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OSCAR SÁNCHEZ SERRA

Siete equipos en la zona oriental y seis en la occidental enfrascados por la clasificación a la fase de los playoff o los indicadores colectivos (ofensiva, defensa y pitcheo) de la temporada, bastarían para calificar a la 51 Serie Nacional como una de las mejores campañas del béisbol cubano en los últimos cinco años. Sin embargo, y aunque este es un deporte rico en estadísticas, no las creemos necesarias para sostener esa cualidad.

Y es que lo mejor de la lid no está en los numeritos, sino en los protagonistas de ellos. En la actual contienda lo primero que se advierte es la entrega de los peloteros en cada juego. Hacía mucho tiempo que los partidos no se vivían como ahora, cual si estuviéramos jugando la postemporada.

Los llenos en el Victoria de Girón de Matanzas, en el Calixto García de Holguín, en el Latinoamericano, en el Capitán San Luis de Pinar del Río, y muchos otros parques son la respuesta a esa actitud en el terreno de nuestros peloteros.

El mérito es todavía mayor, pues recordemos que el prólogo del certamen estuvo marcado por la ausencia de un triunfo en los eventos internacionales (Mundial y Panamericanos), lo cual crea en un pueblo tan beisbolero un estado de ánimo adverso, lógico por demás. Mas los peloteros coronaron su campeonato más importante, la Serie Nacional, con el ímpetu de quien busca la gloria en cada turno al bate.

Calendario con 17 equipos, dos pelotas (una para comenzar y otra para continuar), elevación de la tabla del montículo, fueron aspectos que señalamos críticamente al inicio de la justa. Pero es preciso decir que los peloteros se han encargado de pasar por encima de lo que pudiera ser visto como un aspecto negativo.

Por eso hoy tenemos protagonistas nuevos en los cintillos de prensa, tanto en el orden colectivo como individual. Matanzas, Metropolitanos, Holguín, son escuadras que le han puesto sabor a la temporada y tienen mucho crédito en el salto cualitativo de la presente campaña. José M. Fernández, matancero; Roberto C. Ramírez, de Metros; Pablo Millán Fernández, holguinero, por solo citar a tres, son nombres que comienzan a escucharse, incluso, por encima de los ya establecidos.

En otras palabras, la Serie está buena, la pelota mueve otra vez los sentimientos de los cubanos desbordando el respaldo de la afición a su campeonato, a sus ídolos, como lo demostró la participación popular para seleccionar a los jugadores de cara al Juego de las Estrellas este domingo, cuyo brillo más intenso ha sido el torneo que están jugando. Sin embargo, el béisbol, como toda nuestra sociedad, debe insistir en eso que llamamos la cultura del detalle, y a la cual nos ha convocado el compañero Raúl.

Por ejemplo, no se puede olvidar que son los peloteros los protagonistas de este espectáculo. La atención (no hablamos solo material, sino estar con ellos, a su lado, tomar en cuenta sus opiniones), es piedra angular no solo para un buen campeonato, sino para mantenerlo arriba en las preferencias de la población.

Igual con la afición, el estadio tiene que ser la casa de un pueblo que va allí porque siente verdadera pasión por el deporte, esta es la razón por la cual resulta incomprensible que Artemisa no haya podido jugar, y parece que no lo hará, un partido en la cabecera provincial, cuando desde enero del 2011 ya es una de las provincias cubanas. Recordemos que la presente lid comenzó en noviembre de ese año.

En el mismo orden, los terrenos demandan una revisión. Hay algunos donde la pelota se levanta bruscamente por su dureza, lo cual afecta desde el desenlace de un choque hasta el propio espectáculo.

Tendría que existir con la suficiente antelación una decisión sobre el número de equipos participantes. Insistimos, la Serie ha sido un éxito, pero un número impar va contra todo pensamiento racional, desde el punto de vista económico, tanto que hasta 18 podría ser mejor que el actual calendario con 17.

Del lado del arbitraje, podrían estar o no de acuerdo peloteros o aficionados, pero en sentido general ha sido bueno. Sin embargo, en un campeonato reñido como este, tan peleado, la exigencia en cuanto a preparación diaria tiene que incrementarse, pues en no pocas decisiones los jueces se han visto sorprendidos.

Recordemos la máxima que reza: cuando no se hable del arbitraje en un partido, felicitemos entonces a los árbitros, porque el aplauso de ellos, es justamente el silencio. Justo entonces, con el reconocimiento a los peloteros, la idea de que también en venideras lides seleccionemos popularmente a los árbitros estrellas, que también los hay.

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