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Temas beisboleros
No habrá récords de bateo
SIGFREDO BARROS
Enmarcado convencionalmente en la categoría de deporte con
pelota, el béisbol pudiera blasonar al mismo tiempo de ser uno de
los deportes con mayor cantidad de récords... y muchos argumentan
que no existe otro en el cual todo se pueda cuantificar.
Quizás en esta profusión de marcas radique uno de los mayores
encantos de la pelota, pues constituye un eterno tema de discusión y
comparación para la enorme legión de aficionados en todo el país. No
importa que, al final, los triunfos sean colectivos. Las
individualidades aportan siempre un elevado por ciento de atracción.
Pero los récords son cada vez más difíciles de superar. Nuestras
Series Nacionales están a solo cuatro años de cumplir medio siglo y
en ese periodo son muchas las estrellas que han desfilado por todos
los diamantes de Cuba, desde Armando Capiró y Braudilio Vinent hasta
Osmani Urrutia y Pedro Luis Lazo.
Ahora, cuando a la presente temporada beisbolera le restan 30
juegos para arribar al final de la etapa clasificatoria, y con ella
el cierre de las estadísticas oficiales valederas para los distintos
lideratos, no se vislumbra la implantación de marca alguna.
Las cotas, ciertamente, son muy altas. Un solo ejemplo bastaría:
el pasado 2006 Yulieski Gourriel empató la cifra de 92 carreras
impulsadas, en poder de otro estelar, el jardinero capitalino Javier
Méndez. La marca significa remolcar más de una carrera a través de
los 90 partidos del calendario, para lo cual no basta solamente con
ser un bateador oportuno sino también encontrar a compañeros
embasados, tener delante en la alineación a jugadores capaces de
entrar en circulación frecuentemente.
Valdría la pena recordar varios récords de bateo vigentes para
darnos cuenta de cuán difícil resultar· romperlos. El antesalista
pinero Michel Enríquez y el camarero capitalino Enrique Díaz poseen
cada uno un par de los más difíciles: 152 jits y 36 dobletes el
primero y 100 carreras anotadas y 55 bases robadas el segundo,
inalcanzables al menos por esta temporada.
Pero no hay por qué afligirnos. Para eso son los récords, para
estimular la eterna capacidad humana de superación, para hacer del
lema olímpico ¡Citius, altius, fortius!, o sea, más rápido, más
alto, más fuerte, no solo una consigna sino una meta, un acicate a
la superación constante.
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