Si hubiera nacido años después, lo más probable
es que no fuera pelotero y mucho menos lanzador. Le hubieran
dicho, como a otros: "usted es muy chiquito para ser pitcher".
Aunque me inclino a pensar que este guajiro hubiera respondido:
"¡están equivocados!".
El
monticulista ha lanzado casi 4 000 entradas en 28 años. Foto:
Ricardo López Hevia
Carlos Alberto Yanes Artiles no nació en la Isla
de la Juventud. Abrió los ojos por primera vez en Cumanayagua,
provincia de Cienfuegos, el 20 de mayo de 1965. A los nueve años
llegó a la Isla y tal parece que fue amor a primera vista: nunca
regresó a su patria chica. En Nueva Gerona se casó, tuvo hijas y
comenzó a escalar el montículo, una manía que se le quedó de tal
manera que ya lleva 28 años en lo mismo.
El pasado miércoles, Carlos Yanes sumó su
victoria número 235 en Series Nacionales y se colocó como
segundo de todos los tiempos, con una más que el zurdo matancero
Jorge Luis Valdés.
Toda una hazaña, no solo por la cantidad sino
por los obstáculos que debió franquear. Lanzando con equipos que
ocupaban los últimos lugares, en el estadio Cristóbal Labra,
hasta el otro día conocido como el paraíso de los jonrones por
sus reducidas dimensiones, en especial por el jardín derecho.
No posee una bola rápida aterradora ni una curva
pronunciada ni impresiona en el box, con 1,73 metros de
estatura. Él dirá que el secreto está en la mezcla, una bola
afuera, otra adentro, una arriba, otra abajo, una rápida, otra
más lenta. Y sobre todo, con un corazón que casi no le cabe en
el pecho, sin escoger rivales, abriendo contra el adversario que
le toque, sea cual sea.
Un entrenador me dijo una vez: "ese pide la bola
en el Guillermón, en el Sandino y en el Latino, no le tiene
miedo a nadie".
Carlos Yanes le va a decir adiós al béisbol con
muchas distinciones. El único monticulista pinero que tiró un
cero jit cero carrera frente a Villa Clara, en el Cristóbal
Labra. Líder absoluto en juegos lanzados (713), iniciados (503)
y entradas trabajadas (3 835). Nadie ha ganado más que él, a
excepción de Pedro Luis Lazo, quien cerró su paso por las Series
Nacionales con 257 triunfos.
También se llevará algunas decepciones, la
mayor, no haber integrado nunca el equipo Cuba a una Copa del
Mundo o a unos Juegos Olímpicos, teniendo sobrados méritos.
Aunque seguirá repitiendo, como afirmó en una entrevista: "me
gustaría ser recordado no por mis números ni por las veces que
no me llevaron al equipo Cuba, sino por haber sido un pelotero
sencillo, que se entregó siempre en el terreno, que nunca le
tuvo miedo a un rival ni lo expulsaron de un juego, lo más
humilde posible".