Un alerta de cara a Beijing

SIGFREDO BARROS

A nadie le gusta perder. Mucho menos a nosotros los cubanos, cuando de béisbol se trata y el rival es Estados Unidos, un capacitado oponente que se nos ha hecho muy difícil desde el Preolímpico de las Américas, pasando por la Copa del Mundo y ahora la XXIV Semana Beisbolera de Haarlem. Cuatro reveses en línea son píldoras difíciles de tragar.

Foto: Ricardo López HeviaParet fue el mejor jugador a la defensa en Haarlem.

En estos cuatro fracasos hay una constante: la falta de ofensiva y de oportunidad. Nuestros hombres siguen esperando demasiado, dejando pasar lanzamientos bateables para después verse obligados a hacerle swing a lo que se parezca. Sucedió en La Habana, en Taipei de China y en Holanda.

Ahora, en la recién finalizada justa europea, se vio a las claras que la velocidad de swing no es la misma, ni en Bell, ni en Malleta ni en Yulieski, tres de los más afectados por el largo trabajo de preparación que incluye una carga de pesas, sin la cual no es posible desarrollar la fuerza.

Soy de la opinión de que los técnicos de la preselección nacional saben lo que hacen y son los primeros preocupados por el resultado en Haarlem, que en el lenguaje de entrenadores no es sino un test pedagógico importante antes de llegar a Beijing. Felipe Diez-Siré, el preparador físico de los santiagueros durante las últimas Series Nacionales y ahora del equipo Cuba, ha demostrado que conoce su profesión.

También es necesario poner en claro algunos conceptos. Estados Unidos tiene una estructura distinta a la nuestra en su deporte en general y son las universidades las principales canteras. El béisbol no es una excepción, y el "draft", o proceso de selección y escogida, tiene en los peloteros universitarios su materia prima.

Por eso, a nadie le extrañe que dentro de dos o tres años un lanzador zurdo de tanta capacidad como el zurdo Mike Minor —recta de 90 millas, buena curva y excelente control en la zona baja—, esté contratado en uno de los 30 equipos de Grandes Ligas. Así sucede también con los japoneses. Daisuke Matsusaka, un perfecto desconocido al cual no le pudimos batear en Atenas y ahora estrella de los Medias Rojas de Boston, es un buen ejemplo.

En Haarlem bateamos muy poco, es cierto, 225 de promedio, solo por encima de Holanda (214). Cosas de la pelota, lo que más nos preocupaba era el pitcheo y se comportó a gran altura (1,74 de promedio de limpias) durante todo el evento.

Si me preguntaran si estoy preocupado les respondería que sí, por supuesto. La derrota, sea donde sea, tiene siempre una cara muy fea. Pero a menos de un mes del 13 de agosto, fecha de inicio del torneo beisbolero olímpico, los peloteros cubanos enfrentarán la última etapa de su preparación en Corea del Sur, que incluye topes con equipos de esa nación asiática. La forma deportiva, si todo sale bien, debe de estar en su punto al arribar a Beijing.

Haarlem, con su amarga cuota de caer dos veces ante EE.UU., debe de servir como un alerta.

15 de julio

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Redacción Deportiva y Equipo de Ediciones Digitales del Periódico Granma
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