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Hoy, Ormari vs. Holanda La ofensiva cubana impuso su ley Garlobo, el jit decisivo. Buen cierre de Yadel Martí. SIGFREDO BARROS, enviado especial SAN JUAN, Puerto Rico.—Si alguien dudaba de que los peloteros cubanos iban a "dejar la piel en el terreno", el peleado triunfo de ayer ante Panamá lo habrá convencido, después de estar contra la pared en más de una ocasión hasta conseguir debutar por la puerta ancha en este Primer Clásico Mundial de Béisbol. Un hombre salido del banco —sin experiencia previa en un torneo de tanto nivel—, el matancero Yoandy Garlobo, se convirtió en héroe, junto a Frederich Cepeda y el derecho Yunieski Maya, aunque destacados hubo muchos. Garlobo salió a empuñar por Rudy Reyes y soltó un cañonazo al central para remolcar la de la ventaja y Cepeda clavó el puntillazo con otro batazo de idénticas características, ambos al primer lanzamiento de Jorge Cortez, quinto lanzador panameño.
Pareció que el choque, tenso, peleado out por out durante más de cuatro horas, se decidía en el noveno, después del espectacular jonrón de Yulieski Gourriel con uno a bordo. Pero Panamá —obligada a ganar luego de su revés por la mínima ante los anfitriones—, emparejó las acciones por segunda ocasión y estuvo a punto de dejar al campo a sus rivales, con un elevado que Yulieski fildeó de espaldas al plato. Cuba vino de abajo y tomó el mando en el tercero, luego de recibir dos ceros del zurdo Bruce Chen, con buen control en la curva y recta de 87 millas. Un "texas" de Pedroso, dos sacrificios y dobletes de Paret y Yulieski —el primero por regla, rebotando en el terreno sintético—, le dieron a los titulares olímpicos dos anotaciones. Panamá abrió el marcador en el segundo capítulo, luego de haber recibido un escón en el acto inicial, con bases llenas y un out. Lazo se presentó con velocidad —llegó a marcar 95 millas—, pero la ubicación de sus envíos no fue la mejor y cuando el noveno bate Yonni Lazo le remolcó la primera golpeando bien una recta alta tuvo que abandonar el montículo, tras tirar 40 envíos. Su relevo, Vicyohandri Odelín, detuvo en seco el empuje de la escuadra istmeña, apelando a su buen rompimiento y la recta en las 91 millas, retirando por su turno a 10 bateadores, del segundo al quinto. Pero en el sexto una curva que se quedó alta fue bien aprovechada por un veterano como Rubén Rivera, con 9 años de experiencia en Grandes Ligas, para sacar la pelota de jonrón por el bosque derecho, con dos en las almohadillas. En el inning de la suerte, Cuba volvió a la carga, esta vez gracias de nuevo al binomio Paret-Yulieski, el primero con un sencillo remolcador de Alexei y el segundo con un gran batazo al central que mereció mejor fortuna y con el cual ancló en la goma Leslie Anderson, para empatar el cotejo. Los pitchers cubanos fueron capaces de propinarle 10 ponches al mejor equipo panameño de la historia, tres de ellos al cuarto bate Carlos Lee, quien pegó 32 jonrones con los Cerveceros de Milwaukee el pasado año. Merecida victoria de la escuadra cubana, que jugó sin cometer errores de los que se anotan y pudo sobreponerse al siempre difícil estreno en cualquier competencia, mucho más en este Clásico sin precedente. Sin embargo, lleven el análisis correspondiente —y la experiencia para no repetirlas—, aquellas marfiladas mentales que "mataron" oportunidades o complicaron otras, rodeando de mucha más tensión el triunfo. Hoy, contra Holanda, el abridor será Ormari Romero, quizás pensando en su formidable desempeño contra los europeos en el Mundial del pasado año.
8 de marzo de 2006
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