"DEPORTE TU ERES LA PAZ. TU ESTABLECES LAS
RELACIONES HONORABLES ENTRE LOS PUEBLOS, ACERCÁNDOLOS AL CULTO DE LAS
FUERZAS CONTROLADAS, DUEÑAS DE SI MISMAS. POR TI LA JUVENTUD UNIVERSAL
APRENDERÁ A RESPETARSE Y DE ESTE MODO LA DIVERSIDAD DE LAS CUALIDADES
NACIONALES, HALLARÁN LA FUENTE DE UNA GENEROSA Y PACÍFICA
EMULACIÓN"
Bastaría solo ese pasaje poético "Oda al
Deporte", del Barón Pierre de Coubertin, restaurador de los
Juegos Olímpicos en la era moderna, para definir qué son los Juegos
Olímpicos.
Es decir, podríamos concluir, que los Juegos son una
fiesta de la juventud universal con un claro mensaje de paz y
confraternidad entre los pueblos. Se convierten en la reunión más amplia
de las cualidades nacionales del planeta en que vivimos.
Al menos así lo vio Coubertín al expresar: La
restauración de los Juegos Olímpicos en consonancia con las exigencias
de la vida contemporánea, permitirá reunir cada cuatro años a
representantes de todas las naciones del mundo, y creemos que esta lucha
pacífica y etica creará el mejor internacionalismo
Pero ¿cómo surgen?
Habría obligatoriamente que citar al Barón, que además
de un gran amante del deporte, buen diplomático y culto filosofo, fue un
ferviente admirador del mundo griego y un hombre de un alto sentido del
respeto por la historia, de la cual dijo: sin ella nada es
comparable ni explicable.
A Olimpia, Grecia, le corresponde el alto honor de haber
sembrado la semilla. Allí se celebraron los primeros Juegos, que los
historiadores han nombrado como Juegos Olímpicos Antiguos (JOA), que a su
vez tuvieron sus antecedentes en otras reuniones atléticas en la misma
nación como fueron los Juegos Nemeos, en la ciudad de Nemea, que por las
condiciones del clima, podrían verse hoy como los primeros precedentes de
los actuales Juegos Olímpicos de Invierno; los Píticos, que básicamente
eran competencias de atletismo, en la ciudad de Delfos, o los Panateneos,
en honor de la diosa Ateneas.
Pero los de Olimpia reunieron a toda la Grecia antigua en
una fiesta capaz de detener las cruentas batallas entre las ciudades
estados del mundo helénico. Ese fue su gran mérito. Los Juegos tenían
una duración de cinco días, para los cuales se decretaba una tregua
sagrada, que nunca fue violada.
Desde el año 776 antes de nuestra era (A. N. E.) hasta el
393 después de nuestra era (D. N. E.) fueron celebrados 291 ediciones de
aquellos Juegos, 194 A. N. E, y 97 D. N. E., sin interrupciones, algo que
contrasta con este mundo moderno, que en pleno siglo XX fue testigo de dos
Guerras Mundiales que frustraron las celebraciones de las citas de
Berlín-1916, Tokio-1940 y Londres-1944.
¿Por qué fue Grecia la pionera?
Una alta valoración por la cultura física, expresada en
su misma infraestructura social, que tenía en la Palestra, Gimnasio,
Hipódromo y Estadio, parte de las principales instalaciones de la vida
griega, conducen a la respuesta.
En la Grecia antigua, los más prestigiosos militares,
literatos, intelectuales o escultores pasaban el atardecer cultivando sus
músculos en aquellos gimnasios, que de hecho por su composición tenían
un carácter clasista, pues solo admitía a los ciudadanos puros, es
decir, los Jonios, en Atenas, y los Dorios, en Esparta, por ejemplo. Ni
siquiera la llamada clase media, Periecos o Metecos, tenían acceso a esas
instalaciones.
De alguna manera tiene que haber incidido también las
condiciones de guerra entre las ciudades, si se tiene en cuenta que los
Juegos detenían las confrontaciones. En el mismo sentido no se podría
descartar la incidencia de los atributos físicos que fueron curtiéndose,
tanto por la importancia de la cultura física, como en el mismo fragor de
las batallas.
