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Un lastre para el pitcheo ALIET ARZOLA LIMA Los análisis sobre la Serie Nacional de Béisbol tienen un punto de convergencia: el pitcheo. Por lo general, los lanzadores están en el ojo del huracán, siempre criticados por su descontrol y la poca variedad de lanzamientos, entre otras deficiencias, aunque a veces no se toman en cuenta detalles que de una forma u otra pueden perjudicar su rendimiento.
“El pitcheo tiene problemas” se ha convertido en una frase hecha, parte de un discurso reiterativo, que pese a encerrar una gran verdad, se queda solo en la superficie del gran tema, pues no solo el exceso de boletos y las escasas armas para enfrentar a la toletería nacional lastran a los hombres del box. Un año atrás hubiera utilizado como principal argumento las muy variables y reducidas zonas de strike de cada árbitro, enorme dolor de cabeza para cualquier serpentinero, pero teniendo en cuenta la mejoría en este aspecto, debo señalar otro elemento también muy perjudicial: la defensa. No se sienta sorprendido, en el último lustro ha aumentado inusitadamente el por ciento de marfiladas que cuestan carreras y por ende destruyen la labor de un pitcher, tal y como muestra la tabla adjunta. Con frecuencia, algunos aficionados se aferran al mal estado de los terrenos para de cierta forma justificar los no muy buenos averages defensivos de nuestro campeonato, pero todos los errores no son producto de las populares y molestas “piedrecitas”. Mala colocación en los batazos, fallas en cuestiones elementales de la mecánica, equivocaciones en los tiros a las bases, sin contar los cientos de deslices que no van a los números, pero igual determinan el destino de un partido. Existe la percepción de que la defensa se trabaja mucho menos que otros renglones en los entrenamientos de cualquier equipo, incluso fuera de nuestro país, pero no podemos permitir que se cree una brecha tan abismal con respecto, por ejemplo, a la ofensiva. Como mismo se prepara a los bateadores para que desarrollen el máximo de concentración en los momentos clave, con el guante también se debe disminuir el margen de error a la hora cero, cuando las marfiladas cuestan carreras y con frecuencia obligan a un lanzador a trabajar más de lo previsto. Las pifias están en el juego, ya se sabe, pero un torneo de alta categoría no puede promediar 972 en los últimos 14 años, con una tendencia al alza en el por ciento de errores que provocan anotaciones contrarias. Antes de los choques del jueves, con un partido menos que en la 50 Serie, se han cometido la misma cantidad de errores (759), para un promedio de 973, todavía insuficiente en un certamen de excelencia. Esta situación no tendrá grandes variaciones, quienes llevamos años analizando el béisbol sabemos que de la noche a la mañana no se solucionan problemas de esta índole, por ello se impone un trabajo más fuerte, con las deficiencias localizadas, desde el mismo inicio de la preparación, solo así esto puede tomar otro rumbo.
INCIDENCIA DE LA DEFENSA EN EL PITCHEO
Estadísticas: Yirsandy A. Rodríguez
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