XLVI Serie Nacional de Béisbol. Cuba, 2006-2007

Temas beisboleros

No habrá récords de bateo

SIGFREDO BARROS

Enmarcado convencionalmente en la categoría de deporte con pelota, el béisbol pudiera blasonar al mismo tiempo de ser uno de los deportes con mayor cantidad de récords... y muchos argumentan que no existe otro en el cual todo se pueda cuantificar.

Quizás en esta profusión de marcas radique uno de los mayores encantos de la pelota, pues constituye un eterno tema de discusión y comparación para la enorme legión de aficionados en todo el país. No importa que, al final, los triunfos sean colectivos. Las individualidades aportan siempre un elevado por ciento de atracción.

Pero los récords son cada vez más difíciles de superar. Nuestras Series Nacionales están a solo cuatro años de cumplir medio siglo y en ese periodo son muchas las estrellas que han desfilado por todos los diamantes de Cuba, desde Armando Capiró y Braudilio Vinent hasta Osmani Urrutia y Pedro Luis Lazo.

Ahora, cuando a la presente temporada beisbolera le restan 30 juegos para arribar al final de la etapa clasificatoria, y con ella el cierre de las estadísticas oficiales valederas para los distintos lideratos, no se vislumbra la implantación de marca alguna.

Las cotas, ciertamente, son muy altas. Un solo ejemplo bastaría: el pasado 2006 Yulieski Gourriel empató la cifra de 92 carreras impulsadas, en poder de otro estelar, el jardinero capitalino Javier Méndez. La marca significa remolcar más de una carrera a través de los 90 partidos del calendario, para lo cual no basta solamente con ser un bateador oportuno sino también encontrar a compañeros embasados, tener delante en la alineación a jugadores capaces de entrar en circulación frecuentemente.

Valdría la pena recordar varios récords de bateo vigentes para darnos cuenta de cuán difícil resultar· romperlos. El antesalista pinero Michel Enríquez y el camarero capitalino Enrique Díaz poseen cada uno un par de los más difíciles: 152 jits y 36 dobletes el primero y 100 carreras anotadas y 55 bases robadas el segundo, inalcanzables al menos por esta temporada.

Pero no hay por qué afligirnos. Para eso son los récords, para estimular la eterna capacidad humana de superación, para hacer del lema olímpico ¡Citius, altius, fortius!, o sea, más rápido, más alto, más fuerte, no solo una consigna sino una meta, un acicate a la superación constante.

 

 

 

 

 

   

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