Más allá de un cero jit cero carreras o un jonrón

OSCAR SÁNCHEZ SERRA

No se puede pasar por alto lo ocurrido en el Latinoamericano el pasado miércoles en el juego entre Industriales y Pinar del Río, porque nada que atente contra nuestro béisbol podemos permitirlo, ni los aficionados, ni los peloteros, ni los periodistas (hablo de la prensa en general), pues estaríamos flagelando algo que nos identifica como nación: la pelota.

Odrisamer o cualquier otro es un ídolo, el pueblo va a los estadios a verlos, a disfrutar de sus cualidades, como en esa noche cuando le corearon sus diez ponches, con rectas por encima de las noventa millas, slider rápida como un cuchillo y certero pensamiento táctico. En el Latino y los que veían la televisión, incluso hasta muchos de los que no simpatizan con los azules, estuvieron pendientes de cada jugada. Después del octavo inning, todos querían el cero jit cero carrera número 52 en Series Nacionales, entre otras cosas porque él lo merecía.

Los muchachos se ponen la gorra ladeada sobre la cabeza, porque él lo hace, le imitan sus casi perfectos movimientos en el montículo. Y es que los ídolos se convierten en ejemplos a seguir, esa justamente es la responsabilidad social, enorme por demás, que tienen nuestros deportistas, más un pelotero, por lo que representa el béisbol para los cubanos.

Pero también eso tiene un peso, hay que saber que una acción inadecuada también va a encontrar respaldo en quienes le admiran; en otras palabras, cualquier conducta inapropiada la transmitirá. De ahí las ofensas de las gradas del Latinoamericano al pinareño Castillo, joven que al igual que Odrisamer sale al terreno a dar lo mejor que tiene por el espectáculo que merecen quienes le ofendieron.

Por eso es tan censurable su gesto en el noveno capítulo, ya no solo porque lo disminuye y echa por tierra la hazaña —porque aun cuando no consiguió el no jit no carrera, dio una disertación de buen pitcheo— sino por lo que generó después, al no tener en cuenta eso que llamamos responsabilidad.

LA AFICIÓN

Por las venas de los cubanos corren jonrones y buenas jugadas, respiramos strikes y bolas. El béisbol es nuestro pasatiempo nacional, hay que quererlo y cuidarlo, como lo está haciendo en esta 51 Serie Nacional la afición de todo el país, incluyendo, por supuesto la del Latinoamericano.

Ese pueblo ha ido a llenar los estadios ante los mismos peloteros que nos dejaron el sinsabor de no alcanzar un triunfo en la pasada temporada internacional, él es parte inseparable, imprescindible, del éxito. Sin la afición no hay pelota, porque se hace para ella, y una muestra es la masiva participación que va obteniendo la votación para el Juego de las Estrellas.

Pero igual tiene una responsabilidad y pasa porque como anfitrión debe conducirse en pos de un clima que, sin renunciar a la rivalidad, sea capaz de garantizar el desempeño con orden de un buen juego de pelota. Cosas como la ocurrida en la noche del miércoles durante y después del partido son duramente castigadas en campeonatos de cualquier deporte en el mundo entero, con medidas como las de uno o más desafíos del calendario a puertas cerradas (sin público), incluso llegan hasta invalidar a la sede, también por uno o más encuentros. Y eso debemos adoptarlo para no dejar impune lo mal hecho.

LA OTRA CARA DEL NOVENO INNING

En el noveno capítulo del miércoles vimos a uno de los líderes indiscutibles de Industriales, Alexander Malleta, controlando a los suyos y a sus adversarios, con la fuerza de su ejemplo, con la moral que le dan no solo sus grandes batazos, también con la que le da ser un ídolo, ahora mucho más querido por seguidores y contrarios.

O a Lisbán, el receptor local, con una excelente temporada hoy, al interponerse ante Castillo y Odrisamer, justo en el mismo instante del incidente. Lo destacamos porque fue él a quien en esta misma página criticamos tras los acontecimientos de hace dos temporadas en Sancti Spíritus. Y es que los hombres tienen derecho a rectificar y continuar con el cariño de su afición y de todo el país.

Los árbitros actuaron con energía y correctamente, pero se demanda mayor exigencia ante actos de este tipo para, como dijimos ya, impedir que tengamos que hacer la autopsia de un problema de más envergadura.

Considero imprescindible resaltar el bello gesto de anoche, cuando al salir al terreno los atletas sellaron el desaguisado con un abrazo entre los integrantes de los dos conjuntos. Esa es la cara, la carta de presentación de nuestro deporte, la que tiene que continuar mostrando el Latino, el Capitán San Luis y todos los escenarios del país, porque la otra, la que vimos, es una vergüenza.

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