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Génesis
de nuestra pelota La montaña del Central España
“Soy camagüeyano. Vine por dos meses para el Central España, aquí en Perico, y ya llevo en este sitio matancero más de 50 años”, expresa orgulloso mientras observa los lugares pintorescos del antiguo ingenio, donde se ha granjeado el afecto de todos los vecinos y representa la pureza del deporte revolucionario. De aspecto sincero y tranquilo, todo lo dice con acento humilde. “Fui el líder de los bateadores en la primera Serie Nacional con promedio de 367, pero lo que más me emociona al recordar los inicios del béisbol revolucionario es lo que nos contó Fidel aquel 14 de enero de 1962 sobre la importancia de acabar con el profesionalismo en Cuba. “Algunos no entendían el significado de aquello, acostumbrados a la pelota rentada, pero asumimos el gran desafío de reemplazarlos y lo hicimos alentados por Fidel.” Este hombre de conversación afable y alegre, que ríe como un escolar, tenía una fuerza prodigiosa al bate y fue uno de los más temidos peloteros de aquellas primeras contiendas. Un comentarista de la época lo apodó la Montaña del Central España. “No había mucha técnica, pero la pelota se jugaba muy fuerte, con amor y en la que todo era válido. Imagínate, por mi estatura y corpulencia me propinaron infinidad de pelotazos. El bote de la pelota era inferior al de ahora y había muy buenos lanzadores, con experiencia en otras ligas. La verdad es que pasamos mucho trabajo para jugar béisbol, las condiciones no eran las más adecuadas, pero valió la pena el sacrificio.” Entre los momentos más gratos, el gigante matancero conserva su participación en los Juegos Centroamericanos y del Caribe en Jamaica, en 1962, donde defendió el jardín izquierdo del team Cuba y no estuvo del todo bien. “Fue un torneo muy corto, de apenas cinco desafíos, y cuando comencé a levantar concluyó el campeonato”. Walters rememora sus inicios en el deporte de las bolas y los strikes y su paso por la Liga de Pedro Betancourt. Lamenta haber llegado algo tarde a las Series Nacionales, a la edad de 27 años. “Estuve en activo durante diez campañas sin incluir la Serie de los Diez Millones. Defendí el jardín izquierdo y la primera base. No era un corredor rápido de home a primera pero en el corrido de las bases me impulsaba mejor. Mi última temporada fue en 1971. Ahora bien, toda mi vida la he dedicado al béisbol pues después del retiro estuve 20 años más como entrenador de los equipos matanceros”. En su relato enaltece a su esposa Zenaida López Alfonso, con quien tuvo cuatro hijos, tres varones y una hembra. Antes de hablar le dirige una mirada de amor y agradecimiento. “A ella hay que ponerle mis medallas. Por ‘culpa’ de la pelota nunca estuve en casa al nacer nuestros hijos, cuando más falta hacía; se puede decir que los crió sola”. Gloria del deporte y buen hombre es suficiente para calificar a Edwin Walters, quien sigue viviendo con la misma sencillez que el primer día que llegó, en la flor de la juventud, al Central España. Cuando habla de pelota se entusiasma y deja ver por unos instantes el brillo y la fuerza que lo acompañaron hace medio siglo, cuando comenzó la historia del béisbol revolucionario. ¿Recuerdas tu más largo jonrón? “Se lo conecté a Gaspar El Curro Pérez, en el Palmar de Junco. La bola fue a dar muy cerca del Pío Pío, una cafetería ubicada más allá del jardín central. Cada vez que estamos juntos nos cruzamos bromas sobre ese episodio y él termina alegrándose de todos los ponches y pelotazos que me dio, y que no fueron pocos.” |
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