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ROBO DE BASES Arte… ¿en extinción? ALIET ARZOLA LIMA En el béisbol abundan los hechos inéditos. Basta con desempolvar archivos para sorprenderse con historias que llegan desde cualquier lugar del mundo, como los 50 intentos de robo de bases conseguidos consecutivamente por el estadounidense Vince Coleman con los Cardenales de San Luis entre 1988 y 1989, suceso inédito hoy en cualquier latitud, no solo por lo extraordinario, sino porque el arte de robar bases no atraviesa por un periodo de esplendor.
En Cuba, esta maniobra pasa inadvertida para muchos, aunque no se puede negar su vital importancia, sobre todo si los managers la ponen en práctica en el momento justo y con los hombres adecuados. El gran dilema radica en encontrar estos jugadores, pues, en honor a la verdad, no muchos cuentan con las habilidades para salir en pos de otra almohadilla. Por ejemplo, el año anterior solo dos hombres superaron las 20 “estafas”: el avileño Rusney Castillo (26) y el cienfueguero Yoelvis Leyva (21), bien distantes de las astronómicas cifras registradas por Juan Díaz (52 en 1968), Antonio Jiménez (49 en la VIII Serie), Wilfredo Sánchez (34 en 1970) y Víctor Mesa (34 en 1984, además de seis lideratos), sin obviar los impresionantes guarismos de Enrique Díaz, quien alcanzó ¡108 almohadillas! en dos temporadas, una de ellas con 55, actual primado. Velocidad, buen juicio, así como horas de estudio sobre las debilidades de receptores y serpentineros son algunas de las características que debe reunir un buen robador. “Cuando el lanzador esté preparado existen puntos a los cuales se debe prestar mucha atención. Los hombros, la cabeza, las rodillas, el codo y las manos le pueden anticipar al corredor cuál será su próximo movimiento”, asegura el veterano pelotero y especialista Jerry Kindall, en su libro Play the winning way (Jugando a ganar). Enrique Díaz, rey en el referido departamento con 718 estafas, sustenta la afirmación: “La rapidez no basta, es imprescindible tomar una ventaja adecuada, conocer cómo se vira cada pitcher para luego correr en el momento preciso y realizar el deslizamiento con buena técnica. Además, debemos tener claro cuándo el robo es necesario, pues una incorrecta lectura del juego puede acabar con la racha de tu equipo”. En nuestro torneo existe una tendencia a la disminución de los intentos y la efectividad (ver tabla adjunta), y en muchas ocasiones se hace mal el ejercicio completo, lo que facilita la labor de los receptores, quienes también han mejorado la potencia y colocación de los disparos. En la pasada Serie aumentaron de manera abrumadora los hombres embasados, y como es lógico se incrementaron levemente los intentos de robo, pero la dependencia en exceso del batazo para producir carreras se nota, cuestión que persiste luego en los elencos nacionales, desprovistos de esta importante arma. La filosofía de nuestro béisbol se inclina más por el poderío ofensivo que por la velocidad y el juego armónico. El robo de bases ocupa hoy un segundo plano en el “librito” de varios entrenadores, a los cuales no se les puede imponer acudir a esta táctica si no cuentan con jugadores capaces de llevarla a cabo. Caemos entonces en el mismo punto de siempre. Existen lagunas en el aprendizaje de los fundamentos del deporte desde la base, que se reflejan luego en las categorías superiores. Resulta elemental indagar en todos estos detalles, ser mucho más exigentes en el proceso de selección, enfocar el trabajo hacia estas deficiencias y de ser necesario replantearse estrategias para no prescindir del robo de bases y otras maravillas del béisbol.
Estadísticas: Yirsandy A. Rodríguez LEYENDA BR: Bases robadas |
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