¿Podrá la selección cubana pasar de la primera fase de II Clásico
Mundial de Béisbol? ¿Llegaría a remontar la segunda? ¿Estaría en
condiciones de llegar a la final, como en la edición anterior, o
hasta superar las medallas de plata del 2006?
Jamás he puesto en duda, como muchos compatriotas —colegas de
profesión o no— la calidad de nuestro béisbol. No pocas son las
pruebas que avalan el prestigio del pasatiempo nacional. Sin
embargo, y aunque solemos decir que la última palabra la tendrá el
terreno, las respuestas a esas interrogantes están sí, en el
terreno, pero no en el de los estadios del próximo Clásico, sino en
los nuestros.
Es la Serie Nacional, con todos sus peloteros y mentores, no solo
los 45 elegidos el pasado viernes, la que puede escribir cada
respuesta, si en los 23 desafíos que restan hasta el 8 de febrero,
se juega como si estuviéramos disputando el mismísimo título del
Clásico.
De
lo que se trata es de ponerle toda la intensidad a esos choques,
porque se convierten en el motor del futuro elenco para el evento
mundialista. Incluso, hasta los esquemas de preparación de cada
plantilla en el torneo doméstico pudieran dirigirse a buscar un alto
tope para estos partidos, pues luego habrá un mes de receso para
recuperarse de este demandado esfuerzo, que nos serviría tanto para
el Clásico como para las aspiraciones de cada conjunto de la Serie.
Es decir, si esta etapa de nuestro campeonato se pone en función
de la preparación de cara al Clásico, las respuestas pudieran (para
no ser absolutos) estar muy cerca del sí.
Después quedaría un mes de preparación. Pero insistimos, los 23
encuentros que faltan son decisivos, recordemos que en los torneos
centroamericanos, panamericanos u olímpicos, siempre la campaña
nacional termina hasta tres meses antes, ahora la competencia es a
30 días de detener la lid casera; lo que no hagamos en ella, es muy
difícil de obtener en cuanto a buena forma en 30 días.
Contribuiría, además, a dar menos margen a las improvisaciones.
Un calendario corto como el que se avecina, con ocho salidas como
máximo, requiere de llegar con estrategias definidas, de seguridad
en cada una de las posiciones y en los turnos al bate. Dicho de otra
forma, los suplentes han de ser la alternativa o los actores en
determinada situación táctica, no la solución. Recordemos la
experiencia de Beijing.
De manera que el saldo del clásico no solo será obra de los 28
que asistan o de los 45 preseleccionados ahora, sino de cada uno de
los 480 peloteros que participan en la fiesta deportiva más
importante del país y de los mentores de nuestras 16 escuadras.
Recordemos el artículo Para el honor, medalla de oro,
Reflexión del Jefe de la Revolución, del 24 de agosto pasado, en la
que expresó: Podemos no competir fuera del país y el mundo no se
acabaría por eso. Pienso que lo mejor es competir dentro y fuera,
enfrentarnos a todas las dificultades y hacer un uso mejor de todos
los recursos humanos y materiales disponibles.