticomunista típica de los momentos más rabiosos de la llamada Guerra Fría. Eso ya pasó y el Mundo es otro. Por eso, Estados Unidos mantiene relaciones de todo tipo con Vietnam, país que le dio una paliza y que se convirtió en cementerio para docenas de miles de soldados estadounidenses y boricuas.

A nadie le importa qué piensan sobre religión o política los peloteros de los restantes países participantes en el evento, mientras a los cubanos se les pretende encerrar en una especie de referéndum ideológico permanente. Afortunadamente los que así piensan son una ínfima minoría, cuyo ruido no guarda proporción con su tamaño real. De paso, yo me pregunto ¿a quién favorecen esos cubanos exiliados… a Cuba o a Puerto Rico?

A los peloteros cubanos se les someterá a una presión injusta, que no guarda comparación posible con los restantes participantes del Clásico. Enfrentar bateadores y lanzadores de mayor nivel a los que acostumbran debiera ser presión suficiente para esos jóvenes. Sin embargo, el juego en sí será pellizco de Ñoco comparado con lo que tendrán que lidiar.

De paso, se han preguntado ustedes qué harán las autoridades y todo el ejército de seguridad montado si un pelotero de Panamá o Curazao, independientemente de su calidad, decide desertar a su país y solicita asilo. Por aquello de ser consistentes, los exiliados cubanos tendrán que ofrecerle casa y comida, mientras realizan conferencias de prensa junto a políticos de derecha del país.

Estados Unidos intentó discriminar contra los cubanos y no permitirles la entrada a nuestro suelo. La respuesta sólida, unánime y vertical de todo nuestro pueblo, encabezada por nuestros dirigentes deportivos, logró generar suficiente apoyo internacional que hizo retroceder a los trogloditas que originalmente negaron el visado. Aquí hay que reconocer la genialidad del presidente cubano Fidel Castro, quien rechazó el dinero que les correspondía a sus peloteros y que era la excusa para la negación de las visas.

Yo insisto en que considero injusto que a todos los participantes se les pague, excepto a los cubanos, que reciben muchísimo menos dinero que los restantes. Aun así, admito que eso hace todavía más pura su participación. Ojalá, esas hayan sido las únicas interferencias políticas en el evento, para que sea un verdadero Clásico.

Sumario de Noticias

10 de marzo de 2006