|
Enriquito Díaz
El rey del robo de bases
ALIET ARZOLA LIMA, estudiante de Periodismo
Casi
a la velocidad de su corrido de bases, Enrique Esteban Díaz
Martínez, camarero durante 24 temporadas de Metropolitanos e
Industriales, asume una vez más su turno al bate para hablarnos
de ese casi cuarto de siglo dedicado al béisbol.
Comenzó en
el terreno del Pontón, en el municipio de Centro Habana y
transitó por toda la pirámide del deporte nacional hasta llegar
con 18 abriles al máximo evento de las bolas y los strikes en el
país.
"La Bala de
Centro Habana", como se le conoce a sus 42 años, presenta
argumentos bien sólidos que lo colocan, con justicia, entre los
intermedistas más completos del país. Durante la próxima Serie
Nacional, Enriquito debe alcanzar el liderato histórico en
carreras anotadas —en poder de Omar Linares— y subir al segundo
escaño en jits, aunque sus grandes primados son los de triples
(95) y las bases robadas (709).
¿De dónde
viene tu instinto para robar bases?
"Comencé en
los juveniles. Era un bateador con deficiencias y el otrora
jardinero central Antonio Jiménez me sugirió explotar la
velocidad en el corrido de las bases, lo que trabajé mucho para
perfeccionar la técnica, a partir de los ejemplos de Rey Vicente
Anglada y Víctor Mesa".
¿Qué
significa para ti Metropolitanos?
"Ese equipo
es la base de mi formación y le debo lo que soy, porque allí me
nutrí de los conocimientos beisboleros de grandes como Agustín
Marquetti, por eso hoy defiendo esa camiseta hasta las últimas
consecuencias y siempre trato de levantarles el ánimo a mis
compañeros, más allá de pensar en los récords".
La
constancia sin límites y el accidente del estelar camarero
industrialista Juan Padilla, hicieron que vistiera en el 2001 el
traje azul.
¿Fue
complicado reemplazar a Padilla?
"En el
deporte y la vida hay personas insustituibles y Padilla es uno
de ellos, no solo por sus cualidades como jugador extraclase,
sino también por su caballerosidad y compromiso dentro y fuera
del terreno. Solo intenté transmitir mi filosofía sobre la base
de la velocidad, toques de bola y robos, intentando crear una
conexión entre el público y los peloteros, con un juego de mucha
garra".
No obstante,
su experiencia inicial en la nave azul no fue del todo
halagüeña, pues pifió en un lance ante un Latinoamericano
repleto en el partido que decretó la eliminación de los
giraldillos a manos de Pinar del Río¼
"Lo recuerdo
como un momento muy triste. Los aficionados fueron injustos
conmigo, pero Anglada, la prensa y mis amigos me animaron y
logré reivindicarme".
El punto de
giro hacia la gloria no tardó en llegar. Un año después, en la
discusión del título frente a Villa Clara en el mismo escenario,
conectó un triple que reventó la capital.
Precisamente
en el 2003 no hubo segunda base con mejores guarismos ofensivos
y defensivos que Enriquito, y aún así fue excluido de la
selección mayor: "Coincidí en época con muchos camareros de gran
calidad y tal vez por eso solo integraba el Cuba B, pero por mi
rendimiento pude llegar alguna vez al primer equipo. Considero
que mis condiciones no fueron del todo apreciadas".
Sin
embargo, integraste el Cuba en el tope con los Orioles.
"En 1999,
esa resultó la primera vez que me puse el traje de las cuatro
letras, una experiencia inigualable, compartí con peloteros de
extraordinaria calidad y sentí la responsabilidad de representar
a mi país".
Tras media
vida en los diamantes, Enrique Díaz no se concibe fuera de ellos
y mientras pueda aportar se mantendrá como hombre proa de su
equipo, ya sea como jugador o estratega, para beneplácito de su
familia y la afición cubana.
|