|
|
|
Pitcheo: Primer strike ALIET ARZOLA LIMA No por mucho madrugar se amanece más temprano, sin embargo, parece oportuno abordar cuanto antes uno de los aspectos más preocupantes de la Serie Nacional de Béisbol: el pitcheo. No se trata de sobredimensionar el problema, sino de reconocer su existencia y qué se está haciendo por solucionarlo.
Bien fresco permanece el precedente del anterior clásico, cuando los serpentineros sufrieron como nunca un fuerte castigo, con lamentable promedio de limpias (5,25) y demasiados cuadrangulares soportados (1 449), sin olvidar la estratosférica cifra de 5 486 boletos. Con semejantes truenos resulta casi imposible que una metamorfosis sobrevenga de la noche a la mañana, máxime si tenemos en cuenta que en la presente edición de la justa beisbolera trabajan 91 serpentineros menores de 23 años, o lo que es lo mismo, hombres sin apenas armas para enfrentar el exigente nivel de la primera categoría, donde confluyen varios detalles en su contra: bateadores de poder y bola extremadamente viva, por solo citar dos. Los números no engañan. De los 56 partidos efectuados —sin incluir el de anoche entre Industriales y Santiago de Cuba— en 30 se han anotado diez carreras o más, con casi ocho boletos por pleito, guarismos nada alentadores, sobre todo porque no es perceptible una mejoría en el control. Dentro de este adverso panorama casi ninguno de los lanzadores de la escuadra nacional ha salido ileso y no es de extrañar, pues acumulan el trabajo de todo un año, con muchas entradas en sus brazos, sumado al lógico desgaste mental por la presión de tantos compromisos y al hecho de que no cuentan hoy con la misma preparación realizada por el resto. Muchos tienen la esperanza de que el advenimiento de la Mizuno 200 invertirá los roles y los pitchers tendrán mayores opciones de imponerse, hecho que de producirse sería un espejismo, pues en cualquier béisbol del mundo resulta improbable que de un día para otro te conviertas en una estrella. De cualquier forma, es imposible asegurar que con el cambio de bola y el box tres pulgadas por encima de lo habitual, nuestros lanzadores marcarán el paso del torneo, pues sus principales deficiencias trascienden estas variaciones. La inexperiencia de buena parte de ellos (68 entre novatos y hombres con solo una serie), la falta de especialización, las deficiencias en el pensamiento técnico-táctico y los constantes problemas con la ubicación de los envíos son elementos que lastran su desempeño y no se antoja fácil solucionarlo sobre la marcha del certamen, aun cuando la preparación haya sido dirigida a limarlos. Por eso resulta tan importante el trabajo desde las categorías inferiores, en las academias, cuando se debe enseñar a los muchachos cada fundamento del béisbol; lo que no se aprenda bien en esas etapas no se fija con el paso de los años. Solo así se recuperará el terreno perdido. |
|