Veinte cuadrangulares y 114 carreras
anotadas en los ocho partidos de la jornada del martes, la
primera de la 50 Serie Nacional en la que participaron los 16
equipos. Los promedios son de 14,25 anotaciones y 2,5 jonrones
por cada juego.
De continuar ese paso, la presente
temporada pudiera superar los récords ofensivos de campañas
anteriores.
Oigo por la transmisión televisiva las
sensibles bajas de Santiago de Cuba, con Alberto Bicet
recuperándose de su intervención quirúrgica —conocida como Tommy
John, el nombre del primer lanzador al cual se le practicó— la
de Osmel Cintra; los dolores en el brazo de Yaumier Sánchez y la
sorpresiva inflamación en el codo del estelar derecho Norge Luis
Vera, quien estaba listo para lanzar en el último partido de la
XVII Copa Intercontinental.
Me entero de que Miguel Alfredo González
sufre de molestias en una rodilla y los internacionales Freddy
Asiel Álvarez, Jonder Martínez, Yadier Pedroso y Dalier Hinojosa
están completando su trabajo de preparación, después del lógico
descanso tras participar en más de un torneo internacional.
Hemos comenzado sin varios de los mejores serpentineros del
momento. Y la Serie se afecta.
Es una situación agravada por la carestía
de buenos lanzadores en muchas provincias, especialmente en el
área de relevo. Recordemos la importancia capital que tiene
colocar en el montículo brazos frescos en el último tercio del
desafío.
Hay, además, dos puertas cerradas. Una es
la exclusión momentánea de los juveniles (escribo momentánea
porque en el congresillo técnico se prometió estudiar el asunto
detenidamente). La otra es la demora en iniciar la Serie de
Desarrollo, un eslabón clave en la estructura beisbolera cubana,
porque de ahí salen los jugadores que reemplazan a lesionados y
peloteros con bajo rendimiento.
Algo hay que hacer, y pronto,
para remediar una situación que atenta contra la calidad de la
recién inaugurada justa. El buen béisbol lo es cuando existe el
adecuado balance entre ofensiva y pitcheo. Si esa paridad se
rompe, es fatal. La Serie que cierra medio siglo de béisbol
revolucionario debe de jugarse al más alto nivel.