Pero lo cierto es que los griegos llegaron a unos Juegos,
que para la época alcanzaron un alto rigor, pues en su reglamento
de 12 acápites, se recoge hasta la exigencia de un certificado de 10
meses de entrenamiento previo, algo así como lo que sería hoy un
requisito de clasificación o una marca mínima para acceder a la final.
El nombre de Olímpicos se debe a que los Juegos se
celebraban en el Santuario de Olimpia, en el Peloponeso, en honor de Zeus,
y comenzaban con una ceremonia y un sacrificio a esa deidad.
La primera edición consistió únicamente en una
carrera de 185 o 190 metros (un largo de la pista de atletismo) por 32 de
ancho y el vencedor fue Coraebo de Élide. Posteriormente se fueron
añadiendo carreras más largas, luchas y el pentatlón, que
comprendía lanzamientos de disco y jabalina, carreras a campo traviesa,
salto de longitud y lucha libre. Después se agregaron el boxeo, las
carreras de carros, la forma de lucha violenta conocida como pancracio, y
otros deportes.
La conquista de Grecia por los romanos en el siglo II
antes de nuestra era trajo una paulatina flagelación de los Juegos, pues
los romanos, aunque comenzaron dándole a los Juegos también un carácter
religioso, poco a poco lo fue perdiendo, por la exaltación por encima de
aquellos de la persona del Emperador. De la misma forma, fueron perdiendo
también en rigor hasta llegar a degradarse convirtiendo los escenarios de
competencias en campos de muertes.
Ya con una situación insostenible, que también tocó al
poderoso Imperio, en el año 393, el Emperador Teodosio abolió los Juegos
Olímpicos.
LOS JUEGOS EN LA ERA MODERNA
Tuvieron que pasar 1 503 para que la humanidad recibiera
otra vez a los Juegos Olímpicos. Gracias a la obra y la tenacidad del
francés Pierre de Coubertín el excelso momento de la gloria volvió a
reinar en los estadios.
La filosofía olímpica de Coubertín se basa en un
profundo estudio sobre el mundo griego y más que todo en que se da cuenta
que el deporte podría convertirse en un elemento esencial en la
formación del hombre. Por supuesto, además, de su pasión por el mundo
helénico, Pierre de Fredi (nombre de Pila), recibe una gran influencia de
varios pensadores, sobre todo del inglés Thomas Arnold, considerado por
muchos estudiosos como el padre de la Cultura Física Moderna.
Profesor de la prestigiosa Universidad francesa de
Sorbona, Coubertín desarrolla allí su idea sobre la restauración de los
Juegos Olímpicos y en ese mismo escenario recibe las primeras críticas.
Hasta chanzas como ¿Pero profesor, piensa usted que los atletas
competirían desnudo igual que los griegos? Pero una cosa interesante, los
jóvenes fueron quienes más le siguieron.
Llega entonces el 10 de abril del año 1894 y el francés
logra crear el Comité Olímpico Internacional, con solo 13 miembros,
Australia, Bohemia, Gran Bretaña, Hungría, Francia, Rusia, Grecia,
Bélgica, España, Estados Unidos, Holanda, Italia y Suecia. Ya desde
entonces se llegan a varias definiciones como: suspensión,
descalificación, calificación y otras.
Ese primer Comité Olímpico Internacional fue presidido
por el griego Demetrius Vikelas, quedando Coubertín en el cargo de
Secretario General. El organismo rector fija para el 6 de abril de 1896 la
primera edición de los Juegos Olímpicos de la Era Moderna.
Coubertín no podría traicionar su corazón, ese
histórico momento de la resurrección no podría tocarle a otra tierra
que no fuera la griega, y así se hizo, porque el Barón fue fiel a su
pensamiento hasta la muerte, de la cual había expresado, que cuando
llegase, su cuerpo inerte quedara en Francia, pero su corazón en Olimpia.
La voluntad fue cumplida.
Otro de los grandes meritos del restaurador, quizás lo
que nunca le perdonaron los griegos de entonces fue la
internacionalización de los Juegos, pues Atenas reclamaba para sí la
sede perpetua también en la era moderna.
Pero lo cierto es que en este 2004 la historia regresa a
sus orígenes, Atenas, la capital griega tenderá un puente hacia su
pasado, con la celebración de los Juegos de la XXVII Olimpiada.