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Temas beisboleros
El error… ¿parte del juego?
SIGFREDO
BARROS sigfredo.bs@granma.cip.cu
Mucho tiempo atrás, cuando
el béisbol andaba en pañales en cuanto a la utilización de los
adelantos científicos y técnicos, los guantes de los jugadores
parecían cualquier cosa menos eso y atrapar una pelota dura
golpeada por un pedazo de madera podía ser considerada toda una
hazaña.
Una buena defensa es
indispensable para aspirar al éxito. Foto: Ricardo López Hevia
Después —no mucho después—
todo cambió: las pieles se hicieron más flexibles y permitían
confeccionar guantes de mayor tamaño, tanto que en la actualidad
algunos, en especial los de los jardineros, asemejan jabas de
las utilizadas para guardar las compras. Todo esto facilitó el
trabajo de engarzar una esférica con centro de corcho o caucho,
forrada con hilo y piel.
Si el bateo ha sido
considerado como una ciencia y el pitcheo es todo un arte, ¿cómo
calificar el fildeo? Lamentablemente no hay calificativos y peor
aún, es el área más difícil de medir con las estadísticas, muy
por debajo de la exquisitez de los números cuando de batear o
lanzar se trata.
Pero no por ello tiene menos
importancia y un reflejo de eso es nuestra presente 50 Serie
Nacional. Salta a la vista que persisten grandes deficiencias a
la hora de fildear y de tirar a las bases, reflejadas en el
pobre 970 de average colectivo, cuando en el béisbol moderno 980
es el aceptable.
Hasta el martes 14, con 104
partidos jugados, la cantidad de pifias era de 245, a un
promedio de 2,36 por cada desafío y 1,18 por equipo. A ese paso,
pudiéramos arribar al último choque de la etapa clasificatoria
(son 720 en total) con una cantidad aproximada a las 1700
marfiladas.
Hasta el momento, solo dos
conjuntos exhiben un porcentaje acorde con las exigencias de un
torneo de nivel: Ciego de Ávila y Holguín, ambos con 980. Los
demás andan por debajo, algunos demasiado por debajo como
Camagüey, con 27 errores y 947 y Granma, 20 y 959, ocho de ellas
en un solo encuentro.
Para muchos, la causa
principal de todo esto es el estado en que se encuentran los
terrenos. Esa es parte de la verdad. Cuando los errores se
cometen en tiros a las bases esa causa desaparece y aparece
otra: la falta de concentración, el no pensar en que la conexión
puede ir hacia el territorio custodiado por mi y debo de saber
con antelación a dónde tirar.
El tema da para más. No
quisiera terminar sin recordar una sentencia, a mi juicio,
conformista: el error es parte del juego. Si se trabaja duro en
el terreno día a día las deficiencias pueden reducirse, para que
la pifia no sea tanto parte del juego.
16 de diciembre de 2010
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