Si alguien duda que el último out de un juego es el más importante puede
preguntárselo a la segunda base del equipo Habana, Ernesto Molinet. Tuvo en
sus manos un lance fácil para que su equipo se coronara campeón por primera
vez en la ya casi cincuentenaria historia de las Series Nacionales de Cuba.
Pero falló, casi increíblemente, después de asegurarse de la atrapada y de
su posición de tiro, mas olvidó la serenidad, a la hora de dar la estocada
final.
La
Habana ganaba 3-2 en el noveno capítulo del cuarto juego de la serie al
mejor de siete, con ventaja en el cotejo de tres victorias. El bateador,
Ariel Pestano, en dos strikes, sacó cómoda rolata por la intermedia y vino
el desenlace… tiro malo y quedó con vida el corredor, sustituido por Nestor
Felipe, un hombre mucho más veloz.
A partir de ese momento, Villa Clara, en una mágica resurrección, pegó
jit por intermedio de Yulexis La Rosa; luego a un bateador emergente, Dian
Toscano, novato por demás, le dieron la grandísima responsabilidad de no ser
out, pues se acababa el campeonato. Su machucón por el campo corto ingresó a
los jardines, también por una errática defensa del improvisado torpedero
Michel Rodríguez. La jugada le abrió el home a la carrera del empate,
frustrando así el tan ansiado título.
La decisión vino un inning después, en el onceno en su parte baja, pues
La Habana (dejo a 16 en bases, con 12 imparables, todos sencillos), pese a
llenar las bases, por cuarta ocasión en el juego, no anotó. Aledmis Díaz
prendió cohete al central, robó segunda y tras un lanzamiento wild del
relevista José A. García, el mentor habanero se vio obligado a pasar
intencionalmente al tercer y cuarto hombres en la alineación y cerrar el
cuadro en busca del out en home e impedir el primer triunfo de Villa Clara
en la serie por el cetro cubano de béisbol.
Fue entonces otro debutante en las temporadas nacionales, Ramón Lunar,
quien pegó jit al central para sellar la derrota de un equipo que estuvo a
un out del campeonato, o mejor a un fácil tiro a primera. De paso, Villa
Clara quebraba una adversa racha de 17 reveses en finales de temporadas y al
propio tiempo rompía también una cadena de derrotas que se extendió a nueve
en la presente campaña frente a La Habana.
A Molinet jamás se le borrará de la mente la escena de las 11:28 de la
noche del 3 de junio de 2009, como la recordará también el zurdo Yulieski
González, quien dejó en cuatro jit a sus contrarios a quienes ponchó en 12
ocasiones, antes de salir de la lomita, justamente cuando La Rosa pegó el
jit tras el lance que debió darle el campeonato a La Habana..
Lo cierto es que la finalísima no se acabó en cuatro juegos. Para bien de
los aficionados la ceremonia de premiación, que estaba casi lista, tiene que
esperar para continuar con las excelentes demostraciones del pitcheo
habanero y la combatividad de un conjunto como el de Villa Clara, que en
esta serie por el pergamino más ansiado del deporte cubano, ha fabricado
siete de las 12 carreras después de la octava entrada… y no olvidar que en
la porfía frente a Ciego de Ávila por el liderato de la zona oriental, nueve
de las 24 que anotó (es decir poco más de la tercera parte), las clavó
también tras el octavo.
En fin, todo ocurrió en una noche de emociones encontradas, con un
béisbol que tal vez la tensión le impidió que tuviera más calidad, pero que
hizo vibrar a todos los que amamos a este deporte, que como pocos, tiene
tanta riqueza que es capaz de llenar de imposibles cualquier sentencia
final.