El paso de los villaclareños es arrollador, pues resulta notable
haber perdido solo ocho juegos cuando estamos a punto de completar
los iniciales 45 desafíos. Pudieran conjugarse en este desempeño
múltiples factores —la dirección de Eduardo Martín, el ímpetu de una
nueva generación de peloteros—, además de que sobresale el promedio
de pitcheo del colectivo, 3,20, muy por debajo de los 4,88 que
exhibe la Serie como media.
Algo similar ocurre con los habanistas. Encaramados en la cima de la
región que peor ha jugado hasta el momento, el cuerpo de
serpentineros dirigido por Javier Gálvez y José Manuel Pedroso
clasifica como el más completo del béisbol cubano. Jonder, Pedroso,
Miranda, el zurdo Yulieski González y los relevistas Miguel Lahera y
José Ángel García, un sexteto al cual no se le puede batear tan
fácilmente.
No es casualidad. El pitcheo es un factor fundamental en el éxito de
un equipo de béisbol. Pudiéramos citar un tercer ejemplo, Holguín,
conjunto sin una ofensiva impresionante pero con un cuerpo de
tiradores que promedia 3,51, tercero entre los 16 elencos, liderados
por el olímpico Luis Miguel Rodríguez y el mundialista Aroldis
Chapman.
El reverso de la
medalla es Industriales. Al margen de las múltiples lesiones que lo
han convertido en un hospital, sus lanzadores son ahora los peores
de la Serie, promediando por encima de las seis carreras limpias, lo
cual obliga a su ofensiva disminuida a tratar de marcar siete
anotaciones. Imposible, y de ahí la racha de fracasos de la tropa
azul.
La muy atípica
XLVIII Serie Nacional tomará un descanso de 45 días. De la seriedad
con que se asuman el entrenamiento los jugadores que no asistirán al
Segundo Clásico dependerán las aspiraciones de todos los que ahora
están debajo en la tabla de posiciones.